sábado, 16 de agosto de 2014

Featuring: DRAGONES VERDIBLANCOS

Pachanga en Bali, febrero 2012, Alfon ataviado con vintage fular, arrastra a la defensa local para abrirme espacio por la banda derecha.
El distrito, como las birras en 2-de-mayo, mola si es entre todos. Por eso, visto el éxito de Pitbull haciendo featurings[1], planteamos la idea de tener colaboradores, para darle más glamour y poder traer al ruedo pachangas que nosotros no podemos ver, vivir, ni contar.
Hoy debuta Alfonso Cobo, periodistazo cordobés, de pluma fina, y cucharón estilo Raúl. Nos trae una historia desde los suburbios vietnamitas, un aplauso for the Hanói-Betis connection!



DRAGONES VERDIBLANCOS
La parte más pobre está cerca del río. La menos pobre se aleja de la orilla. Es probable que, tanto unos como otros, no sepan nadar. Pero sí saben salir a flote. El vietnamita siempre ha sido un pueblo incansable, humilde y luchador. Un pueblo que canta y sonríe, “manque pierda”. Como el Betis.
Quizás por eso quiso el destino que por una de las arterias coronarias de Hanói, capital del país, circule todavía algo de sangre verdiblanca.
Es domingo, pero fue días atrás cuando supe acerca de una ONG, de origen australiano, llamada Blue Dragon, que ayuda a la educación de niños vietnamitas sin recursos desde el año 2002. Tuvieron una idea redonda: exprimir todo el jugo posible del balón. Fútbol, educación. Fútbol, corazón.
Blue Dragon es azul y yo he venido a hablar del verde, del Betis en Vietnam. Pero es que una cosa lleva a la otra. No recuerdo muy bien cómo descubrí esta ONG, pero creo que fue en un bar, en uno de esos folletos que, habitualmente, nadie lee. A raíz de esto, un amigo me comentó que, “rascando” las letras de “Blue Dragon”, aparecía una bonita historia: la del Real Betis Vietnam. Poco más puede decirme.
Así que investigo, bicicleta mediante, y cruzo al otro lado de la ciudad, donde cada día duerme y despierta el río Rojo. Allí me espera Nguyen Phuc Tho, voluntario vietnamita de Blue Dragon. Es él quien hace memoria y me habla de los orígenes del Blue Dragon United (así se llama ahora el club de fútbol que promueve la ONG). Me cuenta que estos “dragones azules” fueron –desde 2003 hasta 2009- “guerreros verdiblancos”.
Los inventores del fútbol, los ingleses, tiñeron sangre azul un proyecto que, inicialmente, había patrocinado un sevillano[2] y bético a morir que pasó un tiempo por Hanói y se interesó por los proyectos de la ONG. Suya es la culpa de que el Real Betis Vietnam jugara cada domingo en los terrenos de juego vietnamitas. Es la magia del club de Heliópolis y el azar del fútbol.
No puedo esconder mi decepción. He llegado tarde y el Real Betis Vietnam es una ya historia repintada de azul. Sin embargo, cuando piso el terreno de juego, descubro con sorpresa que son aún muchos los chavales vietnamitas que visten la elástica verdiblanca. Todavía fluye un hilo de sangre bética cerca del río Rojo, en los campos de fútbol de Long Bien, el barrio de Hanói donde suceden los hechos que narro.

Tho me cuenta algo que, por desgracia, no es difícil de adivinar cuando llegas a este barrio: que es uno de los más pobres de la ciudad. Abunda la gente sin recursos, campesinos que emigraron a la ciudad en busca del “sueño americano”, que pocas veces se hace realidad. La escasez de recursos económicos siempre afecta a los más débiles. Sí, jóvenes y niños. Se crea una postal social gris de la ciudad con muchos de ellos deambulando sin hogar por las calles. Son náufragos urbanos.
La solución de estos chicos es muy complicada, pero el fútbol amortigua el golpe y, a veces, incluso sirve de antídoto al veneno de las situaciones más miserables.
Con esta vocación nació el Real Betis Vietnam, actual Blue Dragon United, con la idea de que los chavales olvidaran sus problemas jugando al fútbol. Pero no solo eso, sino que el fútbol también actúa como hogar y como escuela. Tho asegura que el deporte les ayuda a comportarse mejor y les motiva para salir adelante.

De hecho, en los campos de Long Bien no gana el equipo que más goles mete una vez que el árbitro señala el final del partido, sino aquellos jugadores que demuestran un comportamiento ejemplar. Y el título final es una pastilla de jabón o una lata de comida.




[1] Invitados e invitadas a la palestra, el que tenga algo que soltar, que chute ahora o se la ponga para siempre.
[2] Loopings y piruetas de la vida, ese sevillano resulto ser Gonzalo Serrano, el amigo de Alberto que nos hospedaría en Bangladesh.

1 comentario:

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