martes, 30 de diciembre de 2014

I GOT A FEELING

"¿Qué debería hacer la ciudad respecto a los conductores que se creen
por encima de la ley? Parece que un tanque es la mejor solución"
Arturas Zuoka, ex-alcalde de Vilna

Joder, joder, joder, que malito estoy, no toso pero me pican los gemelos, no corro, pero sudo como un condenado a muerte. Diagnóstico claro: "pachanguitis". Varios días sin patadas, no saco de aquí mis patas patata sin haber mojado en mi fut-salsa.

Lituania, yeah! Desembarco en Vilna, atravieso hordas de yonkis circundantes desde la estación de bus hasta el centro urbano. Hordas de zombis turistas mirando escaparates, y el alcalde de la ciudad se sube a un tanque para aplastar los coches aparcados en segunda fila, disparates. Soy así de simplón, encaja y me encanta.

Estoy encendido, pillo bici y cómo ojeando un catálogo de juguetes, veo a sus músicos callejeros diciendo “me lo pido”. Encaja, repito, que aquí se dijera “La Revolución Cantada”. Paso enfrente de una cafeta, algo me capta, y me pregunto “¿en cuantos sitios del mundo puedes dejar tu iPhone, tus gafas y tus pitis sobre la mesa sin que te los piquen?” La respuesta en el próximo post, tal vez, porqué ahora no tengo ninguna.

¿Puños en alto? fugitivos de rebeliones falsas, bajaron los brazos y anudaron sus manos al compañero o compañera más cercana. Así se ancló en 1989 la cadena humana más efectiva del planeta; desde Tallin hasta Vilna, los tres bálticos unidos para recuperar esa libertad que Hitler y Stalin les birlaron.

Y todo encaja, su peña, maja y letrada, su espíritu vuela alto, valiente, como un gancho de Arvidas Sabonis, dejando latente la fuerza de la mentira desarrollista de occidente. Con barrios soviéticos hundidos en la miseria estajanovista, y avenidas comerciales inmaculadas, con sonrisas de diseño, y el consumo tirando del carro, el dueño, de este maratón acelerado por consumirnos el mundo, el falso sueño.

Encaja ese alcalde, very loquer, músico y poeta, residente en Uzupis, el barrio-república independiente, al otro lado del río. Montmartre del norte, todo ideas, artes, con su moneda, su constitución, su ejercito de 12 personas, armonía increíble, su bandera ondea en lo alto de un cielo color “otra realidad es posible”.

Me piercingizo la oreja, de lo contento que ando, salgo de noche, con el chándal del Vaquilla y el ego de Marlon Brando. Los bares, un hervidero, compadreo, yo me quiero quedar quieto, pero debe ser la luna, pues al final merodeo. Conozco a Miguelinho “um coração e um colosso”, y me ofrece la llave a su pachanga de extrarradio. Vuelvo al hotel cantando mi revolución, hasssiendo essses, tocando el piano por amor; mañana tengo una cita, llevare una rosa en el ojal, y en los pies un balón.

Donde los marginados rusos montan su mercadillo de estraperlo, allá llego, con un cúmulo de antecedentes inexplicables, que me hacen jugar con una bota de cada talla, forma y color.

Monarquía balompédica, rey de la pista, solo se queda el mejor. Los lituanos más desgarbados dejan sus sudaderas colgadas de las nubes; yo recupero sensaciones, desaparece el picor. Decir que no lo pase bien, sería como mentir diciendo que "de portero, no me da miedo el balón".

No me voy yo contento sin que haya algo infeliz. Rodeo el Parlamento, y en un pis-pas estoy envuelto en la historia de Deimante, y su padre Dresius Kedys, el “padre coraje” lituano.

Guión hollywoodiense en cinco tomas: madre alquila a su hija de 4 años, un parlamentario y un juez entre los clientes de su sexo; la niña habla, el padre lucha; el poder judicial, frecuentemente más poderoso que justo; el que calla otorga, y muere el juez, muere su novia, muere el padre, y cada semana el pueblo escribe “queremos saber la verdad” sobre el asfalto, con tizas de ese color llamado “¿qué coño nos pasa como humanidad?”.

Lituana bandera, amarilla del sol que poco asoma, roja de sangre tan derramada, y verde forestal, de tanto vegetal que impera en su paisaje. Hasta aquí voló George W. Pus, para decir aquello de “quién sea enemigo de Lituania, debe saber, que también es enemigo de EEUU”. Por suerte para esta peña, el presidente lituano no ha viajado a Washington para corresponder la frase con un “...y viceversa”.


De cañas, de risas, de “¿y por qué no saco tiempo para pensar lo que escribo?”, me enteré que el presi de USA soltó la misma frase en Letonia, Bulgaria y Hungría, pocos días después. Eso hizo que a los neo lituanos  les diese la bajona, que los alter sistema pensarán “bueno, algo es algo, y la nada es peor”, mientras yo en la cola del baño, miraba al espejo y riéndome gritaba “¡Viva Honduras! Perdón, ¡el Salvador!”.



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