miércoles, 10 de septiembre de 2014

TAN TÁNTRICO


«Nada hay más puro que la luz del sol, la sombra de una vaca,
el aire, el agua, el fuego y el aliento de una muchacha»
Ley de Manu. Dharmashastra[1]

Hace añísimos ya, salí del aeropuerto de Delhi y enfrente vi, en plena autovía, una vaca campante y empoderada. El mito era un grito, y mis oídos besaban a mis ojos, que se deleitaban.

El bramahayana, libro sagrado del hinduismo, cita en sus primeras líneas a la vaca, ni para bien ni para mal, y desde entonces, la bovina hace del país su buffet libre donde pastar[2]. Aquí hay una, la sigo y ella me lleva al fuego.

Crematorio cremándose, no se cómo he llegado a mirar y ahora no se como dejar de hacerlo. A un metro de mí, un cuerpo tísico se ha vuelto obeso durante la combustión, abierto de patas como Ana Mato en una fábrica de confeti, y rociado con la inflamable leche de vaca, porta un coco entre los brazos, donde se guardarán las cenizas, donde se despide el cuerpo y se reencarna el saber-estar.

Tiembla mi cuerpo al jugar tan de cerca con la verdad, el humo apunta al cielo mientras los familiares no parecen llorar, es la hora de aspirar a algo mejor.

Esto es Puri, no hay un alma ya, las que había el viento a 42Cº se las llevo. Hacemos colegueo con los Green riders, hurtamos sus biciclos, y ruteamos entre templos. Jagannath, consagrado al señor del universo, nosotros balón a cuestas, poca patada que dar en estas zonas feligresamente infestas.

Hoy, en hinduismo para dummies:
Brahma creador del todo, deja caer descendencia: Visnu, el que ama y mantiene, Shiva que destruye y recicla lo malo, y Brahmán que…, que esta ahí; luego Shiva tiene un chaval, y tras pillarle in flagranti liándola parda, decide cortarle la cabeza; muy fuerte, sí, lo sé, también lo pensó así su madre, que decidió remendar la situación poniéndole una cabeza de elefante; ese es Ghanesa, la deidad que más mola del hinduismo, y la que mejor ejemplifica lo complejo, alocado y surrealista que pueden resultar sus parábolas a nuestros ojos[3].

Puri, en el estado de Odissa, ha sido dominada por afganos, mongoles, maratas e ingleses, convirtiéndose en tierra de muchos y hogar de pocos. En el 90 el grupo fundamentalista hindú Bajrang Dal comenzó la gresca con los cristianos, que no son sino las minorías étnicas en lo rural y deprimido. En 2008 dijeron que nanai, mataron a un líder hindú y acabaron con sus kelis incendiadas. Surgen así los naxalitas, diciendo que libertad significa justicia y dignidad, no solo fumar peis de hierba en sus playas.

Un enjambre de tipos y tipas pasan por nuestro costado portando lámparas en sus manos, cosa barroca, lámparas de pie, candiles y en forma de araña, es protocolo cuando alguien se va a casar, hacer de la despedida de soltero algo luminoso.

Ali y Sharsaa, allí en su refugio, bellas sus miradas, las lazadas de sus manos al pintar, hacen de cada botella que recogen un museo donde acampar. Compartimos risas, y compro -es verdad- el primer souvenir en 5 meses de viaje, pero a ellos les da igual, poco preocupados en el negocio, más pendientes de inventar.

Llegamos a Konark, el templo del sol, concebido como un carro cósmico hacia el astro rey; siete caballos tratan de remolcar la piedra de lunes a domingo, apoyados hora tras hora en las veinticuatro ruedas del día. Tiene esas cosas guapas que tanto nos gustan a los fetiches de Indiana Jones: al alba se cuela la luz entre sus ventanas, iluminando el altar.

Esculpidas en sus paredes, las escenas eróticas nos cuentan como motivar a un pueblo con baja natalidad, todo son rabos, bufas y chirris jugando al azar del amor al sexo sin amor. Construido frente al mar, era tal la cantidad de piedras preciosas en sus muros, piernas y brazos, que los barcos cercanos, en sus rutas comerciales hacia Indonesia, perdían su rumbo, al enloquecer la brújula y electro-magnetizarse su latir.

Ya en faena, nos ponemos los snorkel y nos sumergimos en la India más profunda; quedan muchísimas horas hasta Andra Pradesh, donde un tipo de Gandía, Vicente y Ferrer, decidió hace ya 50 años que la pobreza era algo a eliminar.

Nos metemos al tren, y no hay más agua que chai masala, té picante en bolsas plásticas llenas de tierra, ¡yiuju! Como chupar una maceta, cunnilingus a zarigüeya, trago y rasca. 

La tarde cae como piano por ventana, plomiza y seca; haréme el dormido, el que no habla no miente, y el que no miente no peca.




[1] Género de textos sánscritos que hace referencia a los śāstra (escritos sagrados hinduistas) relacionados con el dharma (el deber religioso).
[2] Otra versión dice que la vaca representa a la madre tierra, la naturaleza y por extensión la fertilidad y la abundancia. Como proveedora de leches se la considera madre nodriza de todos y todas. Denominada Kamadhenu, la otorgadora de deseos. Fuente: Agustina Campos Revista Enie Clarin, 2009.
El súper antropólogo Marvin Harris se preguntó porqué las vacas, que podrían paliar tanta hambruna y desnutrición en el país, es sagrada e intocable. Un enigma difícil de contestar en el país con la mayor población vacuna del mundo. Su investigación le llevo a concluir que para las familias campesinas, una vaca vale más viva que muerta.
[3] Coño, ¿a quiénes de nosotros una serpiente no nos ha ofrecido una manzana alguna que otra vez? Religiones y ciencia, como Pimpinela en concierto.

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