jueves, 21 de agosto de 2014

IR PA NÁ, ES...



“La doctrina del liberalismo es similar a la de los Evangelios: muchos son los llamados y pocos los elegidos”. Informe Lugano, Susan George (1999).


Se reunieron corbatas y gemelos, y sin decirlo se mencionaba: para manejar una situación hay que enumerar los elementos, y asignarles parámetros que definan su valor, su utilidad, su merecer-o-no-la-pena.

Surgió el PIB[1], el Producto Interior Bruto, que es un producto, porque se vende bien y se compra mejor, también interior, porque les sirve a los controladores y con eso basta, y sobre todo, es bruto, como un arado, como un buldócer en Cisjordania.

El PIB pilla los dineros, todos, los que existen y los que se inventan, balancea lo que sale y lo que entra, y como pista de baile en discoteca, te cuenta suficientemente poco de alguien como para poder evaluar y aceptar, o desechar, su compañía[2].

El PIB ha servido para catalogar y segregar a los guays de los pringaos, hiperdesarrollados y subprogresados. A más tienes, más cotizas, más te invierten, más te sientes, es la medida del “España-va-bien”, la medida del dolor provocado a la tierra[3].

El PIB no te dice quién sufre entre el bullicio de la riqueza, el PIB es perverso como el neoliberalismo, no entiende que no todos partimos de la misma base, y que dejar que cada uno se las apañe es, legitimo o no, egoísta y apático. El PIB per cápita coge todo y hace media, así que una aldea donde vive Amancio Ortega con 10.000 kurdos hundidos en la miseria, parece un mejor sitio donde invertir que ese pueblín cooperativo, donde sus 10.001 mans&womans curran de forma eficaz, se autogestionan sin corrupción y van sobrados de agua, de amor, de salud y de electricidad. El PIB sabe que siempre puedes hacer negocios con Ortega, Gates o Slim.

La realidad es que el PIB dice cuanto vales, pero joder, yo no me quiero vender.

Una banda de valientes empujó un chulo proceso de cuestionamiento del PIB, y Naciones unidas, con su mierda ramplante y sus salvajemente inmorales salarios, entendió que el PIB no sirve, que es herramienta de especulación para agencias de rating y dato de postín en los atlas enciclopédicos.

Se crea en el 90 el Índice de Desarrollo Humano (IDH)[4], que va más allá, que es complejo, que llega y te pregunta tu esperanza de vida, la morbilidad de tu barrio, tu acceso al ambulatorio, si has repetido curso, si es potable el agua de tu grifo, si, si, si, si todos estamos de acuerdo en que la pobreza no se mide hurgando en los bolsillos, sino mirando a los ojos y palpando el corazón.

Pero este IDH es difícil de medir, de rastrear, las cuentas bancarias, las facturas de luz, las nóminas… esas cosas raras que creemos universales, aunque millones de humanos no sepan de que se tratan.

¿Qué hacemos? ¿Cómo medimos el nivel de dignidad en la vida de las personas? Tu felicidad no es la mía, ¿tú quieres Ferraris? él quiere arándanos orgánicos, ella solo quiere poder amamantar, aquel una manta y libertad, yo… yo estos dedos para poder teclear.

(…descanso para ir al servicio)

Entre China e India hay un reino empeñado en decirle al mundo que la preservación de los bosques no se mide en dólares, que una fresa con sabor vale más que un camión de mandarinas nutridas con herbicidas cancerígenos de Monsanto, que la sonrisa de unas chavalas es más importante que dos décimas arriba en Wall Street.

Bután, el reino del dragón, la casa de veraneo donde desconecta del mundo el corazón.

En Bután hay un Rey, que quiso quitarse para dar la voz al pueblo, y el pueblo se negó, rebelándose al monarca para obligarle a seguir dando alegrías con sensatez.
En Bután no se encadena Greenpeace frente al Ministerio de Agricultura para exigir la prohibición del cultivo de maíz con estériles semillas transgénicas, porqué el Ministerio ya es de Agricultura Orgánica.
En Bután todos y todas tienen acceso a la tierra, la educación, los servicios médicos, las prestaciones sociales, al aire limpio, a la comida sana, al despertarse contento por la mañana.
En Bután no hay semáforos, no hay grandes cirugías, no hay cardamomo ni pétalos de rosa en los gin-tonics, en Bután nada es perfecto, ah ¿quién quiere ser perfecto?

En Bután hombres y mujeres van en falda y en zuecos, su dieta se basa en la guindilla, que protege de parásitos y ensalza las emociones.

En Bután no había televisiones hasta 2002, cuando la presión de un mundo que no frena, les puso pantallas para ver el mundial de fútbol de Corea y Japón.
Pero Bután no cae en la trampa de la hipnosis masificada, y pasando de la FIFA, organizo el contra-mundial, disputado entre la selección de Bután y la de Isla-Monserrat, las dos peores según la clasificación FIFA; ya sabes tron, alter-globalización o destrucción, es lo que toca.

En Bután pasan del PIB, les parece una obscenidad. En Bután se juega a lo medieval, tan medieval que miden su desarrollo mediante el Índice de Felicidad Interior Bruta, que no solo valora el bienestar presente sino también cómo “el Hoy” afectará al bienestar futuro.

Va, dime, ¿Cómo no voy a querer jugar una pachanga por allá?

En Bután no puede entrar cualquiera. Han definido una capacidad de carga de 25.000 turistas por año, para mejorar sus cosas sin destruirlas, para que Starbucks no sustituya a los pequeños cafés de barrio, para que los masajes con paja no rapten la adolescencia de sus niñas, para que los jaguares sigan corriendo sin miedo.

¿Y como filtrar a la gente? Reduciendo la demanda y subiendo el beneficio. Cada turista debe pagar casi 250 dólares al día por estar en el país, precio que incluye todo, comer, dormir, ser guiado y querer volver.

El distrito tiene menos presupuesto que los maquis, sin poder permitirnos caprichos, y tras meses de fallidos intentos para lograr una carta de invitación de un contacto local, decidimos pillar una mototaxi e intentar la clandestina emboscada.

Llegamos a la frontera, puente de Phuentsholling que une la provincia de Assam, en India, con el deseado Bután, “Va, corre, corre, dale, sin preguntar, que pase lo que tenga que pasar, deben ser buena gente, tal vez nos comprendan, y si no, nada, la vida no esta para ganarla, esta para intentar vivirla”.

No duramos 100 metros, nos frenan, ponemos ojos de carnero degollado, “Just one day, come on! we play a football match with the kids and we leave, ok?”, nada, no hay manera, necesitamos agencia, solicitar un permiso y pagar la tasa por un mínimo de 4 días.

Bueno, nada, la pegamos suave y al palo, porqué somos unos flojos y no sabemos chutar fuerte, esto es Bután, buenos días y buena suerte.



[1] 1934, Kuznets inventa el PIB; 1938 Rüstow menciona neoliberalismo por primera vez; en el 89 Williamson empaqueta las decisiones tomadas en el consenso de Washington. Hechos disjuntos, sin relación entre si, ¿o sí?
[2]Es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional. Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el plazo corto y el largo. [...] Los objetivos de "más" crecimiento deberían especificar de qué y para qué”. Simon Kuznets, 1962.
[3] “El PIB cuenta el napalm y el costo de una ojiva nuclear y los vehículos blindados que combaten los motines callejeros. Cuenta el rifle de Whitman y el cuchillo de Speck, y cuenta los programas de televisión que glorifican la violencia con el fin de venderle juguetes a nuestros hijos. Sin embargo, el PIB no mide ni nuestro ingenio ni nuestra valentía, ni nuestra sabiduría ni nuestros conocimientos, ni nuestra compasión ni nuestra devoción a nuestra patria. Mide todo excepto lo que hace que la vida valga la pena”. Robert Kennedy, 1968.
[4] Amartya Sen, y gente que llevamos sombrero sólo para poder quitárnoslo cuando por delante nuestro pasa él.


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