viernes, 12 de septiembre de 2014

VAGONES


India no es un país, es un continente que de pequeño decía que quería ser un tren. 

La red que tejería Spiderman en una orgía mixta, todo cruza con todo, cocktail caldoso, abrasa el cabrón; les pregunto a las traviesas de hierro corrosivo cuando empezaron en el gremio, ya no recuerdan, ya ni olvidan de tantos trenes pasados, solo sujetan raíles con la inercia de Sísifo subiendo cada escalón, mientras alguna que otra catenaria, loca y suelta, suspira y delira recordando aquel affaire juvenil con un vagón british, gentleman colono, perfumado por sacos de té, apuesto y fetén.

Paso entre multitudes, suenan las tuercas, inch inch! los platos, las ruedas de los trolis, gritos y dedos chiscando, plash! móviles, tiruriru! se descuelgan los jóvenes de sus literas, buh! Este pasillo y su West Side Story, pish pash!

Meto mochila en los bajos, y tiro mi saco de dormir arriba, gancho Abdul Jabar, a lo Nick Rivers colocando libros en las estanterías de Top Secret.

Librería engáñome de nuevo: Herman Hesse pinta una Siddhartha de trenes locos y enloquecidos, mientras Dominique Lapierre contaba hace ya años que era to-bruto, to-guapo.

La realidad es… que esto no es real.

Overbooking siempre, siéntate en mi hombro, ¿gérmenes? ¡Ey! ¿qué pasa trons? no te tapes cuando tosas, porque me sacas un ojo, nos subimos en marcha porque no para, macuto no cabe, samosas bien-me-sabe, non-stop, el pasillo es la love parade, si no pisa no pasa, ¿ventiladores rotos? 3 de 4, defensa del Barsa, aquí hay dos brazos, distinto cúbito y mismo radio, que penetran el penal de la ventana, no se si piden u ofrecen, pellizcan o acarician, ya viene ya viene, todos a cubierto, ese mágico, por inexplicable, hedor; como una bofetada con guante de látex tras tacto rectal, mi pituitaria dimite, dice que me deja en herencia su colección de DVD, ¿es el baño de bujero o la vía-todo-a-pelo? pis seco a capela, elixir de urea,  aguanto respiración, me vuelvo morado. Si las heces fueran confeti esto sería nochevieja.

Los sharis lavan los platos, que son hojas de banano, casi nenúfares, esas bandejas deberían pagar asiento propio. Es Darwin y es la adaptación.

La cama de la litera, diseñada por los tres marineritos de una caja de rice krispies, deja mis piernas colgantes de Babilonia atravesando el pasillo, mis gemelos como check-point, si no pega no pasa, y pasan pasan, porque pegan pegan, codos y uñas me hacen grafiti manual en dirección al baño. Dejes de viajar en Tercera, como la Gimnástica Segoviana.

Anatomía de anciano, arterias tumultuosas, locomotora marcapasos, nervios de punta, ronca y tosa, chabolas como cenefa que pinta los bordes de sus vías, son los pelos en sus orejas y hombros, se despierta cuando le quitan el mando de la tele.

Todo funciona en su interior, no sabemos cómo, carritos ambulantes lleno de dulces demasiado dulces, a lo bruto, como mitocondrias sintetizando glucosa en pan de Cádiz y turrón del duro, como ser socio del Cagliari o pasar una noche loca en las Vegas con Don King; su aparato de Golgi, es el citoplasma inundando el baño.

Higiene, ¿dónde estas? Contesta! Baño zona minada, mar de pis hacia los juzgados de plaza castilla, va detenido y bajando la cuesta, sale la patrulla, entro en escorzo y hago la grulla, todo salpica, gemelos y pernera, condensación, mucho CO2, se deshielan los polos, y el nivel del mar supera el de la suela de mis chanclas; mano en la ventana hace de ancla, vaivén traqueteo, ¿qué hago? Rezo, me refresco la cara o meo? Se repiten los males endémicos de todo baño mal hecho, la santa trinidad del gremio albañil con prisas y sin empatía:

1 se cae la tapa del váter, porque el tanque de la cisterna es demasiado saliente.
2 el grifo de la pila esta demasiado pegado al borde, y no moja, ensucia
3 lavado de manos, sí, pero ¿para qué? El pomo de la puerta tiene el veneno del que no se lavó anteriormente, ¿qué? claro, los hindús no trabajan el scotex[1], y aunque el lavado manual puede conllevar un ohio más pulcro (obviando las nalgas goteando como sauce llorón tras tormenta) las manos suelen quedar como el Rosario de la Aurora.

India power, lo que no te hace más fuerte, te mata.

¿Y la gente? ¡la vida! no frena, desplazan, se adaptan, rodillas, muy rotas, dobladas, sin queja, los nenes, las nenas, se aúpan, con gracia, pillan una tabla, convierten en cama, si paran, se bajan, fuman, lo clavan, sábana, santa, de Delhi a Kerala, lo flipo, lo escribo, sin pausa, me encanta, hago una foto, se ríen sin gracia, digo “de España”, suena la vía, ¿con saco? sudo, lo intento sin nada, tripa está helada, desvelo y jarana, gritos neonatos, parió una embarazada, se acaba la tinta, no pasa nada, el tren me hace la cobra, y quita la cara, aunque se que le gusto, sonríe el maquinista, sonríe el silbato, pita en cada parada, le pido su número, me da el de mi asiento, litera lisiada, prometemos vernos, vernos otra velada.




[1] Me contaba un yoghi, guía religiosespiritual, la siguiente historia: navegaban en un buque mercante hindús y occidentales mezclados. Un día, hartos del vacile y la vejación que sufrían los indios por su costumbre de no usar papel higiénico, aparecieron en la mesa con un tarro de mayonesa, y pidieron al capitán que metiese los dedos dentro, después le dieron papel para limpiarse, y pidieron a todos que observasen los restos de Hellman´s que aún quedaba entre sus nudillos, uñas y falanges. Después uno de los indios metió mano al bote, la sacó y se limpió con agua, dejando escafoides como patena. Ya nadie más se río de ellos en aquel viaje. ¿Moraleja? Antes de echarte mayona, comprueba la fecha de caducidad por si ya esta vieja.



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