viernes, 27 de febrero de 2015

FOCA MONJE

Nos despedimos con un hasta luego del ya eterno Carlitos, y enfilamos en mini bus rumbo a Foça, pequeña ciudad de la que Heródoto afirmó: ¨Han construido la ciudad bajo el cielo más hermoso que conoce la humanidad¨. 

No nos resistimos a su llamada de sirena de Homero, literal. Homero era natural de Izmir, a unos 70 km al sur de Foça, y ensimismado ante su belleza se decidió por incluir la ciudad en la ruta de Ulises, allá donde las sirenas tentan con sus seductores cánticos a la sufridora tripulación, en su poema épico La Odisea.

Todo suena a leyenda por esta tierra. Preguntando por el lugar para divisar la foca monje que otorga nombre al lugar, nos señalan un lugar y luego otro tras esbozar una maliciosa sonrisa que aceptamos como rasgo de identidad de la zona. Es mera pose. Aquí nadie ha visto a una foca aunque se empeñen en camuflarlo. Los carteles que anuncian tours para avistarlas apestan a photoshop. Nos conformamos con degustar el aroma a pueblo de pescadores, de mar, de puerto y muelle.

Compramos nuestro enésimo balón, y con el buscamos una escuela que nos señalan como pachanga potencial: al agua. Sin darnos por vencidos nos disfrazamos de Holmes y Watson e indagamos con insistencia un lugar donde dar estreno a nuestro resplandeciente esférico. 

Izquierda y derecha, calle arriba, cuesta abajo. Homero escogió el lugar por unos encantos entre los que no se encuentra el arte del balón pié. Pedimos cita en un campo y nos post ponen hasta mañana, y mañana nos dicen que pasado. 


Hastiados ante una demora que se antoja eterna usamos un parque infantil como terreno de juego para, entre dos bancos paralelos, limpiar síndromes de abstinencia forzando un uno contra uno. Pachanga E.G.B.


Y con él caminamos, hacía donde vayamos yendo y nos vaya llevando.

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