martes, 14 de octubre de 2014

ERA MEDIANOCHE...




“La postura de Dow es pura hipocresía:
recoge los beneficios de UCC pero se niega a aceptar sus obligaciones”

Audrey Gaughran, activista Amnistía internacional

Se llama Hazrabi, tiene 57 años y luce unos ojos honestos, que camufla en unas gafas que bien podrían ser de intelectual, de los que cuesta apartar la mirada. Habla sin pausa, recalcando con el movimiento de sus manos lo que describe como indignación. Apenas permite hablar a sus compañeras, quienes en silencio asienten ante sus palabras. Habla claro: indemnizaciones no recibidas, prófugos millonarios, gobiernos corruptos, multinacionales miserables y víctimas inocentes, ¿te suena familiar? El pan nuestro de cada día en el calendario neoliberal.

El 3 de diciembre se celebra el "Día Mundial del No Uso de Plaguicidas", y quizá tú te preguntes por qué este día y no otro; ese mismo día hace 30 años ocurrió la tragedia de Bhopal. Si tú siguiente cuestión es ¿qué es eso de Bhopal? Esta es la historia. Y si ya te la sabes, recuerda con nosotros una de las mayores injusticias que jamás ocurrieron, una muestra más de cómo el poder fue robado al pueblo y a sus gobiernos, para pasar a manos de corporaciones; nada nuevo, quienes impunes abarcan y avasallan sin mayor límite que el de su camuflada cuenta de pérdidas y ganancias. Nadie protege a las personas ante ellas, estamos indefensas, desamparadas y vendidas.

La madrugada del 2 al 3 de Diciembre de 1984 la población de Bhopal, ciudad situada en el área central de India, descansaba después de una noche especial que tristemente nunca olvidarán. Ese día se celebró un encuentro de poetas en el que participaron jóvenes, niños y niñas en un evento por el desarrollo cultural de la región. La desgracia escrita en verso.

La mayoría dormía como en una noche cualquiera, cada uno con sus sueños, algunos parecidos a los tuyos o a los nuestros, y entonces apareció una de las sustancias más tóxicas jamás creadas por el hombre, el isocianato de metilo, comenzando ahí la pesadilla: ''...estaba durmiendo y sentí un picor muy intenso, notando polvo irritante por todo el cuerpo...''  El maldito químico provenía de una fábrica de pesticidas propiedad de la empresa norteamericana Unión Carbide y del gobierno indio. Sin una teoría unánime que esclarezca los motivos del desastre, existen datos claros que muestran negligencias en diferentes puntos de control de la seguridad en la planta. La noche de la catástrofe, seis de las medidas de seguridad diseñadas para prevenir un escape de gas no funcionaron bien, fueron desconectadas o resultaron inadecuadas. Despropósitos de la avaricia. .

Cuarenta toneladas de gas letal se fugaban libremente por las fisuras de la fábrica y comenzaban a campar por la sentenciada ciudad. Al entrar en contacto con la atmósfera, la sustancia liberada se descompuso en diferentes gases formando una nube letal de mayor densidad que el aire, recorriendo a ras de suelo toda la ciudad. 8.000 muertos en una sola noche. Muchos de asfixia casi inmediata, en sus camas, entre sus sueños. A muchas otras miles de personas los gases quemaron sus ojos y vías respiratorias, mientras otras, en un intento desesperado por huir de esa ciudad-cementerio, morían en accidentes provocados por la desesperación y la ceguera, en una representación del ensayo de Saramago, tan macabra como fiel al guión. La tragedia no había hecho nada más que comenzar. 12.000 fallecieron seguidamente en la primera semana post catástrofe. 150.000 quedaron permanentemente discapacitadas, mutiladas o enfermas crónicas. Se estima que más de 600.000 personas resultaron afectadas, y para no romper la tradición ''...la mayoría de las víctimas eran personas muy pobres, gente analfabeta y sin recursos...''. Esa madrugada la pobreza extrema se convirtió en pobreza de solemnidad[1].

No solo los seres humanos inspiran oxígeno y expulsan dióxido de carbono. Miles de cabezas de ganado, principal fuente de sustento para las familias de Bhopal, morían esa fatídica noche en la que la negligencia se convirtió en arma de destrucción masiva.

La multinacional Union Carbide abandonó la fábrica como un niño al romper un jarrón, dejando atrás una ingente cantidad de sustancias nocivas, y al pueblo de Bhopal con un suministro de agua contaminada y un legado tóxico que todavía hoy causa daños; ''...mucha gente aún continúa sufriendo, muchos quedaron ciegos, otros no pueden andar. Mujeres jóvenes nunca consiguieron tener hijos, lo que es una tragedia aquí en India. Sus maridos las abandonaron, quedando marginadas''. 

Mujer + India + Pobreza, algoritmo condenatorio cuya solución es la discriminación y el repudio, si añadimos un factor externo como esta catástrofe química, el resultado es la exclusión más absoluta.

La purga de culpas no se hizo esperar; Union Carbide se disfrazó de Pilatos lavando sus manos e imputó toda responsabilidad a su filial india. Esta miró hacia otro lado, encontrando allí al gobierno de India, asustado, arrinconado, quien envió el asunto a EEUU como quien manda la ropa sucia a la lavandería de la esquina; ''...el gobierno de India es tan culpable como Union Carbide, él permite a esta y otras compañías trabajar en India sin preocuparse de lo que hacen. Los políticos no se preocupan de la gente''.

He aquí el truco de deslocalizar empresas a países empobrecidos, pagas dos duros a los trabajadores, un par de millones a los funcionarios del gobierno y las medidas de seguridad son opcionales; en caso de fallo o error, si te he visto no me quiero acordar.

Un año después, Warren Anderson, presidente de Union Carbide, visita la fábrica y es arrestado por las autoridades indias. ¿huele a justicia por aquí? revisa tus fosas nasales. El jefe paga 1.672 euros y abandona el país con la facilidad que solo un rico puede costearse. Nadie quiere saber nada del impresentable, y la justicia estadunidense traspasa de nuevo el caso a India en un juego de bola-boom versión “catástrofe intercontinental”.

Decía Giovanni Rana “el secreto está en la pasta”, y en 1989 el gobierno indio alcanza un acuerdo extrajudicial de indemnización con la compañía por valor de 470 millones de dólares. Se calculan entre 370 y 533 dólares por víctima, el estimado precio de la vida para alguien pobre en India. Nadie se muestra satisfecho con el sospechoso acuerdo, y muchas víctimas aún reclaman que ni eso recibieron: ''...mucha gente no recibió nada, ningún tipo de compensación, construyeron un hospital, pero cuando acudes te piden dinero. Necesitas una tarjeta de afectado para poder acceder a sus servicios, muchos no tienen tarjeta, y para conseguirla debes haber nacido antes de 1982, ¿qué ocurre con aquellas víctimas que sufren las consecuencias pese a haber nacido posteriormente? nadie se ocupa de ellas. 

Para las viudas construyeron 2.400 casas; algunas no fueron terminadas, otras fueron mal repartidas, ninguna tiene agua ni luz corriente. Las compensaciones no fueron suficientes para todo el daño que nos han hecho''.

En un giro extra a la ya cruda historia, en 1999 Union Carbide anuncia su fusión con Dow Chemical, quien olvida que al adquirir una nueva empresa no solo compra sus activos, sino también sus obligaciones. Próspera en los negocios un líder en bajezas. Dow Chemical factura anualmente 24.000 millones de dólares (¿tu mando a distancia funciona con pilas Energizer?¡enhorabuena! estás haciendo un poco más rica a tan ilustre compañía), oye ¿y de Bhopal? Calla, hombre, no jodas más.

Y casi callan. A pesar del esfuerzo de activistas y organizaciones, Warren Anderson sigue sin búsqueda ni captura en su mansión de New York, mientras la población reclama una indemnización digna y sobre todo, justicia. Confían en un mundo donde aquellos que para enriquecerse no muestran timideces, asuman responsabilidades, rindan cuentas y paguen por su codicia y falta de escrúpulos, pero ese mundo no es este. Reclaman una comisión de la verdad, tan sabida como irrespetada ''…son asesinos y tienen que estar en la cárcel, deben ser castigados''. La justicia no sana las heridas pero reduce el dolor ''...seríamos mucho más felices viendo a los responsables entre rejas''.

La conciencia de las naciones debió quedar algo revuelta y Estados Unidos modificó su legislación sobre la industria química y sus códigos de buenas prácticas. Unos papeles algo mojados para evitar que en otros lugares continúen muriendo alrededor de 15 personas mensualmente, consecuencia de la exposición a gases tóxicos. 30 años después ''...nuestro verdadero deseo no es solo recibir las indemnizaciones prometidas; queremos que la gente nos escuche para que nunca vuelva a suceder''.

Las gentes de Bhopal siguen clamando por justicia. En India sigue tramitándose un juicio penal contra Warren Anderson. Un litigio de interés público en el que se solicita la limpieza adecuada de la zona y otras medidas de rehabilitación, ''…el gobierno solo busca nuestro silencio, pero no lo van a lograr hasta que se haga justicia, seguiremos luchando.''

Mientras, en Bhopal, cada noche del 2 a 3 de diciembre salen a la calle, encienden sus velas, y rezan por sus muertos, desfilando sus gritos de justicia, esperan que por fin alguien les oiga. Eso busca Hazrabi, quien envuelta en su elegante sari granate nos cuenta como entre los muertos estaba su hijo.  Son víctimas gritando por una justicia negada. Sus gritos no son lamentos, son clamores a la dignidad.

Fin (no).




foto mosaico: De izquierda a derecha, y de arriba abajo: Nasreen (34 años), Shehzaadi (59), Balkrishn (58), Navoab (70), Namdev (52), Hazrabi (57), y Chahat (22), maravillosa peña de la asociación Bhopal Trust, gracias por su tiempo y verdad.
[1] Término tradicionalmente usado para referirse a aquellas personas incapaces de trabajar y por tanto, dependientes de la beneficiencia pública.


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