domingo, 26 de octubre de 2014

ADELANTANDO POR ADELANTADO

FÚTBOL
El fútbol como unión entre culturas
El segoviano Alberto Martín realiza, junto a Ricardo Fernández, el proyecto ‘Distrito Pachanga’, con el que ambos recorrerán Asia y Europa “despertando inquietudes” con un balón de por medio
D.L.P. - Segovia | 29/09/2014 http://www.eladelantado.com/noticia.asp%3Fid=199635

Alberto Martín (Segovia, 1981), acompañado por Ricardo Fernández (Santander, 1982), se embarcó hace más de seis meses en una aventura que le está llevando a viajar por Asia y Europa con el trasfondo del fútbol como lazo de unión entre diferentes culturas. De esta manera nació ‘Distrito Pachanga’, una proyecto que están compartiendo a través de la página web www.distritopachanga.com.

—¿Cuáles fueron los motivos, y también los objetivos, para embarcarse en este proyecto?
—Mi gran amigo, casi hermano, Ricardo, me venía comentando hacía un tiempo la idea del proyecto, viajar desde Vietnam hasta España por tierra, sin aviones, jugando pachangas de fútbol por todos los lugares que fuéramos encontrando. Así fue que, sin dudarlo, nos juntamos. Poco a poco fuimos dando más contenido al proyecto, creando nuestra web, escribiendo las primeras crónicas, grabando y montando los primeros videos. Compartiendo lo que vamos aprendiendo. Así nació distrito pachanga.
El objetivo es claro, mostrar mundo y despertar inquietudes. Después de años trabajando en cooperación internacional entendemos que para respetar lo diferente primero debemos comprenderlo. Y una vez hecho el esfuerzo por comprenderlo, poder contarlo promocionando valores tan en crisis como la empatía y la tolerancia con lo desconocido.

—¿En qué o en quién se inspiraron para llevarlo a cabo?
—La inspiración nace de las inquietudes que uno se va creando, en las ganas de seguir aprendiendo y conociendo. Existen espejos en los que mirarte, claro, Ryszard Kapuscinski y sus libros sobre los conflictos bélicos en África y Sudamérica, Tiziano Terzani y sus fantásticas crónicas sobre Asia, son ídolos que uno siempre mira desde abajo, allá a lo lejos.

—¿Por qué eligieron el fútbol como herramienta de unión social?
—Nos pareció que el fútbol, cuando es informal e improvisado, refleja muy bien el gozo de vivir, las alegrías de los chavales, los valores de compartir y la necesidad que tenemos las personas de estar juntas. En una pachanga poco importa quién seas o de dónde vengas, al final todos corren igual detrás de la pelota. Existen iniciativas muy bonitas donde niños de pueblos confrontados, como Palestina o Israel, juegan al fútbol en equipos mezclados. Quizá estas iniciativas no solucionen conflictos internacionales, pero abren la mente de aquellos que en el futuro tendrán que tomar las decisiones.

—¿Cómo se vive el fútbol en Asia? ¿Están al tanto de lo que ocurre en España?
—Al fútbol se juega en todas partes, en Birmania o en París, siempre hay una portería hecha con dos piedras o mochilas, y gente sonriendo con un balón entre los pies. En Asia el fútbol es pura pasión. En el lugar más inesperado puedes encontrar a un grupo niños o mayores pateando algún objeto que ejerce de balón.
Las camisetas de equipos europeos son siempre la prenda de moda. Cuando te preguntan de dónde eres, al escuchar la respuesta, comienzan a recitar el once de la selección. El fútbol es siempre una puerta a una nueva conversación, una manera de acercarte a gente con la que difícilmente te puedes entender, pero un balón de por medio y nombrar a un futbolista conocido es sinónimo risas y cercanía. Mucha no gente no sabría marcar en un mapa nuestro país, pero conoce la edad de Iniesta.

—¿Qué países han recorrido?
—El viaje comienza en Vietnam, de ahí sigue al hacia el oeste por Camboya, Laos, Tailandia, Myanmar, India y Nepal, una vez allí vira al este para atravesar Tíbet, China y Corea del Sur, vuelta a China y de nuevo hacia el oeste vía Mongolia, a bordo del tren transiberiano hasta Rusia para entrar en Europa por los países Bálticos, Polonia, Alemania, Austria, República Checa y Hungría, para dar el salto a los Balcanes por Croacia, Bosnia, Serbia y Kosovo; de ahí continuaremos hasta llegar a Turquía para entrar en Irán por Armenia; una vez ahí, ya veremos como seguir para llegar a casa.

—¿Con qué medios cuentan para realizar el proyecto?
—Nuestros portátiles, cámaras, algo de ropa y un balón. No tenemos ningún tipo de subvención, tiramos de nuestros ahorros, que para eso están, para ayudar a cumplir sueños.

—Entonces, ¿no han recibido el apoyo de alguna institución o club de fútbol ‘Distrito Pachanga’?
—El único apoyo son nuestros ahorros, cada día más menguantes, y sobre todo las ilusiones. Pensamos que el hecho de recibir patrocinio podría condicionar la libertad con la que contamos. Esto es literalmente amor al arte.

—¿Cuál ha sido el momento de mayor dificultad de lo que llevan de viaje?
—Dificultades hay muchas. Hemos luchado con las burocracias locales para conseguir visados o permisos de entrada, hemos dormido en auténticos tugurios, y comido alimentos de dudosa procedencia. Nos hemos visto tirados en mitad de la nada. Nos han multado, echado de lugares sin explicación, alguna situación violenta también te encuentras, hasta un accidente de tren en India, pero bueno, para gozar hay que sufrir, eso está claro. 

—¿Y los mejores momentos?
—Momentos mágicos encuentras cada día, se juntan, y te hacen seguir aprendiendo y disfrutando. Jugar una pachanga con niños de la calle en los suburbios de Bombay, en un pueblo perdido en los Himalayas nepalíes, jugar un rondo con monjes budistas en el Tíbet, o por ejemplo dar unos pases con los pueblos nómadas en la estepa mongola. Al final, el viaje es el recorrido en sí, no el destino al que te diriges.

Esta noticia se puede leer al completo en la edición impresa de El Adelantado de Segovia.

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