jueves, 4 de diciembre de 2014

SUMMER CUP


El tren que viaja desde Lasha hasta Beijing es un desafío a los límites de la ingeniería. Se consideró un imposible trazar una red ferroviaria por encima de los 5000m de altitud en parte de su trayecto. Pero los chinos, obstinados en mostrar al mundo su asombroso desarrollo económico (y de paso, tener más a mano los apetecibles recursos naturales del Tíbet, ese país hecho provincia), se lanzaron pico y pala a la construcción de la semi aeronave. En 44 horas apareces en Beijing, con cuerpo acordeón, axilas arma destrucción masiva y una sensación síndrome de Estocolmo que por poco me compro otro billete de vuelta según llego a la estación.


Noto que algo ha cambiado en mi idilio con el ferrocarril. Siento que después de experimentar los chutes de oxígeno extra recostado en el asiento toqué el cielo de los trayectos ferroviarios. El AVE me suena a convoy del lejano oeste comparado con las innovaciones del sol naciente.

En el corre-corre que son las planificaciones burocráticas en países ajenos, el metro (por cierto, en China existe un trabajo exclusivo para empujar a los usuarios y lograr que las puertas del vagón se cierren enlatando a los impertérritos viajeros) que apañamos no nos lleva a hostal ni a casa de familiar o amigo, va directo a la embajada rusa en busca de un nuevo visado que a la larga resulta más imposible que improbable. 


Nuestro cuerpo reclama algo que no distinguimos a interpretar. Si es exceso de descanso, nos confunden las 44 horas de inmovilidad, si es actividad, nos pierde el entumecimiento de los hombros ante el insistente roce del macuto al caminar. Decidimos darle algo de comer, y ver si así terminan las súplicas y suplicios. Y es en una cafetería donde nos recoge Jesús Gamiz aka Bukako (en una aparición casi bíblica, amigo del amigo de un amigo, y ahora también amigo), para llevar lo que queda de nosotros a su apartamento que sabe a hogar.


Cinco partidas de playstation después estamos alquilando bici camino de Tiananmen, donde un retrato tamaño A1 de Mao da la bienvenida a quien dude de si China es una democracia.

En la plaza se respira historia, la del 89, cuando fue tomada por unos estudiantes, sin más armas que la dignidad, haciendo frente a tanques, porras y lecheras (1).  Hartos, como antes en el 68 o después en el 15M. Distintos lugares, culturas, épocas y actores. Indignados salen a las plazas, las invaden y protestan. Los de arriba tienen miedo, intuyen su poder tambalear y a falta de razones sacan puño y porra para disolverlos. Y aunque casi todos, desde dentro y desde fuera,  parecen concordar con la causa, pasan los años viendo como quedan relegadas al listado de intento baldíos por un mundo un poco mejor, manteniendo espíritus y sueños que chocan de plano con la dura actualidad.

Las medidas de seguridad no son tan extremas como el 25 aniversario del intento revolucionario podía presagiar, y nos convertimos en parte del mobiliario turístico del entorno, posando ante las cámaras de lugareños que gustan de foto con los barbudos extranjeros. La tarde hace un rato que se convirtió en noche, y las puertas de la Ciudad Prohibida hacen gala de su nombre negándonos la entrada hasta próxima apertura.

Jesús nos acoge en su equipo para la prometida Summer Cup, en la que se presenta como primera pachanga arbitrada de nuestro amado distrito. Compramos nuevos atuendos, zapatillas de imitación con menor transpiración que el traje de Pedro Duque. Mis pies preguntan un por qué que no alcanzo a responder. Solo falta media hora para el debut y un par de truenos se carcajean en la lejanía, se han aliado con la lluvia para remojar nuestras fantasías. Las primeras gotas nos hacen sentir más vivos, crecidos ante las adversidades. Las segundas hacen que los equipos se vayan dispersando mientras negocian las nuevas fechas para disputar los ya suspendidos partidos. Las terceras nos hacen regresar en silencio, de vuelta al recién encontrado hogar, empapado el uniforme y ahogado el breve sueño.

Con la desazón de las ilusiones rotas luchamos de nuevo visita a la Ciudad Prohibida, quien hoy sí me acoge entre sus jardines de cuidadas flores, árboles en miniatura sobre labradas macetas; no existe elemento al azar, todos sus rincones, construidos sobre labrada madera,  forman parte de símbolos rituales. Toda una ciudad resguardada por unas breves murallas que dejan entrever escalonados tejados donde los plebeyos nunca fueron bienvenidos.


Cultura milenara. Gobernada por imperiales dinastías monofonémicas - Xin, Han, Sui, Tang, Song, Yuan, Ming, Quing -, alternadas en el poder de un imperio que nunca lo fue tanto. 

Más conquistadora que conquistada. China sufrió el yugo de hunos, tártaros y japoneses, hasta que fue sacando su mítico y merecido orgullo con Mao ejerciendo de líder todo poderoso. Él marcó las fronteras del enorme territorio que hoy conocemos por República Popular de China, no tan grande hace no tanto. Apenas transcurrió medio siglo desde aquél disparate que dio forma a la masacre de intelectuales y miembros del partido. La Revolución Cultural fue tal desastre que hasta en los libros de historia china, tan proclives a reescribir hechos contrastados, valoran su éxito en un raspado 60%: ruina absoluta en dígitos caseros (2).

Acogidos por nuestros queridos Nati&Juanjo, esperamos al mañana, Beijing 2.0, con sus alrededores, locuras y placeres.







(1) Protesta, revuelta, incidente o masacre, según la ideología de la fuente o historiador. Existen momentos en que el basta! es la única verdad a gritar, y 2000 muertos la única respuesta del que no quiere escuchar.

(2) Aquello que rechinaba a antiguo debía ser destruido. Aquel que no enfocara su interés artístico en ensalzar la figura de Mao acusado de alta traición. Budistas, taoistas y confucionistas perseguidos y aniquilados. Más de tres millones de inocentes fueron purgados sin juicio ni razón.



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