miércoles, 1 de octubre de 2014

REMÉDIOS AYURVÉDICOS


Pasan las semanas y el cuerpo te pide un respiro, entonces leo: "si quieres un poco de fiesta, ¡vente para Goa!", y yo, fiel seguidor de consejos anónimos y de vida nocturna prometedora, marqué el destino como ineludible. Es temporada baja y la mitad de los garitos andan con el candado echado. El percal es poco halagüeño, pero la fe mueve montañas, no va a ser ahora incapaz de abrir el bar de moda por la zona...

Cada día, tres vuelos llegan directamente desde Moscú, los menús se encuentran en cirílico, y las turistas lucen rubio platino y tatuajes de bajo coste. Goa es el Benidorm de rusos y yo sin haberme percado. Aquí caen como cayó el comunismo mientras la antigua URSS tardaba unos años en encontrarse; ahora ya abrazó el capitalismo con sus vicios y placeres. 

Lenin soñó con una gran patria igualitaria y ahora, igual que casi todos, los rusos adinerados apañan vuelo y toalla en busca de fiesta y playa.

Poco queda de lo que un día debió ser Goa, colonia portuguesa[1], cuna de hippies anti-bélicos con el amor libre por bandera. Yoga, reiki, thai-chi, meditación, ayurveda y algunas sustancias psicotrópicas para protestar por un mundo que no gusta en su funcionamiento, aislándose de él como mecanismo de protesta. 

Algún que otro hippie de la época se cruza en nuestro camino, andan con aire despistado, rozando la quedada, no sabes si se fué o simplemente se quedó, pero es inevitable plantear la duda al observarle charlar consigo mismo como quien discute con un desconocido.

Dos palos en la arena, toda la logística necesaria para juntarse y compartir atardeceres de pachanga. 

Cae el sol, regalando postales a quien se sienta a contemplar. Espectáculo diário, sólo eventualmente disfrutado. Ahora que las luces son artificiales, toca rescatar las galas más decentes para adentrarse en la prometida y prometedora noche de Goa. 

En el país aspirante a más poblado del planeta, se sobreentiende que gente, lo que es gente, hay mucha. Y en el destino turístico por excelencia, hay mucha "mucha-gente". Los bares se copan de hombros rítmicos al compás de los hits locales. Los sudores se mezclan con el tabaco creando una doliente atmósfera de sauna turca, mientras gotean mi camiseta y chancletas. El concepto espacio vital, un mínimo de distancia entro dos cuerpos que no quieren tocarse, es leyenda urbana aquí en India.  Y en una disco de moda, con el personal bajando cervezas, pura utopía. La temperatura del garito sube sin compasión, provocando efecto espalda mojada poco agradable al tacto involuntario.  Al  rato deja de ser una cuestión de respeto para convertirse en un tema de salud pública. Exigiendo marchas blancas a modo de reivindicación.


Luce el 10, descalzo en la arena intentando regatear al destino que le colocó en India y no en La Masía. Nunca llenará aforos ni venderá camisetas con su nombre. Juega por el placer de disfrutar corriendo detrás de una pelota. 

Goa, aún siendo una de las provincias más pequeñas de India, ofrece numerosas alternativas; si el primer destino no es satisfactorio, coger una moto siempre resultó el medio más productivo para indagar nuevas vías, y es sobre dos ruedas como recorremos distintos pueblos en busca de un rincón del paraíso. Algo así encontramos en Arambol, cala costera sin grandes pretensiones; soleados, el día pone fin con el mejor de los presentes, la chiquillada ha tomado la playa y patea sin miramientos el balón sobre la arena. En principio muestran sus reparos, no tienen la edad de la comunión y les cuesta aceptar al abuelo en sus idas y venidas tras una pelota mal hinchada. Finalmente acceden, y comienza el juego de niños que tanto adoran los hombres.

El Trinche Carlovich hacía caer estadios, a mí nadie me aplaude, mis rivales a duras penas levantan un metro del suelo, pero en mi privado imaginario me veo en un estadio a rebosar, con un público entregado que corea mis gambetas.

Observo los primeros síntomas de arrepentimiento entre los míos, con lo felices que eran en igualdad de condiciones, tuvieron que llegar los guiris pasados en años para reventarles la pachanga. Pero el síndrome Robinho me tiene abducido por completo, perdiéndome en filigranas que desconozco.

Al día siguiente regresé al lugar del delito y los mismos niños andaban jugando al cricket. Prefiero pensar que fue una táctica dispersora ante mi posible regreso, y no la declaración definitiva del fútbol como deporte non-grato, en ese infame día que, siendo primo-hermano de Arbeloa, me creí Garrincha por un rato

Caminando por la arena encontramos policías, y con un pitillo entre los dedos dedico un cordial saludo al atónito agente. Grave error. Me pide que le enseñe el extraño canuto, el cuál destroza entre sus dedos tras previo olfateo sospechoso. Insinúa que aquello es droga, lo cual cierto es y bien recordado en cada cajetilla, y me indica que debo acompañarle a comisaria. Comienza un tira y afloja del que-sí-que-no asentado en la cabezonería. Multa o no multa, ¿es esa la cuestión?





En India, como en tantos países empobrecidos, la policía está mal pagada y vive de los sobornos. Reciben pequenas mordidas en uns táctica que, por extentido, pocos reconocen como ilegal.

Goa es tierra de terapias ayurvédicas[2] y remedios omeopáticos, en caso de tener una sencilla reacción alérgica el lugar se presenta como la ocasión ideal para experimentar remedios alternativos. Eso debió pensar Ricardo, y pomada y dos pastillas naturistas fueron la precripción recomendada por la homeopática doctora.

Los síntomas parecen desaparecer y las nuevas soluciones una fórmula contrastada empíricamente. Qué bonita es la fe en lo desconocido, hasta que se conoce, y entonces ya no es fe es un análisis de resultados. En plena madrugada el cuerpo de Ricardo es un archipiélago de rojeces e hinchazones. No hay nadie a quien preguntar por el hospital más cercano, nos lanzamos con nuestra moto, entonces semi ambulancia, en busca de un remedio a semejante despropósito. Murphy anunció en una de sus tétricas leyes, si algo va mal siempre puede ir peor, cuesta dar la razón a tan negativa sentencia pero es la propia experiencia quien quita y da razones. La carretera se transforma en camino al infierno donde los perros lugareños[3] se lanzan sin compasión a nuestra ya maltrecha moto. Aquello ya no es una búsqueda de hospital es una lucha por la supervivencia. No hay segundo para la reflexión. Cada amago de calma es violentamente sacudido por nuevos ladridos del demonio.

Llegamos a nuestro destino sin recordar apenas el motivo de tan tempestuoso viaje. La alérgia se transfomó en anécdota ante mordiscos y temblores.

Y todo esto resultó ser Goa. Llegué en busca del relax y una pachanga playera y terminé en centros de salud locales rilando de frío y miedo. Los turisteos no encajan con distrito. Mejor lugares inaccesibes... que playas mal explotadas.



[1] Vasco de Gama y sus compinches llegan a India allá en el siglo XV, robando tierras para su patria portuguesa, y allí se quedaron, hasta 1987, cuando trás un, ahora tan de moda, referendum sus habitantes aceptaron ser parte de India. Unos votan para unirse, otros para separse, el mundo y sus vicisitudes. 
[2] Basado en la teoría de los 5 elementos del funcionamiento el universo: agua, fuego, aire, tierra y espacio, la medicina ayurvédica se presenta como ancestral, antiquísima, probada y constratada. Prueba y error. Y esta vez salió error.
[3] Al Cesar lo que del Cesar es. La brigada canina de la policia India montó recientemene un plan para entrenar a estos canes intimidadores y dirigir sus instintos a la protección de casas . 




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