lunes, 16 de febrero de 2015

ORIGEN

Muchas personas nos han preguntado, en el camino y desde la distancia, “¿y vosotros de qué os conocéis?”, mientras otras tienen vergüenza de testar si somos pareja de hecho. Es verdad, para surcar el mundo mano a mano, Jalber y un servidor necesitamos tener muy claro lo que ayer nos juntó, para seguir apreciando lo que hoy nos une.

He hoy aquí el nacimiento de una historia de amor, el cruce de dos ríos, la fuente donde brota el Ebro y un pillo, el mano a mano con un gran segoviano, los pitis en el busto de Cándido y su cochinillo.

Era julio de 2004
…y ocho tipos marchábamos de interrail. 16 días para llegar desde Gerona hasta Estambul. Una pelota roja y abombada nos acompaña en cada parada poco técnica. La bautizamos “Baldasano”, en honor al frustrado aspirante a presidente del Madrid. Su programa y sus pre-fichajes daban pena, y a Florentino le daba la risa; faltaban 10 años aún para que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid pusiera freno a su perenne pelotazo urbanístico.

Tocamos Estambul, y paletos nosotros, manteníamos raras asociaciones y prejuicios entre el velo, la barba, Atocha y las Torres Gemelas. Junto a Cervera, Candelas, Mendoza, Capitán, Roca y Díaz, disfrutamos de todo lo bello que ese Estambul nos regalaba, con Del bosque y Juanfran recién llegados al Besiktas.

Entre rondo y rondo, escuchamos de la existencia de Eyüp, el barrio islamista, cuna de mártires, brasas y cenizas en el extra radio de la capital otomana. No muy recomendado para turistas; Alberto y yo, porqué sí, o ¿por qué no?,  hicimos caso omiso de los temores grupales, y nos fuimos solos a recorrer sus calles.

Allá encontramos belleza y armonía, hombros unidos para la vida en comunidad. Fotos de adolescentes inmolados, pancartas clamando justicia, epopeyas de un Allah todo poderoso y misericordioso. Ambiente caliente, sí, pero más que peligro es acogida.

En pocas horas aprendemos que el islam no significa terror, que hay miles de bellas mariposas tras las telarañas con las que la CNN y BBC tratan de desdibujarnos la realidad. Sentados frente al Bósforo, solos los dos, nuestra común visión de un mundo por descubrir, y nuestros intereses cómplices, se declaran amor eterno.

Era julio de 2005

“riiiing riiing” (suena mi móvil ladrillo)

-       “Oye, a ver, a ti que te gusta eso, han sacado unas plazas en Juvemanía para irse de voluntario a Turquía”, escucho a mi madre a través del teléfono
-       “Ufff, joder, joder, que bueno, ¿y de que es el proyecto? ¿Estoy en plazo?”, replico excitado
-       “Es un campo de trabajo en Sapanca, para dar clases en una zona afectada por el terremoto de hace 2 años; el plazo acaba mañana y solo quedan dos plazas…”

(piiii piiii…)

-       “¡Trons! Va, rápido, tenemos dos plazas para currar en la zona rural de Turquía, de profes de inglés, de profes de todo, ¿nos vamos?” mi voz, lanzada desde una cabina roja londinense, enfrente del Café Nero de Oxford Street, busca respuestas.
-       “Joer, ¿qué dices? ¿así de repente? Mmm… va , va, esta noche te mando el formulario y el DNI escaneado” desde Bristol, donde Alberto trata de vender calzado deportivo en un centro comercial, se activa el motor.

Milagros mediante, tras confundirnos repetidamente de metro, de tren y de resaca, alcanzamos a subir en ese Airbus de Bristish Airlines, que nos soltaría en Asia, con más ganas que conocimiento.

Las semanas en esa Turquía, profunda y rural, puertourraca, árida y superviviente, nos hacen crecer a marchas forzadas. De esos niños y niñas captamos la importancia de la mezcla, de transportar ideas y valores entre culturas, de saborear las risas ajenas, y de ser conscientes de que todo esta por aprender, pues cuanto más sabe uno, más se percata de lo que falta por conocer.

Juegos sin reglas y semanas sin fin. Empalmamos Turquía, fundimos esos ahorros británicos que tanto doblar la espalda nos habían exigido, y saltamos hacia India.

Ayudados por un empréstito del gran Jali, chupamos la miseria con nuestras lenguas, y comprendemos las llagas que provoca el no tener zapatos, las diarreas y mareos de vivir en agua sucia, el sabor de tragar moscas, la crueldad de un mundo donde sigue habiendo tantas bocas sin comida, y tanta comida sin bocas.

De ese verano, ese hostiazo en la cara, surge todo; de Baldasano, de Eyüp, de mi heroína bella, véase mi madre, de Sapanca, de Jali, de un niño con elefantiasis arrastrando sus pies deformados por el andén del tren en Benarés; de ellos y sobre todo de ellas, surge nuestra vocación, nuestra cooperancia, y finalmente, ahora, nuestro/vuestro DistritoPachanga, el viaje.

El nuevo paso para aprender, para reconfirmar nuestra ignorancia, y el ansía desesperada del alma de la gente, luchando contra los estereotipos, la comodidad y el miedo mediatizado, para demostrar su humanidad, sus ganas de sobrevivir, y en ocasiones, de jugar al fútbol como si no hubiera un mañana.

Es ahora

…y volvemos a Sapanca, buscando beber del termo de la memoria, de recordar quienes éramos, para seguir ignorando el quienes somos.

¿encontraremos a esos niños y niñas que tanto nos dieron? ¿podremos devolvérselo? ¿Por qué a veces la gente dice “eso es un poco como todo”? preguntas difíciles de responder, al menos, hasta el siguiente post…




1 comentario:

  1. ¡Qué bonita entrada! El viaje iniciático...¡Abrazos viajeros!

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