lunes, 12 de enero de 2015

LOS 5 DEL TWINGO


Va, va, estamos en ruta; con el influjo de lujo de Zvonimir Boban en nuestra lonchera de halagos inmerecidos, hacemos los macutos y miramos hacia abajo, al sur croata, la región de Dalmacia, donde los italianos, hasta no hace mucho, decidían quien bebía vino y quién no, subidos a bordo de carruajes escoltados por esos canes manchados que tanto quiere Cruella de Vil, para subir sus fotos a Instagram #abrigosdepiel.

Los trotamúsicos eran cuatro, y la verdad, tenían problemas logísticos, aparte de poca gracia. Nosotros somos cinco, con ocho mochilas, un "no-me-mires-que-me-rompo" paraguas decorativo de China, varias bolsas plásticas de comida, y bolsas de tela que nadie sabe de quién son ni qué contienen, pero que siempre están ahí; y cómo no, un abombado, pero no por ello menos bello, balón.

Enfrente, un Renault Twingo, homologado para cuatro plazas, que se arrodilla y nos pide clemencia como Anthony Quinn en “Los Cañones de Navarone”. Su hijo, Lorenzo, escultor y asiduo del poco técnico jurado del programa “¿Qué apostamos?”, contempla la escena junto a Ramón García y Anita PhD Obregón; ¿lo conseguiremos?

-       “Es cuestión de voluntad”

...Se escucha desde el holgado asiento delantero, mientras algún pasajero en mitad del banco trasero, hace montaña de cojines para evitar ser sodomizado por el broche de los cinturones, elevándole lo suficiente para incrustarse en el techo, y crujirse lateralmente el cuello, reteniéndole de posibles desplazamientos encaso de choque, mientras viaja como un violinista sin violín.

¿Todo esto para qué? Para empezar el post, para decir que sí, que acabamos en la ducha con Anita y la lluvia de falsos billetes del Monopoly; Silvia Suker, anfitriona, matriarca y mártir, mete la marcha y salimos como un cohete hacia el parque natural de Plitvice.

Hablando de billetes falsos, la EXPO de Zaragoza era sobre el agua, y el agua es sobre Plitvice; todo cascadas, lagos, riachuelos, remansos y remolinos. Entre el follaje y la folha seca de las cataratas, sentimos la escondida presencia de osos pardos, águilas, lobos y urogallos, y entendemos porqué los oriundos creen que Plitvice es “La Cantabria croata” (no lo dicen, pero lo piensan).

Un espectáculo sin igual, cierras los ojos y rema la mente, chapoteando el vergel, lamentamos haber dejado la bola en el coche, porqué esto apesta a waterpolo del bueno.

Tras desplegar el arte de la navaja multiusos, para bocadillear y derramar lagrimas sobre las viandas que los visitantes nos han traído desde Españistan, y con la ropa lo suficientemente empapada como para dejar de reírnos, intuimos que el día nos tiene guardadas sorpresas como para sacar a Isabel Gemio de su ostracismo laboral.

La valla de salida del parque esta cerrada; no tenemos ticket, y no recordamos si lo hemos perdido o es que nunca lo compramos; se hace de noche y no estamos para cuentos, o si, pero no nos sabemos ninguno; hacer una maniobra para regresar al parking implica el riesgo de volcar en esa encañada que nos mira y se frota las manos con sus guijarros.

Planteamos esperar a que venga un coche, que meta el ticket y salir pegados, chupando matricula, y rezando a San Boban para que salga bien. Dicho y hecho, la amiga Davor Fittipaldi, espera atenta, sigilosa, como madre leona de caza; ve llegar un BMW propicio para la gesta…

...Sube barra, carga freno de mano, ruge motor, suelta palanca y salimos disparados como Michael J. Fox hacia el futuro… vemos la valla bajando en éxtasis, su sombra provoca un eclipse en nuestra luna frontal, en nuestro temor visceral, y se oye nuestro “jjjjjjjjooooddddeerrrrrr!!!!” en los valles de Moldavia, “aaaahhhhhhostiiiiiiiii noooooo siiiiiii noloséeeeee”…

(silencio)

…las risas nerviosas de resurrección nos confirman que hemos pasado, que nuestra conductora tiene poderío, habilidad y la cordura de Boko Haram.

(tras carretera cortada sin explicación, y 4 horas de asiento modo violinista…)

Esto es Zadar, llamada Zara hasta la II Guerra mundial, cuando Amancio Ortega pidió a Joseph Tito la patente del nombre, y el mariscal partisano, que estaba cansado de sus trajes color marfil, pensó que sería bueno estrechar lazos.

Puerto, sol, risas, maravilla, melanina, nos embarcamos hacia esas islas de fama mundial, pero escorzo mediante, evitamos masas turistas y tiramos de Twingo para bañarnos en la cotangente, donde no hay más nada que sal y transparencia. 

Albertín et moi llevamos tanto tiempo sin catar el agua salada, que nos creemos en el Mar Muerto. Nos exfoliamos con la brisa y descubrimos que era mentira, que nunca estuvimos morenos...

...Vueltos a Zadar, descubrimos el Twingo revuelto como congreso taiwanés, ¿habrán querido robarnos? No, no es eso, es la pelota, que ha sufrido un ataque, ella dice epiléptico, nosotros decimos que tenia “papitis”, y la sacamos a pasear, aunque luego se queja de que la pateamos.

Sobre el llamado “saludo al sol” jugamos una pachanga renovable, con placas solares como áreas. Se junta la gente, la chavalería y también un par de ancianas, maravilloso, pese a las segadas de las células fotovoltaicas.

El puerto de Zadar es el mar haciendo el amor con las rocas, es armonía, es furia y es calma.

Junto al órgano del mar, donde las moléculas de hidrógeno sueltan pentagramas al aire en cada ola, saltamos de todas las formas y colores, tratando de emular a José Ceballos en el arte de la palomita.

La realidad mola menos pero pesa más que la fantasía; los ciclos vitales, mientras unos se lanzan a la nada, otros contemplan la bajada del sol, y otros, perdón, otro, deja que el crepúsculo camufle su miedo a tirarse de cabeza, con más miedos que certezas.

Esto es Croacia, esto es distrito pachanga, esto es un ¿cómo acabará si así empieza?



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