martes, 3 de marzo de 2015

PACHANGUISISTAN


«Los estados solo administran mientras que las democracias gobiernan. 
Los estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo»
Oçalan, líder político y guerrillero del PKK

Acá en Ankara; ciudad monstruosa, llena de parques nada monstruosos, sumida en el caos de las bocinas, los cláxones y el arte y reparte de los taxistas que desafían cada curva, metiendo freno de mano para lograr el chirrido del derrape.

Tenemos refugio, casa de acogida, porqué no hay otra manera de describir la apertura de brazos de Rosa, Manolo y Vy; piscina olímpica de amor para hacer largos, cortos y medianos. Comiendo noodles vietnamitas en la capital administrativa del nuevo imperio otomano.

Enfrente, en lo alto de la colina, se divisa la nueva Moncloa del presidente Erdogan. Mil habitaciones, pomos dorados y fuentes frescas a la entrada. Habilitada para macro quedadas de Couchsurfing, el medieval y máximo representante político del país, supera con muleta y manoletinas de derecha, meses de escandalo, de dimisiones, de corrupción interna al descubierto, de oposición tranquila en el parlamento, y de tácticas represivas para rociar de cloroformo a un pueblo inconforme pero dormido, de siesta sanadora tras la toma de la plaza Taksim.

Las pelotas de goma de sus empleados en el poder militar, han dejado a l@s jefes, véase la gente, recuperándose de las heridas, mientras blogueros y blogueras nos recuerdan que no hay barrote grueso ni celda profunda que a las voces discordantes puedan silenciar.

Llega un fax. En la cima de la ciudad vieja, Hisar, los chavales se reúnen a la caída del sol, para jugar una pachanga ovalada, entre las almenas de la antigua muralla. Nosotros, fieles emisarios de la reina pelota, cargamos equipo y subimos a lo alto, para jugar una rara especie de eliminatoria. El balón se estrella contra las paredes fortificadas, y el eco resuena provocando esguinces de oído en cada disparo.

Ankara es punto de salida. Al este, Kurdistán, y más oriental aún, Persia, el destino.

Los trenes turcos atraviesan una mala época. La precoz inauguración del nuevo ferrocarril de alta velocidad, diseñado para incluir al país en la elite tecnológica de los transportes, y de paso lanzar un mensaje populista secuestrador de votos, ha derivado en averías y accidentes suficientes para ser mofa y objeto de preocupación entre la población.

Pese al drama, intuimos que el tren TransAsiático debe ser la mejor forma de poner los pies en Teherán, y embarcamos así sin miedo, con ganas locas de pasar tres días encerrados, agachando la cabeza cada vez que los niños kurdos expresan su ira lanzando piedras contra los vagones.

¿Los quién? Para un amplísimo sector de peña, hablar de kurdos es revisar papeles en sucio de Nikola Tesla, que si, que suena todo, pero se entiende nada. Sintonizamos la radio más curiosa para escuchar las noticias mejor camufladas.

Etnia zarandeada como bandera en veleta, mas de 30 millones de personas comparten corazón pero no tienen tierra. Sacrificada tras la I Guerra Mundial la propuesta de establecer un Kurdistán oficial, actualmente sus gentes andan repartidas y luchadoras entre Turquía, Irán, Iraq, Siria y, residualmente, Armenia.

Mientras los habituales medios desinformativos desdibujan su existencia, el pueblo kurdo es factor clave en el devenir de Oriente Medio,  y por ende del mundo, más necesitado de petróleo que de oxigeno.

Perseguidos y tildados de herejes en Irán; títeres de un falso régimen autónomo en el Erbil iraquí, donde retirados cargos estadounidenses compran-venden barriles Brent a precio de Cash-Converter, tras lograr embalsamar a Saddam Hussein, bajo la promesa de la libertad condicionada.

En Turquía la situación es paradójicamente ardiente. Erdogan, y sus poluciones nocturnas por liderar un imperialismo otomano 2.0, mantienen la política de acoso y derribo que niega ningún tipo de autonomía a los más de 30 millones de kurdos que habitan estas tierras que ahora cruzamos.

A 3 horas de acá, en Kobane, la tropa de ISIS defiende la ciudad de Kobane, arrebatada a los kurdos semanas atrás. EEUU bombardea con escasa precisión sus posiciones. Y Obama “Yes, We scan” ruega a Erdogan que deje pasar a los kurdos iraquís por sus fronteras, para reforzar el contraataque y sacar al estado islámico de una zona rica en recursos. Erdogan accede, y pasan, pasan kurdos, y también pasan armas a manos de ISIS, wahabitas sunís, del ala clásica, a los que Erdogan prefiere mucho antes que promocionar una posible autonomía kurda en Siria.

Pasamos pueblos inhóspitos, niños cantan su meláncolia del futuro entre camellos sin vergel, matorrales secos en tropel, como pinta el panorama, me dice el pincel.

Radicaloides abducidos y desesperados cruzan Turquía para unirse a ISIS en Siria; turcos, marroquís, palestinos, también ingleses, italianos, estadounidenses y… ¡una chica española! ¡viva nosotr@s!. En el hostal de al lado, se alojan iraquís dispuestos a morir en nombre del Pershmerga, el Ejercito kurdo de resistencia. Mientras, petróleo negociado por ISIS S.A., y supuestamente, también órganos humanos, son traficados en estas llanuras sin ley.

Por ultimo y en paralelo, circulan los productos de consumo de origen turco, con destino Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, donde Barzani, el gran líder, el que cobra 50.000 dólares por cada permiso de operación a las empresas extranjeras, pretende hacer de la zona una nueva Dubái; sostenida sobre endebles columnas de crudo, mientras las mirillas del nuevo califato asesino, apuntan desde Mosul, tan preciado objetivo.

¡pero que puto lío es esto! Sí, lo sé, para nosotros también, no sé si mi compai de vagón es terrorista, contraterrorista, o simple ciudadano en tregua con la ley. Por si acaso, y para no relajarnos, a Jalber le pican las gafas de sol en el vagón cafetería.

A la izquierda, pequeñas villas, reductos de ese bastión que fue el PKK, almas resistentes cual suela de J´hayber, que vieron como la detención de su líder Oçalan en Kenia en 1999, rebajaba sus utopías de ser libres, de hablar su idioma, de respirar su aire.

A la derecha, las zanjas donde se acumulaban los cadáveres kurdosocialistas, ante la indiferencia bruta de sus hermanos Cain&Abel, los neokurdoliberales, y de Turquía, la falsa madre de Fátima.

Es Kurdistán, son bolas de polvo atravesando el espacio y parando el tiempo. Es el viejo oeste otomano, es “joder, me has pedido la hora, y me has cortado la mano”.

La oficina de inmigración es un caos, refugiados y comerciantes agolpados contra ventanillas indiferentes. Hemos entregado nuestros pasaportes al anciano del anuncio de caramelos Wherter´s, y solventamos la locura descubriendo una mesa de ping-pong en el sótano. Actitud, fácil.

Suena Mocedades en mis auriculares, el cha-ca-chá del tren, que nos sube en un barco para cruzar el lago Van, para pasar controles y fronteras, frío, hielo, y no dormir, sarro acumulado, sospechas, territorio sitiado, y nosotros con ganas de comprobar si es cierta la leyenda…

La que dice que en Irán no lograremos jugar ni una sola pachanga…


(continuará, y se jugará)


1 comentario:

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