martes, 10 de marzo de 2015

REYES MAGOS

La ruta de aquel que se adentra en tierras iranís marca el sur, siempre el sur. Desde Teherán nace una autopista que enfila el mapa hacia las ciudades prometidas, de ruinas persas y mezquitas de arquitectura autóctona. Nosotros portamos una guía que hemos tomado prestada y prometemos devolver. En ella, entre mapas y aclaraciones históricas, encontramos una serie de anotaciones manuales de alguna persona que se empeñó aportar sus consejos a aquel dispuestos a escucharles. Somos expertos en fiarnos de lo desconocido. Y así, dando de lado las sugerencias de autores reconocidos dejamos en manos de unas líneas a pie de páginas nuestras andanzas por tierras persas.

El bus nos lleva hasta Esfahan pero nos bajamos en Kashan. Encontramos un aliciente que ningún otro lugar podrá aportarnos. Este lugar es reconocido como el kilómetro cero de sus Majestades los Reyes Magos, los únicos reyes que apartan sentimientos republicanos hasta al fundador de la bandera tricolor. Guiados por la estrella de Belén aquí iniciaron su peregrinación hacía un pesebre con oro, incieso y mirra. Si alguien conoce el color, olor, forma y utilidad de la mirra sin usar la wikipedia, puede enviar un mail a la dirección que encontrará al margen de esta página, le estaremos muy agradecidos.

Llegamos ya entrada la noche a una estación destartalada. En un ritual ya conocido los taxistas se abalanzan sobre nosotros como director de sucursal a un jubilado. Sin mucha certeza decidimos una dirección que nos lleva entre estrechas callejuelas y puertas de madera. Aparecemos en un lugar que simula viejo harem. Estamos en la cúspide de todo el lujo que nos podemos permitir.


Kashan es conocido por sus casas de recreo para los reyes safávidas, unos reyes muy reyes que como la mayoría de monarcas entre sus hobbies pasajeros encontraban en la construcción de casas de veraneo a costa de las arcas del estado un placer exclusivo de sus estatus. Jardines muy cuidados bordean rectangulares estanques que hacen sombra a La Alhambra sin asiáticos palos selfies. Como el lugar, rodeado de un desierto de arena blanca, es bello entre lo bello, cada nueva dinastía decidió levantar un nuevo semi-palacio, poblando el lugar de construcciones muy visitables ahora en proceso de rehabilitación. 


Ante la falta de turistas los curiosos albañiles nos dan conversación. Es un Cristiano/Messi un tanto trillado pero sirve para acercar posturas en eso que llamamos entendimiento.

Aplicamos una máxima que nos sirve de consuelo a nuestra falta de interés por edificios antiquísimos: vistos dos palacios vistos todos. Con la conciencia bien tranquila comenzamos un callejeo donde cruzarse con un ser vivo es motivo de comentario. Entre sus minúsculos recovecos oímos una pelota rodar que por estas tierras es sinónimo de ilegalidad. 

Cuatro chavales desafían a las autoridades en algo tan simple como es jugar un rondo antes de tener un bigote que afeitar. Nos unimos antes el escaso entusiasmo de los presentes quienes no parecen muy convencidos de nuestras intenciones. Es nuestro primer contacto con un balón en el país de los Ayatolás pero la escasa motivación que nos rodea obliga a continuar el paseo con la emoción de que sí, aquí también, se juegan pachangas callejeras.

Encontramos un misterio que prometemos resolver. ¿Cuál es el horario de trabajo en un bazar en Irán?. Lejos de los explotados bazares turcos, aquí los mercados locales cumplen aún con la función para la que fueron creados, son los locales y nos los turistas sus principales consumidores. Alguien nos recomendó visitarlos a primera hora, pero lo encontramos cerrado. Decidimos regresar antes de la hora del almuerzo, pero lo encontramos cerrado. Realizamos un último intento a punto de caer la tarde donde el orgullo pesa más que el sentido común, pero lo encontramos cerrado. Todas las respuestas que encontramos nos llevan en una misma dirección, está apunto de abrir o hace poco que cerró.

Sin bazar, con pseudopachanga, muchas callejuelas y muchísimos caserones veraniegos nos alejamos de Kashan con la sensación de toma de contacto, de adentrarnos en un país que promete cumplir con el tópico de los países excepcionales: cuanto más conoces, más inquietud por conocer.

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