martes, 22 de julio de 2014

LA GRAN EVASIÓN


(madre) Hola, ¿Q tal? ¿Ya has llegado a casa?
(hijo) No, te escribo desde allá.

Mi plan antiojeras ha sufrido tantos reveses en el último set que las bolsas cuelgan bajo mis gafas de sol como gajos de mandarina. Otra madrugada al teclado[1].

Todo un revuelo.

Entrar en Myanmar por tierra fue mi sueño Luther King durante meses, salir de Myanmar por tierra fue solo la utopía de mi comunista falansterio[2]. ¿So? ¿Que pasó? Esta pequeñísima historia quedó pendiente de resolución el 25 de febrero en Yangon y he aquí que hoy se resuelve:

Tirando de falta de agenda, el lunes acordado me acerqué a la Embajada India, buscando info, aspirando a solución. Aparqué mi bici-comadreja entre lujosos Lexus y levanté la vista para ver a cien-cuenta-la-vieja-y-pico personas coleando para entrar. Envueltos en un maremágnum de fotocopias, dossiers, fotografías tamaño carnet, cartas de invitación falsas y caras de angustia suplicadora, entendí que la mañana, o la semana, sería tan corta como divertida, muy poco de ambas.

Visualizo entonces una cara familiar, un espigado pibe que destaca en la fila por sus facciones caucasianas[3]. Me acerco buen-rollista y le pregunto, con tono de pedir dos cañas en tasca de suelo con serrín, si piensan volar o cruzar la frontera a pata.

-      «¡Shhhh!»

Se le salen ojos de las cuencas como a la Piquer cuando la dejas de querer, y sin quitar el silenciador dedo índice de sus labios, me dice:

-     «Ne parles pas très fort si tu dis que tu vas travèrser la frontière à pied. Ils ne te donneront pas la VISA si tu parles très haut[4]».

Aparición mariana, en este caso helvética. Toni y Clo, rastas suizos en el mismo tren. Llevan viajando beaucoup de meses por tierra, y en aproximadamente tres minutos sabemos que seremos amigos para toda la vida. Me cuentan y explican papeleo, trámites y demás requisitos; necesitamos lograr la visa para India sin decir que vamos por tierra ni poder demostrar que vamos por avión; una vez logrado eso, solicitar un permiso especial en Myanmar para que te dejen escapar. Todo cuesta dinero y queda sujeto a los cambios en el protocolo interno de seguridad provocados por tiroteos y bombas caseras en mercados y estaciones de autobús. El borde lleva tres meses abierto, la parte birmana se abre y se cierra según la gresca.

¿La parte india? Ahí viene lo malo. Manipur lleva desde el 80 en guerra guerrilla guerrero y cuchara de palo. Ellos, los suizos, ya lo sabían y se ríen, yo estaba rilado de hacerlo solo pero ahora estoy acompañado, así que también río más fuerte que ellos (creo), aunque tal vez sea por mi espíritu latino (no).

Tras una semana de huellas dactilares, formularios, preguntas tipo «¿tiene-usted-pensado-matar-al-presidente?» y miedo a tacto rectal, obtengo la visa, obtengo el permiso solicitado, obtengo una nueva pareja, esta francesa, y una cita para vernos quince días después en Mandalay, al norte del país, donde un oficial del gobierno birmano nos llevara de la correa hasta la frontera con India.

Me encanta la situación de hacer planes a dos semanas vista con gente que no conozco. Como Aníbal echando el humo a Murdock, espero que los planes salgan bien.

(15 días después).

Todos sanos, destruidos, felices y ansiosos, nos montamos en la furgo para 11 teóricos + 4 ¿no-véis-que-no-cabéis? pasajeros.

Primer tramo Mandalay-Kale:
No puedo describirlo sin recordarlo así que no lo describo. Luciferlandia seria un eufemista halago exagerado. Las he pasado muy putas en motos Derby trucadas por aldeas perdidas del Vietnam, todo lodo, roca y cae-levanta, pero esto es una vía principal entre capitales de estado, imposible peor.

Ayer vi el Málaga-Madrid con los empleados del motel y mi cuerpo es bolsa pisada-usada-mojada-y-abandonada del Mercadona. 13 horas. Freno para soñar con dormir.

Estamos en Kale, la nada; hay dos  «quiero-ser-un-hotel-pero-no-sé-como-lograrlo», uno esta normal, da asco pero es genial, tres euros la habita, mas no tiene licencia gubernamental para alojar extranjeros por su supuesta falta de calidad. El otro es una letrina muy grande, vale ocho pavos, y no tiene luz, nada, ni para ver la cara del recepcionista, que podría ser Bertín Osborne y nunca lo sabría (eso jode).

El dilema de Pitágoras es la o con canuto frente a comprender los criterios del Ministerio de Turismo para dar la certificación a uno u otro hotel ah no, perdón, que los sobres, ante todo, sirven para esconder dinero. Trato de apagar la lámpara de la mesilla de noche, pero no encuentro ni el interruptor ni la bombilla, el neón queda prendido, para poder ver mis sueños y pesadillas mejor.

Siguiente tramo Kale-Moreh: Estamos frente al alambre de espino, la frontera…





[1] Fuera de servicio por necesidad de mantenimiento, le he pedido a mis ojos un último esfuerzo para no dejar que las ideas rebeldes se escondan entre las colinas de mis sueños frondosos; al son de un macarra  «¡qué coño!” han aceptado la petición.
[2] Aparecía en los libros de texto de EGB pero casi nadie los recuerda ya. Diseño de Fourier, ideal de la convivencia y la producción colectiva, su nulo éxito fue proporcional a la belleza de las purgas estalinistas.
[3] El Toni, con increíble-ísimo parecido a mi querido Yayo David.
[4]  «No hables muy alto, que como digas que vas a cruzar la frontera a pata, no te dan la visa».


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejanos saber qué gusta-disgusta, qué cambiar-mantener. Gracias.