jueves, 9 de octubre de 2014

DE 11 VARAS



“La memoria es un deber”
Levi Strauss, antropólogo de antropólogos

Devoraba las páginas de "Territorio comanche”, escuchaba las crónicas de Julio A. Parrado desde el Golfo y me rompía oyendo a la viuda de José Couso. Habiendo un aspirante a periodista en este pobre de mi, buscaba la ocasión de poder luchar historias, de poder pasarlas un poco putas para contar que sucede al otro lado de nuestra confortable pecera del a-veces-bienestar.

Hace años vi a los admirados “Yes Men” en las noticas de la BBC. Se habían hecho pasar por ejecutivos de la multinacional Dow Chemical (DC) y fingían una declaración de culpas, prometiendo indemnizaciones justas y el inicio de labores de limpieza y rehabilitación en Bhopal.... perdona, ¿en dónde?.

2014 es distritopachanga, y 2014 es el decimotercer aniversario de la tragedia. Cogemos el balón, las ganas y las amebas, para viajar hasta Bhopal en busca de sentimiento, para poder palpar con los dedos, el empeine y el talón, una historia tan olvidada como inolvidable.

¿Por dónde diablos empezar? ¿cómo conectan los reporteros con los y las protagonistas? Sin topos ni confidentes mata-haris tiramos de Google y Facebook, restando peliculeo a este guión por escribir. Encuentro nombres, links, grupos de activistas que luchan desde 1984 por esclarecer la verdad y reducir el dolor de las victimas. Jay Prakash Nagar lleva años en el frente, ha sido espiada por el grupo Stratford[1] y le encanta nuestra llamada. Esta en Bombay y no regresa hasta la semana siguiente, pero nos pasa una retahíla de nombres y teléfonos, pimpampum, pachanga en marcha.

Nos recoge Pashir, conductor de tuk-tuk con el inglés de un mechero, pisa acelerador y nos lleva a la planta. El ambiente enrarecido, pintadas macabras claman justicia en sus muros. Esta cerrado, obviamente saltamos la tapia, y encontramos un césped sin verde. Restos de oxido y cabras de picnic. Lo intentamos por otra puerta, la central que atraviesa las otrora oficinas de la compañía. Un vigilante jurado se pone violento, lleva pipa, y exclama que esta prohibidísimo entrar en la central.

Este hermetismo encaja con las expectativas. Todos los documentales sobre el desastre ofrecen fotos chungas forzando el zoom al máximo. No es Chernóbil, no hay riesgo de contaminación atmosférica, ya no, pero si hay riesgo de recordatorio informativo, y tanto DC como el gobierno indio prefieren sepultar la historia y camuflar su impunidad.

Cuando nuestro estupefacto conductor grita “¡que no, que por ahí no se puede!”, nosotros ya estamos 50 metros por delante de él, y sacando instinto protector, nos adelanta y guía entre los matorrales que dirigen a las cisternas de gas donde comenzó el desastre.

La estampa es heladora, pelos de punta y nuez obstruida, en el lugar del crimen. Las instalaciones se dejan morir, buscando coherencia con el depresivo entorno.

Seguimos, frenamos, gritos en un campo, apesta a diversión. Los chavales lucen la sonrisa más potente que puedes esperar de un sitio así. Victimas indirectas, proclaman la metamorfosis del distrito y empuñamos los palos de hockey con la destreza de un ministerio español repatriando a un cura enfermo de ébola.

Cuesta alegrarse en un sitio así, cada cumulo en el cielo te recuerda las lagrimas derramadas en esta postal del mundo actual, donde las grandes corporaciones hipnotizan nuestros sentidos y conducen el planeta sin freno ni airbag. Ante el hundimiento, que salten los niños y las niñas primero.

No hay tiempo para tanto, tal vez si, ¿quién lo sabe? Buscamos la respuesta en el barrio de Fiordus Nagar, suburbio de chabolas donde malviven miles de afectados por el escape de gas del 84. Un periquito nos guía entre callejones con salida, sonriendo la llegada de dos barbudos con el pelo cepillo, ya sabes, las rabas en Cantabria y en Segovia el cochinillo.

Llegamos, allí esta ella, Harazbi, con la fuerza de un tornado en celo, no dice una palabra más baja que otra, se aglutina la gente a nuestro alrededor. Hace mucho tiempo que no reciben visitas de extranjeros interesados en su dolor. La traducción es el camarote de los hermanos Marx, pero la ciencia infusa es la única esperanza de “los de letras” y arreglamos todo para una entrevista el día siguiente, una entrevista linda, real, honesta.

Próximamente, en distritopachanga, “Era medianoche en Bhopal[2] 




[1] Sicarios informativos contratados por DC para identificar manifestantes y poder así intimidarles.
[2] Título de un gran libro sobre el desastre, escrito por Javier Moro y Dominique Lapierre.


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