domingo, 22 de febrero de 2015

ESTO ES UNA RUINA


Ephesus no iba aquí, ya pasó, pero se nos pasó, y aquí lo contamos, en un salto atrás que nos sirve para coger carrerilla.

Nos aproximamos a una ruinas que presumen de ser las mejor conservadas, desde las que más cerca se puede percibir lo que era, en lo que consistía, la vida en la época romana. Carlitos y sus historias siguen con nosotros, tan frescas aún, que escucharlas tres veces por semana se convierte en arte, para descubrir nuevos detalles a disfrutar, tan atónitos como admirados.

Carlitos es un GRANDE, con las mayúsculas que merece.


Para alojarnos escogemos un lugar llamado "Atila", más por el nombre que por las recomendaciones. No nos equivocamos. El lugar nos plantea una serie de atracciones lúdico festivas que se transforma en nuestro Port Aventura particular. La mesa de ping-pong nos atrae como imán a nevera. Estamos atrapados en un bucle de revancha continua que amenaza con posponer nuestra visita a las ruinas hasta que el PSOE recupere la credibilidad.

Dos días después, presos de unos muros de atracciones en los que las tandas de penalties suceden al perpetuo tenis de mesa, nos decidimos a visitar la ciudad milenaria en la que Carlitos y su muleta nos sirven de pase VIP, y nuestra rosa bola de billete a comisaria.

¿Te imaginas jugar una pachanga entre ruinas de dos mil años de historia? Los guardas de seguridad del recinto tampoco.


Paseamos entre baldosas y columnas de otra época, aquella en la que no existían balones ni pachangas, y en un juego de adaptación del entorno a estos tiempos modernos, dejamos rodar la pelota ante el asombro de despistados asiáticos y serios nórdicos. Estamos solo calentando.

Ante las gradas del gloriosos anfiteatro, con capacidad para 24,500 paisanos, nos sentimos en el estadio que nunca pisamos, ante el público que nunca pagó por vernos, comenzando una danza con el esférico que, lejos de unos añorados aplausos, es recibida con estupefacción por los allí presentes.

Ricardo tiene la toma en la cabeza y no conseguimos retenerle, sueña con golpear a modo de volea desde la última fila del antiquísimo anfiteatro y alcanzar el escenario como Tiger Woods el green. Se suponía un desastre y un desastre es. La pelota cobra vida rebotando a modo pin-ball por las gradas patrimonio de la humanidad. UNESCO coloca nuestras fotos bajo la denominación non-gratos.


En Ephesus todo es historia, todo es ruina, todo pertenece a un pasado con el que logras identificarte. Caminar por el mercado, visitar las poco íntimas letrinas públicas, o descifrar las flechas que te guían al lugar más transitado de la época, el prostíbulo, donde se intercambiaban flujos y confidencias.

Lugares que no cambian aún 2000 años que pasen.


La casa de citas se sitúa frente a la imponente biblioteca de Celsus, de fachada deslumbrante y pobreza de estanterías. No es oro todo lo que aquí reluce. En un esfuerzo por hacer sombra a las dos grandes bibliotecas de la época, Alejandría y Pérgamo, la biblioteca de Celsus fue construida para fascinar en su exterior, y deslumbra, dejando la riqueza de sus libros como mero complemento.

Nos bastan dos miradas para decidir que este el mejor de los lugares para jugar nuestro particular rondo.

Ocurre, en muchas ocasiones, que al realizar actos surrealistas en lugares donde seguramente nadie anteriormente se atrevió, provocamos una reacción de incredulidad entre los asistentes ante la que nadie alcanza a emitir una protesta o desaprobación. La estampa es histriónica; tres adolescentes entrados en años y un balón rosa deambulando por los arcos, columnas y escalinatas, de la fachada de la biblioteca mejor conservada de la historia clásica. No cabe duda, somos españoles, y nuestros actos son los propios de un país picaresco, que hizo del delito un género literario.

En una suerte de karma, de acción-reacción, de imprudencias y faltas, nos roban nuestra bola fucsia. No queda nadie por acá. Concluimos la visita a pie pero sin balón, mientras cae la noche y finalmente los guardas de seguridad se acercan para invitarnos a salir, que no echarnos, mientras aprovechamos su rudimentario inglés para regatear el camino más breve y concluir la visita a modo de tour guiado, en una oscuridad que deja intuir la grandeza del lugar y la fortuna del que lo visita.

Los alrededores de Ephesus son un paseo de las estrellas de la cristiandad, un hollywood católico, por aquí encuentras la casa donde se dice vivió la mismísima Virgen María, el lugar donde San Pablo se dispuso a escribir algunas de sus epístolas, o donde murió Juan el Apóstol, ¨el loco seguidor de Jesús¨.

No es Jerusalén, pero estos lares rezuman a tierra santa. No es Old Trafford, pero sí nuestro "Anfiteatro de los Sueños".


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