lunes, 22 de diciembre de 2014

TRANSIBERIANO


En casi cualquier billete de casi cualquier medio de transporte, tras su adquisición, se presta atención tanto a la hora de salida como a la de llegada y en un cálculo de extrema simpleza se obtienen la duración estimada del trayecto. El Transiberiano nunca fue un tren común ni mucho menos simple. Más de un siglo enlazando el oriente más lejano con la Europa más soviética. Ocho usos horarios son atravesados a lo largo de 9259 Km. de vía construida por convictos en un trayecto que alcanza la semana. Compramos el ticket de su versión más light, en lo que coloquialmente llaman Transmongoliano y tomamos posición en uno de sus compartimentos de 3 metros cuadrados para degustar los próximos cinco días a ritmo de locomotora.

¿Cómo sobrevivir 117 horas en un habitáculo tamaño trastero y no morir en el intento? Nos atrevemos a elaborar una lista de desconsejos de intrascendente utilidad:

- Gimnasio: las instalaciones, aparentemente, no incitan al ejercicio físico. La imaginación de cada uno puede transformar los enganches de las cortinas en una barra de dominadas, el reducido espacio entre ambas literas una tabla de abdominales y los tambaleantes pasillos una recta para el hectómetro. Completando un simulacro de actividad física del que seguramente salga lesionado.

- Comida restaurante vs. comida pre-comprada: a la hora de organizar tus obligados avituallamientos puedes escoger entre dos opciones con sus pros y contras bien marcados. Si optas por acudir al restaurante prepara tu fajo de rublos y observa como va disminuyendo. El menú es escaso y los precios abusivos. Bienvenido al paraíso del monopolio en formato ferroviario. Si por el contrario decides llenar el equipaje con productos con los que alimentarte, ten en cuenta que el arroz en tupperware, sin el refrigerio pertinente, al segundo día se pone rancio y su ingesta en un continuo movimiento resulta, cuanto menos, arriesgada. Las latas de conservas, una vez abiertas deben terminarse, no conviene guardar los recipientes olorosos en espacios diminutos sin opción a la ventilación, por su bien y el de sus acompañantes.

- Cine forum: invita a tus recién conocidos colegas de trayecto a disfrutar con las maravillas del séptimo arte, procurando que dispones de la película prometida en un idioma que todos ellos reconozcan. En caso contrario, despídete de tus ya no amigos hasta próximas sesiones.

- Lecturas escogidas: procura cargar tu book, o mochila con libros de papel para los más románticos, de aquellos títulos que guarden relación con el lugar donde te encuentras. Avistar la estepa Siberiana saboreando "Pasión India" crea una disfunción con la realidad complicada de re encajar.

- Zona de fumadores: la arbitrariedad de las paradas rompen la dinámica diaria de pitillos, obligando a la intoxicación cuando llega la oportunidad y a luchar con el mono las largas horas intermedias. Existe un espacio secreto para el fumador, en el último hueco del último vagón, donde los pseudoyonkis pueden organizar sus adicciones según su grado de dependencia y no los caprichos del recorrido.

- Aseo básico: cinco días encerrado, sin la mínima salubridad requerida, pueden hacerte sentir en soledad a pesar de estar continuamente acompañado. Explota tu ingenio higiénico y transforma un soso grifo en una ducha hidromasaje. Basta con aplicar "la técnica del gato" para comenzar el día con sensación spa, sin espíritu enmohecido.  

- Disfruta del entorno: descorre la cortina, abre bien tus párpados, desempolva el objetivo de tu cámara y prepárate para 120 horas de impresionantes paisajes, como el lago Baikal, o las laderas de Novorsibirsk. Posiblemente, al menos que seas fan de películas vietnamitas, al rato estarás dando cabezadas, o dándote cabezazos contra el cristal

Ojea aquello que, por la cerrada herméticamente ventana, vaya apareciendo; midiendo los períodos justos que te permitan comentar "qué lindo aquello, qué precioso esto otro". Si contar ovejas para conciliar el sueño es mera leyenda urbana, contar árboles para ver correr el tiempo es un síntoma de esquizofrenia ferroviaria, cuanto menos, preocupante.

- Nuevas compañías: recién conocidos en un espacio sin salida por un largo periodo de tiempo puede ser un peligroso arma de doble filo. La persona emisora peligra en mudar a cargante. La curiosa en entrometida. La tímida en coñazo. La poco comunicativa en interesante. Nadie desciende del tren con la imagen que desprendía en el primer saludo.



Nosotros nos apeamos con una nueva familia y un avance en distrito mayor que los kilómetros recorridos. Los que nos alejaron de nuestra amada nueva Asia, para adentrarnos en la no tan familiar vieja Europa.

                         


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejanos saber qué gusta-disgusta, qué cambiar-mantener. Gracias.