jueves, 16 de octubre de 2014

ELL@S ELLXS ELLO/AS



"… porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre
es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.
Eduardo Galeano

ELLOS
Indios, sus ojos me sodomizan la intimidad, segundos Winslet-DiCaprio rozando el casco contra el iceberg, luego ya sí, miro fijo, a ver quien aguanta más; su iris es hulla, difícil de batir, acabo partiéndome de risa, ellos también, no falla, amor súbito con quien recién me amenazaba.

La escena se repite, como un trago de ginebra en el salón de Massiel; si empiezan no callan, compulsividad oral, lengua de Isostar, hay quien me dijo que las personas indias son las más inteligentes del planeta, y por ende, las más curiosas; interrogatorio KGB, cada milímetro, de cada poro, en cada segundo, es auscultado y cuestionado. ¿un tatuaje? La Ilíada de Homero, ¿viajando sin avión? ¿qué te gusta? ¿estas casado? ¿quieres dulces? ¡come dulces!

Creo que tanto cerderío, tanta mirada lasciva a indias y extranjeras, tantas juntadas de paquete gratuitas, tanto ver y pensar, me han creado un prejuicio algo chungo, trato de quitármelo, y a ratos se va, pero tiene llaves del portal, y cuando sabe que mi empatía vuelve a casa, él me espera, me inquieta y me pregunta ¿qué tal?.








ELLAS

Indias, dulces y toscas, todo son sharis, pan de oro en sus collares, bellas ellas en su timidez, recato ante su realidad. El bindi rojo en su entrecejo revela su estatus de casada, rollo privativo, como sellar una vaca, tiene propietario, “estas avisado forastero”. Constante acoso, utilitarismo del patriarcado más mezquino, la violación de mujeres, especialmente las más jóvenes, lleva décadas siendo más hobby que delito.

Esto no es nuevo, es tan bárbaro como viejo, pero ahora parece trendy. Son cientos las organizaciones dentro y fuera del país que lo vienen denunciando, esas “mujeres que transforman el mundo” con sus ovariazos.

Pero fue el fútbol, ay el fútbol, ese que hipnotiza y adormece, el que dio con la tecla de la acción, cuando Van Persie, jugador holandés del United, se mojó y mostró en su camiseta, tras marcar gol, un mensaje reclamador de justicia para Tchuna, recientemente violada y torturada en un autobús público[1]. ¡Joder! Ahora sí, el mundo ve, escucha y siente, el triste desorden de las prioridades, en un planeta que llora ante un penalti fallado, pero muestra indiferencia frente al aplastante patriarcado[2].

De ahí la revolución, o al menos el amago, cambia la legislación, se endurece el castigo, ¿al violador? pena de muerte, y a tomar por culo la bicicleta.

Van Persie juega de delantero, aunque empezó de extremo, tan extremo como ahora la justicia india.

En España: flipamos[3] con la jueza archivando el caso de las ferias malagueñas, mientras ambulatorios sensatos se niegan a colgar ese medieval póster donde el Ministerio del Interior dice “oiga, señorita con potencial de ser violada, compórtese bien, de usted depende”, y la Hermione de Harry Potter descubre la piedra filosofal “invitando” a los hombres a luchar contra el machismo en Naciones Unidas, todo hardcore, sí, pero sonando.

En India: ¿qué coño pasa en este país para que el cuerpo de la mujer sea considerado un puto[4] instrumento?

Vamos recopilando inexplicaciones y percepciones para entender por qué sucede tanto así y aquí.

El musulmán playboy-en-paro que se sentía talibán (dice que “solo” en un 50%), cree que “la razón es la ropa de las chiquillas, las frescas en minifalda, universitarias, hipsters, modernísimas, ante las que chavales iletrados, venidos de lo rural al extrarradio urbano, no se pueden aguantar”.

Otra versión, esta del maharajá de Puri, alías “y-es-que-yo-laralara-soy-un-truhan-soy-un-señor”, con el que compartimos coche y mesa, “es que las mujeres son percibidas como “algo usable”, porque no conducen, no dirigen, no comercian…” resuming, las violaciones son un problema menor, controlado por las autoridades, no se me preocupen.

En el tren los carteles ofrecen números para llamadas de emergencia en caso de intento-amago de forzamiento. El metro en India tiene zonas separadas para hombres y mujeres, y hace pocos días, una pana brasileña, fichaje de primavera con la que viajamos, se despertó por quinta vez mientras un pibe, el mismo al que había visto mirándola unas cuantas veces antes, acariciaba su muslo y se la zurraba en medio del vagón.

Hay un problemón, que siempre lo hubo, pero ahora resuena; enterarnos y comprenderlo bien es lo primero que todos todas podemos hacer.






[1] Bueno, resulto que no, que el mensaje no era para ella, sino para una amiga suya recientemente fallecida, pero el impacto mediático fue el mismo.
[2] La Oficina Nacional de Registro de Crímenes reveló en 2011 que cada 20 minutos una mujer es violada en la India
[3] Sin pre ni post juicios, simplemente flipamos; presunción de culpabilidad, chavala recogida por agentes en un descampado, denuncia retirada… snif snif, apesta.
[4] Y sí, puto, puto de puta, de puta mierda de lenguaje sexista, de lo malo es “¡qué coño!” y lo bueno “¡de cojones!”.


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