sábado, 14 de noviembre de 2015

MERA CASUALIDAD


La “Pacha Mama” enfurecida, ruge el núcleo y se pelean las placas tectónicas como luchadores de sumo; y de un empujón enrabietado nació la cordillera más cercana a las nubes, así murió la alegría de tantos y tantas que cada día lanzan sus lagrimas al cielo.

La vida es una tómbola, y las casi 9000 victimas del terremoto aun no pueden comprender que injusta es la justicia.  Pero Nepal prometió no ser coincidencia.

...

Hace un año trataba, sin furia ni fortuna, de poner pie en esta tierra de budas hinduistas, sherpas opiómanos y yaks coquetos. En mi intento, el tren en el que viajaba desde Nueva Delhi, chocaba con un mercancías, dejando 40 cadáveres en la retina de mi corazón.


Finalmente llegué, cruce la frontera y decidí sanear lo feo para disfrutar lo bello.

Mi primer día en Nepal, sintiendo que volvía a nacer, cumplí 32 y dejé mi trabajo a distancia. El sufrir de mi jefe, y de Alberto aguantando mis noches en vela, loco por succionar una conexión wifi, dijeron “basta”, y deje de sufrir. Era incompatible con la pachanga y su distrito.

Lo siguiente que hice fue trotar hacia Bakthapur, pueblo milenario en el valle de Katmandú. Había oído de las maravillosas manos de los alfareros locales, capaces de crear un jarrón de la dinastía Ming aunque Patrick Swayze y Demi Moore andaran sensuales sobre el torno y el barro. Y a aprender fui.

Allí fue acogido por el maestro Mr. Sure. No cabía su alma en ningún recuerdo, así que tomé fotos, tratando de ganar espacio en la memoria de mi corazón.

Sure me dijo “pasa sin llamar” y fue el primer gran testigo de mi tesis. Obsesionado por demostrarme a mi mismo que los seres humanos somos basicamente amor, el distrito siempre quiso erosionar mitos y estereotipos, defender la alegría, y ayudar a entender que nuestra actitud, nuestra sonrisa, y nuestra falta de miedo y perjuicios, son la llave para conectar con personas de diferentes culturas.


Sure debió pensar lo mismo: “a los humanos nos une más de lo que nos separa”. Aunque seguramente se arrepintió cuando balas de arcilla comenzaron a salir despedidas de entre mis dedos para espantarse en todos los rincones de su humilde taller de escultura.

La acogida de Sure me hizo crecer, creo. Pues solo conociendo a las otras personas, nos logramos conocer a nosotros mismos. Días después retome mi viaje, con su recuerdo en mi mochila.


La mañana del 25 de abril de 2015, los 8 grados Richter de seísmo me dejaron seco. Pensé en Sure, en su mujer y su hijo. Mala vibración, al menos extraña. Y dije a mi madre: “quiero volver a Nepal como sea, tengo que saber que ha pasado con ellos”.

Un año después vuelvo a trabajar formalmente. Ya lo he contado ¿no? helicópteros, monzón, refugio, saneamiento, hospitales, camiones rodando por las laderas, y desprendimientos superlativos, donde rocas-meteorito bailan libres como canicas en una balsa. Misión Nepal: el caos, la acción, mi stress y mi salsa.

Dos meses después, un conflicto franco-hispano y mi obsesión por reducir los privilegios de los expatriados frente a los nepalís, acabaron confirmando que la ética esta guay, sobre todo si “estas despedido”.

(shock)


Libre como el viento y el verano, pliego mi tienda de campaña, y subo mis ganas sobre el primer bus chirriante en dirección a… Bhaktapur.

“Joder, que sitio”, paso a paso mi respiración se convierte en suspiro, el trago de mi garganta se atora como un salmón contracorriente. Ruinas y escombros dilapidan uno de los pueblos más hermosos y mejor preservados de Asia. La sacudida del terremoto, drástica y cruel como marido maltratador, tumbó los ladrillos, los planes, las risas y los sueños. Lo que ayer era, hoy ya no lo es.

Desciendo hacia la plaza de los alfareros y busco a Sure. No entiendo nada, ¿dónde esta la casa? Juraría que era aquí, pero aquí no hay nada…


“Ricardo, Ricardo!”, el vecino se acuerda de mi nombre, mi barba, y mi tatuaje. Es Binot, compadre del gremio, que se ríe de pena mientras explica la verdad que prefiero no creer: “Hace una semana, entre esos escombros, vi tus fotos, justo allí, cerquita de él”.

Sure andaba trabajando el 25 de abril a las 12 de la mañana. No le dio tiempo a escapar, y su cuerpo, con sus dedos de fantasía, y su corazón de pan bimbo, fueron engullidos por las piedras; esos ladrillos que un día le protegieron, ahora lo condenaban.

(pena)

El mismo día se celebra un acto de condolencia hacia las victimas. Todo el pueblo de Bakthapur en la calle, inciensos y fotos, rindiendo homenaje a sus 500 amados y amadas, que sacudidos por la tierra sacaron sus almas al cielo.


Justo hoy, justo así, aunque injusto.

Veo la foto de Sure, abrazó a su mujer, que llora de mi, con mi, y sobre mi.

Nada sucede sin razón, no creo en las pequeñas coincidencias. Aunque tal vez toda la realidad sea un gran coincidencia, esa que ríe y llora, que calla y decide, vivos o muertos, tristes o contentos.



2 comentarios:

  1. Bonito texto, Rics. Entrañable, porque habla de sentimientos que salen de las entrañas.

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  2. Rics, he vuelto a releer el texto y, mirando las fotos, he reconocido a Binod. Lo conocí en la primera visita a Bhaktapur. Nos explicó que no quedó nada de su casa y que lo que hay de nuevo sobre ella lo construyó sin ayudas gubernamentales. También nos mostró los estragos que hizo el terremoto en las viviendas cercanas. Aún sigue todo igual. Escombros y ruinas. El soplido de una hormiga bastaría para derribar lo poco que queda en pie en ese lado de la plaza de la cerámica.

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