viernes, 18 de julio de 2014

STRIKE!


La agonía en el bus de Rasputín para huir de Sittwe, me exigió mentalmente más que un tie-break a Safin en una final de Wimbledon. En el umbral del viaje, a falta de 960 minutos, pedí un catéter y una máquina de diálisis, pero no me entendieron, y seguí sintiéndome Alex-Naranja-Mecánica en las pruebas de esquizofrenia, visualizando gags de travestis birmanos a más decibelios que una disco móvil en la Love Parade.

Llegamos a Mandalay a las 4h10 am, y el Bayern empataba con el Arsenal en el garaje que nos recibió.

¿Qué tienen en común Joachim Löw, Joaquin Phoenix y Joaquín Ramos Marcos, aparte del nombre? ¡Nada! Exactamente lo mismo que ver en Mandalay City. Atajo de humo, berridos, asfalto vaporoso y charcos rojos de tabaco mascado. Yo Huyo.

Plan de escapada: Hsipaw, pueblo de montaña a solo 6 horas en bus tartaja, con más animales que personas (¿bus-granja?) e incluyendo una subida de cuesta a pata porque los caballos no tiran.

Necesito sacarme un raro nudo bruto hacinado en mi estomago durante los días en Sittwe. El ambiente, la metralla, los alambres de espino, el toque de queda, mi barba pseudomusulmana y demás, me habían desamueblado la ya manga-por-hombro mente que llevaba a la ida.

Hsipaw me debe dar eso, calma, paisaje, andar por andar, tumbarme en hierba con miedo a serpientes[1], y por supuesto, jugar al amor al arte del pase y el desmarque.

Mi objetivo bimano, jugar una pachanga con monjes en su feudo, parece disiparse, me quedan 3 días y lo más parecido fue jugar con aquel buda rakero[2], esa oveja salida del rebaño Theravada[3], que me tiraba del pelo en el encuentro disputado a las afueras de Bagan.

He preguntado a todo kiski dónde podría chutar entre túnicas granates e inciensos, pero nada. Pensando en enviar un email al señor Lobatón, decido no remover su agradable retiro del mass media, y pretendo seguir tirando dados a voleo con dedos y mareo. Echo un tres-en-raya a falta de Manolo el del Bombo y su Mestalla.

Enfilo la aldea sin brújula ni coordenadas, me subo en la vía del tren y la recorro, fetichista ferroviario, me gustan esas zonas de extra radio, donde los turistas no están, donde los niños juegan a la peste, tifus o tétanos, en este caso sin simulacros, donde las mujeres se bañan a cubos del pozo, con pareo hasta la pechera y vergüenza sonriente, donde los perros son guardas y deciden quién pasa, lenguaje de ladridos, me toca agacharme y coger piedra-amenaza-huida cada 10 metros.

Busco un taller factoría donde se curran los cigars locales, una suerte de puro con hoja de banano, que por lo que me dicen y no entiendo, envuelven el mejor tabaco picado del país; puro, natural, menos malo, nada bueno, las abuelas se los triscan doblados, ¿elixir de juventud? Melancolía del opio y su época como vedettes en la Gran Vía de Yangón.


Paso por Chinatown y en los arboles hay grafitis de claves de sol, sonrío bobalicón yo, nadie me mira, onanismo turístico, no freno, esquivo, arriesgo y nunca me pierdo porque no tengo destino, todo vale si esta desangelado o escondido.

El río baja lento y desganado, como yo, época seca, todos los residuos del país se acumulan en esta presa, de bollycaos, bolsas de Rufles y galones de Dixán. A pocos metros, las familias se lavan la ropa, la piel, las ganas y el futuro, ríete dermatitis, lo que no mata te hace más fuerte.

La bici de Prudencio Induráin es mi alfombra de Aladín mientras suena “Un mundo Ideal”, y enrollo puros, cuezo noodles, riego sandías, y soy adoptado por Mrs. Boad y su familia, a quienes prometí recomendar, promover y amar.

Ese camino me llama, ¿o le llamo y me sonríe? Monasterio al fondo, monjes entran-salen, el budinova, para todas las edades, cargan agua, aclaran el arroz, suben piedras y… ¡blom blom blouf! Oigo botar un balón de mimbre; aquí hay un trabajo que hacer Señor Lobo…

Reverencias, saludos, descalzarse, risa y mimetismo, hoy aquí se resumen las mil caras de la poliédrica pachanga: da igual donde estés, fajas y caños siempre quieren lo mismo. Pasarlo bien, acompañar al sol en su bajada del monte, subir los egos de sueños hechos con pan Bimbo, ¡lo logramos!

Juego con los monjes, en rondo, que no caiga, que ya es bastante, luego vienen las virguerías, arco y empeine por debajo, digo taquito lateral por no decir espuela, y muslo en versión “me-agacho-hasta-que-trisco” como un padre bailando “pajaritos por aquí pajaritos por allá” en una boda, y lo pasamos gordo.

Ellos con el extranjero raro. Yo con los raros monjes. Sus sonrisas no son de alegría ni gracia, son de felicidad, ¿de calma? hay algo metafísico y espiritual en cada toque (sin llegar a ser ZP hablando de la Alianza de Civilizaciones), y ni yo soy muy asceta ni tampoco kharma-chakristico, pero hoy sí siento cosas.

Hago obeso esfuerzo por ajustar mis toques pese a la fea curvatura arco-mudéjar de mi empeine, y a su vez video-fotear todo lo que puedo; la luz es para pedir que la cambien, nublado, Santander en día bueno, pero la magenta de sus telas pinta un crisol bastante guapo.

Me atrevo con semi-semi-escorpiones, un semi por no hacerlo en vuelo, y otro semi porque casi nunca logro contactar mi pie con la esfera; anyway, los chavales se asombran, y yo murmullo “hombre, tampoco es pa tanto”.

El monje mayor, Piu Piu, saca maestría Shaolín, y toca nubes con su carpo, mientras me enseña buenos trucos Tamariz para darla de rodilla por detrás, una vez que la bola te sobrepasa. Espero aplicarlo cuando sea pequeño.

Tocan la campana, son casi las 6 y las viandas están listas para la cena, esas viandas que han recogido durante el día, en sus negras cestas para donativos con las que recorren el pueblo, dando su bendición a los tenderos y tenderas como contrapresta por sus dádivas.

Recojo, abrazo y muestro fotos, esto les gusta porque les tiene que gustar, porque es como ver tu primera Polaroid, que no te lo crees, como encender la primera Atari, o como ver tele5 y antena3 llegando a esos pueblos donde crecimos solitos, solitos con la 1, y solitos con la 2.

¿Entonces ya esta? ¿Objetivo Birmania conseguido? Sí pero no; solo queda un pequeño detalle por cerrar, una nimieza, pespunte, fleco, casi-ná: Salir del país por tierra[4]. Pueden googlear las opciones como lo hice yo, o esperar al siguiente post, como espero no tener que hacer yo.

(mmm… segundos de rascada de barbilla)

…no, no quiero acabar diciendo “yo”, esta feo, esta ególatra. Como dijo Benito Floro en el descanso en Vigo “con el pito nos los fo & amos”, pues eso haremos, avanzar con la bendición de los enanos, encontrar la ruta prohibida y pasar cuando me digan que espere, cruzando dedos, saltando mares.

Caminante no hay más camino que el que crean tus pies.




[1] Burma es number one mundial en numero de especies venenosas, no mola.
[2] Entrañables personajes santanderinos, chavales del margen social, que saltaban desde los muelles de Puerto Chico, a recoger las monedas que la gente-bien les lanzaban al mar. Ahora la palabra ha derivado en sinónimo de kinki, kie o macarra.
[3] Una de las principales corrientes del budismo, la más anticuada, y también la más extendida en Birmania.
[4] http://www.distritopachanga.com/2014/06/patadas-de-madrugada.html



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