miércoles, 20 de mayo de 2015

SAVICKS VAPORUBH

(los hechos relatados a continuación se ajustan exactamente a la realidad, la realidad del que escribe, que más que realidad es un “pa-mi-que-fue-así-pero-ya-no-lo-sé)

El tren va con retraso; retraso sobre el retraso, nada raro, nuestros rostros tranquilos, sin síntomas de preocupación, sin vuelos que perder, sin citas comprometidas que atender.

Desayunamos las ganas de desayunar, porque ni quedan latas de atún a medio abrir, ni pan mohoso que deglutir, siquiera unas galletas reblandecidas que aplastar contra el paladar suspirando por tiempos mejores.

En el vagón vamos los cuatro, Alberto, moi, y una pareja de iranís; hombres, maduros, tal vez maduritos, no sé muy bien la diferencia (¿maduritos son maduros pequeños? Entonces sí, estos no pasan del 1,70). Se sientan enfrente, hemos pasado la noche juntos, en una rave de ronquidos que todo lo sabe de after-hours, una hecatombe de tosidos y carraspeos financiada por ducados, algunos suspiros de insomnio, y el traqueteo del tren meciendo nuestros sueños de dormir la mente.

Ellos sí están nerviosos, inquietos, miran constantemente el reloj, como un padre cargando las maletas en el coche antes de salir de vacaciones para Gandía en la operación salida de agosto.

El, a todas luces, y alguna sombra, de mayor edad, es Ahmed, nombre más árabe que persa, como su perfil, de cara redonda en forma de rábano, de pelo jubilado, un rodapiés sobre las orejas le confiere un aire de Jesús Puente que nos conquista el corazón desde la salida del sol. Habla inglés con pausa y errores, es decir, mejor que nosotros. Abre el candado de la confianza y nos suelta su historia de ilusiones, como un niño sujeta un globo, como Esperanza Aguirre confía en que los policías se hayan ido de su portal después de la ducha.

Son empresarios, sí, una sociedad infalible. Ahmed es el comercial, el que representa, el que luce, el que hace los contactos, el del traje y la camisa, el de los acuerdos, el que tira y afloja, el que se revisa constantemente el nudo de la corbata y los bajos del pantaca; un tipo hecho a si mismo, de ojos sinceros, creo que me sería imposible rechazar una oferta de este hombre.

Sentado a su derecha esta Savih. De espíritu removido, ojos dispersos y un déficit atencional que para si quisieran muchos colibrís. Aparenta ser un científico loco. Las sospechas tardan pocos minutos en consagrarse. Él es el químico, el que sin pensar actúa, el que prueba diferentes pócimas, en permutaciones imposibles de elementos naturales, como polvo mineral, hierbas aromáticas y algas ultramarinas. Su look de pelos ralos, canosos y completamente rendidos a la voluntad del viento, nos recuerdan rápidamente a Einstein, you know, dios los cría, y ellos se cardan los cabellos. También pudo actuar como doble del Profesor Doc, cuando los libios trataban de arrebatarle el plutonio para regresar al futuro y preguntar a MçFly si había alguien en casa.

Nos encantan, pareja parejón. Tienen una entrevista con una gran empresa farmacéutica, que por lo visto esta interesada en su ultimo descubrimiento.

Ellos si están nerviosos por el retraso del ferrocarril. Tienen media hora para llegar a Teherán y cruzar la ciudad en taxi; una ciudad que no tiene tráfico, pues es el tráfico el que la tiene a ella. 

Ahmed esta hecho el contorsionista y ya no encuentra posición en la que calmar su agonía. Savih no, él esta relajado; sonrisa lunática, pantalón de pintor, camisa llena de pringues, y un medio afeitado más propio de nosotros dos, que de un empresario tratando de hacer business con los peces gordos del régimen.

La clave, la piedra filosofal, la razón de sus sonrisas, el pleno al quince de su quiniela, es un liquido blanquecino, rollo helado de mantecado derretido por el calor estival. Lo llevan en una botella Coca-Cola de dos litros. Extraño envoltorio para tan preciado elixir.

Ahmed ensaya con nosotros, y nos vende el coche, la moto y un kayak para el lago. Es un ungüento revolucionario, una formula secreta desarrollada a través de años y años de investigación, prueba y error, tenaces y geniales, han logrado crear un bálsamo contra todo tipo de dolor. La pomada definitiva (the ultimate pomada). ¿tienes artritis cuando va a llover? ¿dolor de cabeza para evitar el coito? ¿tienes examen mañana y no llegas? ¿el cuello machacado por vivir frente a la pantalla? ¿estas enamorado y no sabes como decírselo? ¡Da igual! Joder, no sufras más, aquí esta la solución, Ahmed habla con el entusiasmo de quien puede convertir el papel albal en oro, quien puede convertir al Pato Sosa en Francescoli.

En ese clima de éxtasis científico, nos da por preguntar al bueno de Savih por la composición del mejunje, a lo que responde con calma, flow y naturalidad “nada, bueno, una base de glicerina, algunas hierbas como eneldo, uña de gato, valeriana, zarzaparrilla y mentol…”

La cara de Ahmed es un cuadro, el Guernica, hasta le han salido cuernos al toro; nosotros Las Meninas. Todos callados, pensando que la empresa debería revisar y ajustar la política de confidencialidad de sus miembros.

Antes de despedirnos, Savih vacía media botella en mi cuello y me da un micro masaje prometiendo que nunca más tendría dolores cervicales…


Nunca supimos más, si llegaron o no a la cita, si lograron encasquetar la botella de Coke, si Savih soltó alguna perla, si Ahmed se suicido en plena reunión, si mi cuello mejoró, si la verdad es que solo sabemos que nada sabemos.


-       Cough, cough
-       ¡Uy! que tos tienes
-       ¡Pero Mama! mañana no podre ir al baile
-       Tranquila, un poco de Savick Vaporub en el pecho, en el cuello y en la espalda, y ya verás que bien
-       Te quiero mama



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