PROLEGÓMENOS


Los prolegómenos son los minutos, pueden ser cientos, que rodean al partido, al pitido inicial, al jaleo; los prolegómenos sonando, en radios locales y teles satelitales, envueltas en la melodía del papel albal que arropa el bocata, el ruido de los tornos cuando 17añeros se afeitan para hacerse pasar por imberbes con derecho a entrada con precio infantil, los prolegómenos son las porras previas en la pizarra del bar, donde las cabezas de gamba hacen guardia y el serrín drena la cerveza derramada, son trompetas y vuvuzuelas, son peñistas colgando su pancarta en el vomitorio 42, son ante todo esa sensación, ese enjambre de ponys y unicornios que invade el estomago cuando subes el ultimo peldaño de las escaleras y ves el verde, ves a tus chavales calentando mientras la megafonía cuenta quien se queda en el banquillo y quienes lo van a intentar. Esos prolegómenos son esta mochila, y estas ganas de arrasar.

¿Viajar pa qué? zancadas de hormiga y pasitos de gigante. Sin nada de lo que huir, y con mucho a lo que acudir. Aquí va un viaje muy largo, es aventura y también cotidianeidad, haz-deshaz la mochila, dejar lo sucio y pesado, coger nuevas sonrisas y regalos, tirar calzones con agujero, buscar paracetamoles no trucados, jabón lagarto, pillar mapas y hacer cálculos, preguntar sin ansiar respuesta, vaciarse para poder llenar, el macuto, el alma. La ruta comienza en Hanói, ciudad de los 1000 lagos, y mira siempre hacia el oeste aunque se permite escorzos y retrocesos. Con el espíritu de los globbertrotters que rulaban de aquí pa allá con sus spaldings y sus virguerías, con el romanticismo de Willy-Fog cuando tiene que salvar a Romy de las salvajes tribus bengalís. Con dos normas de oro, la primera es no coger aviones, mostrar otras formas de desplazo, más curtidas, sin prisas, sin esas naves de queroseno desgravadas[1]; la segunda norma es no imponer normas, freestyle aunque duela, lo que no mata te hace mas fuerte y otros refranes sin evidencia empírica.

Un trazado por este dorsal del mapa, crónicas del que viaja al raso, por tierra, para poder ver más de lo que se mira; historias de fútbol callejero, un blog sin marcha atrás, con sus patadas, tus cristales rotos, ojála mucho más. Mostrando que lo diferente es bello, que lo extraño es cercano, que por mucho que te alejes siempre encuentras amor y odio, risas y dolor, mismo frío, parecido calor. Distrito pachanga es poco más que nada, el diario de un viaje, de intentar ponerla en la escuadra.

¿Por qué pachanga? Pensamos en hacer algo que nos permitiese mostrar el mundo, que permitiese soltar amor, que entretuviese a quienes nos siguen, y sobre todo, que nos divirtiese en la nostalgia del desertor. La mente hizo una lista de cosas queribles, vimos plaza, bancos descascarillados, vimos niños con sueños aún por romper, la carambola del balón al romper el escaparate tras mojarse en la fuente al tratar de beber. La respuesta era esto, el distrito pachanga.

Insertados en la generación que vio como Relaño convertía gritos y bengalas en prosa con crema, en la de Matías y su EstudioEstadio, de Nacho Lewin yendo al excusado mientras Michael Robinson explicaba a Cruyff en su Atocha, de Galeano a sol y sombra para entender el maracanazo, y de sentir nudo en estomago al escuchar del fin de don balón, sin embargo, nunca quisimos escribir de fútbol, siempre dio perezón, parecía algo cargante y plano, vacío de mundo, falto de sustancia. Fue hace poco que descubrimos a Manuel Jabois y que catamos “Futbolistas de izquierdas”, y entonces sí, vimos una brecha sobre la que delinquir: Fútbol de Street.

¿Que es una pachanga? Es otra tortura al diccionario en Abu-Ghraib, retorciendo su significado original[2], para acabar siendo palabra baúl, ¿que jugamos un basket 2 pa 2? “echando una pachanga”, ¿que pones el loro pa bailar en la plaza? “ahí de pachanga”, ¿que haces algo de forma relajadoespontanea cuando normalmente se hace de manera formal? “pues nah, eso, en plan pachanga”. Al final eso es esto, jugar a reír, improvisado, sin protocolo, laissez-faire, amor al arte hasta en los vertederos.

¿Qué es esto? ¿blog? ¿web? ¿diario? ¿guía? nos preguntan sin decoro, y respondemos cante jondo: “¡esto es la pachanga!”, un texto atropellado, escrito con el teclado sobre los muslos, en toalla, en venenosos pasillos de un motel en Myawaddy, donde Tailandia se convierte en Birmania, donde cada azulejo deslucido huele a geriátrico, a pis mal secado, a pelarse las manos para sacarse la vida, hedor a otros planetas, mágicos por diferentes, allí donde la pachanga surge y se reproduce. La web es, al final y desde el principio, la crónica del sabediosquepasará, es diario de camino, sí, pero no, es intentar zafarse de ese estigma yocéntrico que tiene todo blog de viaje.

Para ello distritopachanga.com, un soporte ajeno, un mango que no queme, que muestre y entretenga. La idea es mostrar mundo, pelota, y decir a nuestros padresmadres que estamos bien. Disculpas a quien se aburra. Y gracias todas a quienes nos mienten y hacen que lo disfrutan.



[1] El queroseno utilizado como alimento aeronáutico esta casi o totalmente exento de impuestos en la mayoría de los países desarrollados. Esto explica que podamos cruzar el mundo al precio de una cámara de fotos o una televisión. ¿Esto es un disparate? un día, tal vez, los costes ambientales también formen parte de la base imponible, ese día, ese día nada de esto nos importará.

[2] La pachanga es un genero musical, bailable, tropical, mix de merengue y son montuno, nacido en Cuba a fines de 50´s, con letras burlonas y granujas. El buscón del dino-RAE-saurius se atreve con "p
artido informal de fútbol o baloncesto que se juega en una sola portería o canasta".


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