domingo, 28 de diciembre de 2014

TRÍPTICO LETÓN

1 Llego a Riga con un saco de ideas, las vuelco sobre la cama, y trazo planes sobre un mapa, “si voy mañana aquí, entonces luego allá, y…” y salgo  del bus orientando mi quilla hacia el sol de la mañana. Escojo el hostal más barato de la ciudad, 6 euros, acción reacción, tranvía al extrarradio donde la barriada muestra el devenir alcohólico de Letonia.

Parques de bancos rotos, entre asentamientos de bandas clásicas, el obeso con la birra, el flacucho con el mono, la sesentona con el vodka, la joven con el bebé a rastas, todo gritos y empujones sin fuerza, es el boogie-boogie más yonky que jamás vi. Contemplo y huyo. Me inserto en el mercado local, un antiguo hangar de zepelines, con la magia que rodea a esa palabra.

Estoy lo suficientemente lejos del centro de la ciudad como para…

2 ...para ir hasta allá y que me pillé una tormenta; se inunda Riga, se disuelven a cántaros mis emociones; me refugio en otro tranvía, este por suerte, esta atestado de kinkis, dedicados exclusivamente a insultar y tirar cascaras de pipa al resto de pasajeros.

Yo soy extranjero, víctima perfecta del kie, escucho de cerca sus “fucking asshole, bullshit, fuck off!” -subnormal, apestado, que te follen- y otras perlas del oído afinado. A la segunda pipa que orbita mi cabeza, me levanto, y eso les encanta; un guiri enfrentado, pelea fina, se animan, me retan, dudo y aún no sudo. “¿Paso del tema aunque me toque tantísimo los cullons su falta de respeto a la peña?” o “¿me hago el Quijote y les digo que o paran o les crujo, con las altas opciones de ser yo el crujido”?

Suelto un “no more, not even a fucking laugh!” -basta, ni una rísita más-, que no se de dónde ha salido, ni cuando lo he aprendido, ni siquiera si esta bien dicho, tanto gramatical como éticamente. Se levantan, pienso en las clases de boxeo a las que nunca quise ir, y me tiran un conglomerado de pipas chupadas y escupitajos que no se pueden chupar, mientras saltan en marcha del tranvía.

"Ufff, que bien, les he amedrentado", con secarme su saliva bastara (asco).

3 No hay cómo ni por dónde en este país con el mayor nivel de desigualdad de Europa (¿y el segundo quien es? ¡Adivina, Pujalte, adivina!”), con el mayor índice de alcoholismo del continente y un turismo aparentemente diseñado para grupos imserseros, afanados en fotografiar las vidrieras de sus catedrales.

Es bella, seguro, pero a mi me salió rana, incomoda, cabrona y maleducada. Me gusta el barro, cuando me lo tiro yo mismo.

Conozco a un donut, muy maja, me cuenta como es la vida bajo una capa de azúcar glasé, y cuanto le gustaría venirse de viaje con el distrito, pero tiene problemas para conseguir billetes y pasar aduanas, un tema de diabetes, creo.

La pregunto como escapar del país, se emociona, supongo que por ser el país del mundo con mayor proporción de feminas del mundo –un 8% más mujeres que hombres- me da su Facebook, lleno de sirope, y mientras me limpio las manos en la miga de su bollo, pienso “aguanta Lituania, ya mismo a tu vera”.




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