domingo, 10 de agosto de 2014

NO-MÁS-NORMAS


Distrito pachanga es el bombero torero en un lupanar, muere cada noche para volver a nacer. Planeando con antelación el no tener planes, como Toni Mejías[1], nos obligamos a improvisar.

Cada día establecemos un nuevo decálogo, obligado a contradecir lo anterior. El rumbo, por defecto, es tirar hacia el Oeste siempre, como los hermanos Pinzón, aunque a veces, como hoy, tiramos al Este con media sonrisa granuja.

Y he aquí algunas de las normas que a veces intentamos no cumplir:

1. Bocetar objetivos de risa: Nada de priorizar la visita al templo Dharbchazar cuando hacen la ofrenda, o avistar al facóquero endémico en época de cortejo. Vamos menos allá, tratando de jugar con unos monjes en Birmania o meter el balón en algún estudio de grabación bollywoodiense. Cosas que una vez hechas no sean fáciles de justificar.

2. Dar a la comida local la exclusiva de nuestro menú: Huir de restaurantes tuneados para turistas. ¿Qué pica? Que pique. ¿Qué quema? Soplo y espero. Plantarte con 2 euros en un mercado local de mil sabores y un olor naricida, buscando permutaciones de comidas hasta comprobar lo que cunde.

3. Montar pasadizos a la identidad cultural de cada pueblo observado: conscientes del correcorre y la saeta del reloj que nos sujeta, luchar por leer y preguntar, descargar guías, memorizar vocablos, aprender a escuchar concentrados, y sobre todo, tratar de empatizar, con la fuerza del agua en la montaña, cuando la nieve baja al río y acaba en el mar.

4. Preguntarse causas y efectos de cada situación: ¿Qué tienen? ¿Por qué se cuelan? ¿De qué se ríen? ¿Qué cultivan? ¿De qué sobreviven? ¿Por qué esto y no lo otro? Si no hay cemento, ¿es por falta de dinero o por exceso de bambú? Birmania es arroz, India es pan, Nepal es lentejas, y no, no puede ser mera casualidad.

5. Pescar al curricán un libro[2] guapo y cremoso sobre la tierra que pisamos: algunas páginas que nos maquillen el pensar con los pigmentos locales; para entender mejor todo, para meternos el miedo en el cuerpo al escribir, para volver a grafitear la tapia de nuestro ego con el “solo sé que no se nada”.

6. Cruzada contra los macro y micro machismos que invaden el planeta: que nos cuenten ellas, que destaquen ellas, que lo valen todo ellas, que merecen más voz, que lo dicen mejor, que dicen más hablando menos, que piensan todo y algo más, que huyen y aguantan, que sufren, paren y amamantan, y sin necesidad de whisky, póker ni pasta, también te bailan y se cantan.

7. Low-cost ingenio: paradoja, vivir sin Ryanair, hacernos pasar por chinos para lograr descuentos en museos (literal), rastrear y comer fruta cuando aparezca el hambre precoz, rellenar botella con agua de grifo trago tras trago, soñar en dormitorios compartidos, esas casas de citas no planificadas, donde trenzas amistades eternas mientras te lavas la piñata.

8. Apertura a las sorpresas: como un geranio ensoñado que no sabe si espera abeja o pulgón. ¿Carretera bloqueada? autostop que te crió. ¿La chica de la farmacia nos invita a un té en su casa? Poleo-Menta me llaman. Caer dormidos en aldeas sin nombre, esas que el GPS se saltó, con luz a ratitos, mosquitos del cretácico y escasa salida de balón. El que no espera, acude, y así de pronto, en la frontera más cochambrosa con Myanmar, encienden un viejo y achacoso televisor que grita “WWF”, pienso, la Wrestlemania[3] ha llegado y nadie lo va a poder parar.

9. No pensar en más futuro que en el de los demás: Nada de currículum ni poemas anónimos al difunto INEM. Me preguntan los backpackers a su paso por mi historia “and later? What do you want to do once you go back to Spain?”[4] y digo “Yo lo que quiero es hacer reír sin ser un payaso, ¿qué te parece el plan?”[5]

10. Otros detalles del viajar para crecer: dejar de abrir marca.com cuando pillemos un wifi; amar el frio, amar el calor, gozar del termostato vivo que odiamos ser, evitar ciudades con avenidas de tres o más carriles; revisar el calendario cada mañana, el espacio y el diario, no el armario, y sí las cosas del querer, pues la vida es un regalo.

bonus track: Nunca más quitar las pasas al muesli. 

Y mientras tanto, seguir en lo nuestro, aunque no tengamos nada claro lo que es.





[1] Los Chikos del Maíz, tocando en okupas por un bocata y un gramo de speed.
[2] Activando el procedimiento en Myanmar con las “crónicas birmanas” de Orwell, que un hermano salmantino me supo lanzar de mejor-imposible forma.
[3] Me parto, y disfruto del DDT ejecutado por un flácido “The Undertaker” sobre ese sparring-pardillo-barrilete de turno, por supuesto, jalaaandolo-de-los-cabesssllos.
[4] Y después ¿qué? ¿qué piensas hacer una vez vuelvas a España?
[5] “fracaso” piensan, pero callan, sonríen y miran por la ventanilla de la furgo, con los ojos en el horizonte y falsa expresión de seguridad como en las pelis de sobremesa antena3, cuando la chica decide dejarlo todo en su poblado countryside y buscar gloria en la Gran Manzana.


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