miércoles, 31 de diciembre de 2014

EL PROFESOR Y SUS ALUMNOS

"Los niños no son más tontos que los adultos, sólo tienen menos experiencia."
Dr. Janusz Korczak


Dejamos atrás ex repúblicas soviéticas y penetramos en la Europa del holocausto, Polonia, un país también reciente, destruida por los perdedores de la segunda gran guerra, castigada por los ganadores, se planta en nuestro camino sin aires victimistas.

Ahora somos cuatro. Es en Varsovia donde la familia sanguínea decide visitar al emigrante, y es con primo y hermana con quienes descubrimos los secretos de una ciudad un día convertida en cenizas.

La capital polaca es una ciudad nueva con más de 500 años de historia. Destruida edificio a edificio fue reconstruida piedra a piedra. Tierra de resistencia y levantamientos, de orgullo extremo ante situaciones apocalípticas.

Recorrer sus calles es un paseo por la historia moderna de la antigua Europa, aquella que habla de luchas descomunales y matanzas industriales. De potencias enfrentadas y guerras poco cálidas. Épocas sitiada y épocas comunistas, todo se entrelaza en unos edificios que sin sorprender por su belleza resaltan por su contraste. Torres mastodónticas regalo de Stalin dan un aspecto de Gothan sin Batman a una plaza central que aún es conflicto entre los autóctonos. Algunos apuestan por su conservación, a modo de recuerdo de una época funesta de la cual opinan es mejor no olvidar para evitar su repetición. Otros abogan por su destrucción, aquello no deseado no merece un lugar privilegiado en la memoria colectiva. Un Valle de los Caídos versión polaca.



Caminar buscando una pachanga entre calles asfaltadas es una sensación pocas veces experimentada. Rebuscamos entre callejuelas, parques y plazoletas. Pero nada encontramos.  Un solitario globo que ejerce de balón ante el cual  ni el niño en cuestión parece sonreír. Concluimos que Varsovia será solo historia y nos disponemos a descubrirla.

La mayoría de su culto pueblo habla un inglés más que correcto, soñamos con un mundo donde todos nos entendiéramos, a nivel lingüístico y espiritual. El segundo se antoja utópico, el primero rozó un día convertirse en realidad. Es aquí, en Varsovia, donde Lázaro Zamenhof trazó las normas de una lengua que aspiraba a ser universal. El esperanto no cuajó, relegada al cajón de las grandes ideas olvidadas. Prohibida por Hitler, perseguida por Stalin, vilipendiada por estadounidense, la lengua del nuevo pueblo quedó en un amago de entendimiento global esperando a que un día alguien la rescate.


Un obvio símil se nos escapa en el imaginario: la pachanga es nuestro mudo esperanto. Sin sintaxis ni gramática ni verbos conjugados, utilizamos el balón como una lengua común, orgullosos en demostrar que de verdad logramos entendernos.

Linda es Varsovia y bellas son sus mujeres. Siempre protagonistas y siempre olvidadas. Encontramos la excepción en la casa museo de Marie-Curie. Mujer brillante y reconocida en un mundo comandado por y para hombres.

La mujer de los dos Premios Nóbeles muestra la brillantez de la mujer cuando disponen de oportunidades. Madre del polonio y el radio, sustancias radiactivas  similares a las actitudes de algunos tóxicos personajes.

En una plaza no muy transitada, entre unos arbustos que simulan querer camuflarla, aparece una placa un tanto roída, con nombre hasta entonces desconocido y una leyenda que merece ser escuchada.

Janusz Korczak nació y murió en Varsovia, médico, pedagogo, escritor, publicista, activista social y oficial del Ejército Polaco, pionero en el campo del desarrollo, la psicología y el diagnóstico educativo del niño alcanzó el rango de eminencia en el estudio de la infancia, a la que dedicó toda  una vida y que le llevaría hasta la muerte. 

Fundador de El Hogar de los Huérfanos en la capital polaca, acogía a los niños y niñas sin hogar ofreciendo la educación que el destinó les negó. Muchos de los pequeños y pequeñas eran de origen judío, concepto incompatible con la vida durante la ocupación nazi. Todos ellos fueron enviados a una muerte segura en el famoso gueto de las vergüenzas, también llamado de Varsovia. 400 000 personas, un 30% de la población hacinadas en una superficie equivalente al 2,4% de la ciudad. Ganado dispuesto en el matadero. 

Dado su prestigio y reconocimiento varias fueron las ofertas que el Dr. Korczak recibió para abandonar el gueto y continuar con una vida que bien merecía ser vivida. Todas ellas rechazó. Fiel a unos principios tan olvidados decidió permanecer junto a unos niños y unas niñas que consideraba tan suyos como de nadie. 

La mañana del 5 de agosto de 1942, soldados de las SS rodearon el recinto y comenzaron las deportaciones al campo de exterminio de Treblica, donde los hornos crematorias rugían preparados para dar muerte a los que debían ser exterminados.

El Dr. Korczak reunió a los pequeños mártires, les ordenó que vistieran sus mejores galas, recogieran su juguete más preciado, y colocados en fila de cuatro les acompañó hasta el campo de exterminio cantando con la cabeza alta y la sonrisa en los labios. Al llegar a la puerta del horno, a  un metro de una muerte atroz y segura, recibió una nueva y última oferta de libertad. Pero decidió seguir cantando y entregarse con los suyos al cruel final que una de las mayores vergüenzas de la humanidad les tenía preparado.  
 

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