martes, 28 de octubre de 2014

CRASH!!!!



(post sobre la marcha y en shock)

-       - “Un besín reina, gracias por todo”
-       - “Bueno, cuídate eh?”
-       - “Tú me dirás qué hacer si no?”
-       - “Jaja, mua! Chao”

Son las 19:55h y enfilo la salida de Nizamuudin con el agua al cuello, mi tren hacia Gorakhpur sale a las 20:25h y necesito cazar un rickshaw que se cruce la ciudad y me ponga en la estación central de Nueva Delhi a la velocidad del rayo-no-vallecano.

Engancho uno con más dificultad de lo habitual, sudo como echando un ajedrez con Deep Blue y me enciendo un piti para que los nervios no se relajen; atasco, the fuck and the fuckers! derrape, claxon y frenazo, son las 20:22h, esprinto de broma, se me cae el pantalón, don´t worry! mochilón me aplasta, me meto en un anden cualquiera, cienes de gentes me cortan la marcha…

-       - “¿Es este el anden 16?”
-       - “No, no, este es el 7, el 16 está al otro lado ¡corre!”

(subo puente-plataforma y lo veo llegar, ufff…)

Subirse a este tren es ganar un “todos-contra-todos” en Pressing Catch, muy violento todo, me supera, me hacen bloqueos Pep Cargol, “falta en ataque” digo, me amenazan con sus ojos negros, digo también. Logro imponer mi estatura en la pintura y me subo, “¿qué diablos pasa hoy?” recorrer India en tercera clase es una agonía, se ha convertido en ritual y heroína, lo que no mata te hace más fuerte, y mis bíceps van tomando forma.

Overbooking, miles de personas se agolpan en los vagones sin billete, están pendientes de una confirmación de asiento que nunca llega, me encajo en mi litera, abajo, a ras de suelo, pedido a propósito con la esperanza de pillar mesita y poder teclear esto que no tecleo porque ni mesita ni oxígeno.

5 personas más en mi cama, tormenta, por la ventana sin cristal entra agua a destajo, me calo yo, se calan las mochilas, se empapa mi colchón de espumaflex, estoy más incomodo que nunca, empotrado, doblo pies bajo gemelos, posición de loto, y saco un libro escolar sobre acontecimientos históricos que he picado en un restaurán de Dharamsala. Ventiladores rollo piquetes, en huelga de giro, estrujan nuestros poros y bebo sin sed.

Salen mil bandejas con comida, la peña con sus tapergüers y yo con mi hambruna, cuento segundos y gotas esperando, con la ilusión de un ludópata, la llegada del revisor y que saque a la gente de mi asiento y les recoloque. Pasa y me pide billete, pero no recoloca. Me acomodo mal, soy Niurka Montalvo para llegar al baño y mear lo que no queda, posición fetal, con dos pibes sentados en mi bolsa zigótica. Un matrimonio echa su tela al suelo y se acuesta junto a mí, “no tickets my friend”, India es así.

Raruno concilio el sueño raudo, no serán las 12, todo flow y fase REM, mi Morfeo gana a su traqueteo, tal vez mecido por la resaca del que bebe tan poco que algo es mucho. No me despierto yo, me despiertan todos  y todas, serán las 6 y me hago ovillo mientras se apoyan en mis tibias, abren la ventana para torticulizar mi cuello, y gritan como si no hubiera mañana… ¿habrá mañana?

Aguanto hasta que estallo y me recoloco, subimos la litera, empaqueto el saco y decido echar un pis, falta poco, y luego en la estación fijo que cobran unas cuantas rupias por miccionar. Me levanto desafiando a Newton entre una jungla de bolsas, niños, sharis, restos de comida, ventiladores de mesa, cajas forradas con burbujita y muchas otras cosas rellenando los huecos que mis ojos no pueden atender…

…pero al segundo paso…

¡¡¡IÑÑÑÑGHGZZOSTIIIIIAAAAPLOAFK!!! ¡¡¡CATAPLUUUM! ¡¡¡CATACRAAASSSHH!!!!

El tren se tambalea, como un Titanic en congelador, frena pero no, empuja hacia atrás y arrastra hacia delante, instintivamente fijo los brazos a las barras laterales como Gervasio Deffer al potro, “de aquí no me tira ni dios”, grito en silencio; confusión, 8 segundos de noria, busco nubes de algodón pero encuentro alaridos y alarmas que no suenan. Estoy cerca de la puerta, ¿meo o no meo? La fuerza de los gritos me empuja a saltar, casi parados pero no, al suelo un abismo, montaña de piedras chicas, caigo sin rodar, “joder, ¿qué ha pasado? ¿y la mochila?” 2000 pavos por bolsa, no hay dios que vuelva arriba, miro alrededor en semi trance y veo miles de personas saltando por las puertas y las ventanas, huyen despavoridos campo a través.

Fliping and lating patati like when Racing ascending.

Tiro pa la ventana, soy el único que llega, y empiezo a bajar a los niños y las maletas que la gente me lanza con violencia y desesperación. Identifico -magia cerebral en momentos trágicos- a uno de los pibes que okupaban mi colchón, le pido que me pase mis bártulos, y es un amor, me pasa hasta el libro de momentos históricos. Me giro y la diáspora continua, hutus ruandeses hacia brazos de Mobutu.

Saco la cámara y juego a adivinar, avanzo entre la duda del milagro y la certeza de la anécdota, hasta ver 2 vagones cruzados sobre las vías, “joder, ha descarrilado, vamos a ver”. Metro a metro voy esquivando hierros, las traviesas más juguetonas se cruzan entre vagones hechos muesli; me agacho pasando por debajo de un vagón literalmente tumbado y me encuentro dos vagones más en zig-zag, “hosti, una bomba” pienso, lo cual en India es tan normal como en España dejar que otros se manifiesten por ti.

Subo la mirada, ya medio en shock pero no del todo aún, y 3 vagones me hacen eclipse, subidos a las copas de los árboles, grindan la locomotora de otro tren, este de mercancías, cuya locomotora ha decidido hacer la cobra a nuestro ferrocarril.

Comienza el drama, inundado de llantos como de Kenny G. una sala de espera de dentista, va saltando la gente y rompiéndose las patas en cada intentar. No sé para dónde tirar, “¿cómo ayudo? ¿qué se hacer?” Esto es un puto avispero, genética hindi del stress por hobbie, empiezan mirándome con pavor y acaban implorándome ayuda.

La capacidad de decir que no se toquen las heridas con las manos llenas de mierda y grasa me convierte súbitamente en el médico más reputado del lugar ¡wow!, me meto en el papel con lo poco que sé de primeros auxilios, que es sentido común y el anuncio de Sánchez-Ocaña promocionando margarina Flora.

Voy a dejar la mochila y la cámara en cualquier sombra, todo esta lleno de quejas y desconcierto, saco calma de la riñonera y comienzo con un hombre infartado. Piernas arriba, respiración lenta y profunda, cardiomasaje con miedo a estar cagándola, agua en cuello y frente, palpeo de estómago, hemorragia interna, evidente, joder, joder, digo que esperen a la ambulancia que no lo muevan que será peor, el hombre no se si agoniza o es un teatros, ahora ya no sé si esta vivo.

Vienen unos tras otras, heridas, dedos colgando, y brechas en muchas cabezas maltrechas; saco el botiquín, el agua, los analgésicos y me desfondo a betadine con gasas, voy tomando el pulso, marcando formas de respirar y haciendo torniquetes con pañuelos en un estado no-me-no-me-que-te-que-te.

La gente parece aliviada, “ahora vamos a bajar peña”, un par de tipos encolerizados meten hachazos a los vagones más cercanos a las nubes, y siguen descendiendo heridos inconscientes, y cadáveres que quitan el hipo. Un hombre ha perdido la pierna y la otra media es una lira de capilares y músculos desgarrados, tumbado, echa su último aliento en mi mano, esto es la hostia, y acaba de empezar.

No llegan las ambulancias; todos y todas exclaman a la vez: “dale agua”, “no se la des”, “gíralo”, “no le gires”, “es la tripa”, “es la espalda”, “es el hueso roto”, es, es, es que me vengo arriba y grito como un poseso “who the fuck is the doctor here?! You or me?!? You?! Not?! Then, shut the fuck up and help!!!”, esto es la madre del topo, y yo voy aprendiendo sobre la marcha como un usuario de Linux en un cyber café.

Vienen periodistas antes que camillas, siglo XXI que parece el X, quieren la historia del joven doctor extranjero que sobrevivió a la tragedia, pero yo estoy para poca celebridad, les doy mi email, y me envuelven unas gentes de muy buena fe hasta ponerme en la carretera. 

Oficios hablan ya de 42 personas fallecidas, y el jefe de estación se ha dado a la fuga. Pasan las horas, se acaban mis analgésicos. Mapa de sangre y miedo, todo medio parado, me rodea la histeria en estado de no-me-puedo-controlar; me cuidan, estoy bien, sano, fuerte y agradecido, de autostop me subo en un camión, gigante, Yo el Halcón.

Avanzamos mientras trato de volver a la realidad, pasamos junto a un camión que ha volcado y pienso en el apocalipsis y en pedir disculpas a Paco Rabanne que algo predijo, también pienso en esta loca historia de cruzar el mundo sin avión, y creo que voy a quedar con Dennis Bergkamp para tomar un café y hablar seriamente sobre su aerofobia y la mía. El conductor es el ayatola Jomeini, y su asistente saca un biri, pitis indios hechos con hoja natural; me pasa uno y lo enciendo, calo no tan hondo, pero como si saliese a la superficie tras el hundimiento de mi cayuco. Rodamos muy lentos y poco seguros, me temo que transportamos resíduos radioactivos o similar, pero prefiero no preguntar, finalmente me dicen que llevan cristales, de ahí la parsimonia, de allí mi alegría por no llorar.

Hoy se acaba mi visa de turista en la India y debo llegar a Nepal, pero esa es otra historia, historia de vida vivida, de tantas cosas que soñar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejanos saber qué gusta-disgusta, qué cambiar-mantener. Gracias.