martes, 8 de julio de 2014

JUEGOS DE MACHETE Y FUEGO: RETO 1


Me pellizco y me entusiasmo.

Llegué a Sittwe en lo que Stephen King llamaría guión, y Stephen Hawkins agujero negro. 36 horas de capsula gore, pintando los labios a esos precipicios seductores, con más miedo que vergüenza, que incomodidad, que madrecita-madrecita-que-me-quede-como-estoy.

Lo que prometía ser una terrorífica noche de baile, al son del bache, tornose película snuff a partir del segundo checkpoint militar, cuando mis legañas le echaron ovarios para comprobar que era yo el único lechoso en ese camión centenario (100 años, 100 personas, 100to escalofríos de recordarlo), e inocente de mí pregunté a que hora llegábamos, escuché 8, aún eran las 5am y el sol se animaba a saludar, todo bien, hasta que oí “afternún”, ¿cómo? ¿15 horas más de las previstas? ¡come on baby light my fire! …y clávame una katana en la femoral.

A partir del cuarto puerto de montaña, confirmado el estado de excepción por sus controles militares, y confirmada la ciática crónica y una triada eventual, pensé seriamente en ponerme botox en las nalgas para la próxima expedición.

(llegamos, bueno, llego yo, el conductor y los dos mozos de carga, los otros noventa-y-cientos pasajeros ya se habían ido dejado caer en los 20-y-tantos pueblos donde paramos paulatinamente, sí , eso, muy latinamente)

…¿y ahora qué hago? zona con toque de queda, ambiente espeso, taza Paladín, conductores de tuctuc pigmentan mi vivir con su aliento whisky-ajo-sudor-tabaco, saco la dirección que busco, el piso franco de la ONG ´Acción contra el Hambre´ quienes me dan agradecidísimo[1] refugio.

Vamos pa allá, helador todo, siento cosas que no me gusta sentir; de la nada, ¡gritos! muy cercanos, muy intensos, veo tres militares con ojos inyectados en fuego acercarse a todo correr, otros dos pasan por mi espalda esprintando hacia la oscuridad, otro grita enfados varios desde la garita, me giro, late el corazón pero no lo oigo porque la patata del conductor suena aún más alto; me giro, un kalashnikov esta apuntando mi cara, el otro apunta al driver, la mano del milico tiembla en su hedor, insultos o precauciones, ¡¿qué coño es esto?! no sé, estoy en shock, me fijo mejor, hay barricadas alrededor, alambre de espino decora la acera, cada segundo cae lento y pesado como una grúa, saco-sacan mi pasaporte, esperamos, llegan más uniformados, y no nos dejan seguir, media vuelta, esta la cosa caliente aunque nadie me lo explica, estamos en Sittwe y esto es lo que (creo) quería ver.

(gruiñññññ… –inexacta onomatopeya del rebobinado de una cinta MC-casete en nuestro loro Fisher-Price-)

La genética mendeliana del conflicto es difícil de explicar, aunque para un outsider como yo es más factible simplificarlo todo, y poder describir, tal vez erróneamente, que chuchas esta pasando por acá.

El embrión trazable, siguiendo el estandarizado guión de país colonizado en tiempos modernos, se sitúa en tiempos del Imperio Británico por Burma, considerada entonces estado de la india y no un estado en sí mismo.

Los británicos trajeron indios bengalíes como extensiones de sus látigos, tejiendo así una red de mando más ancha, más larga, más disciplinada. Esto nutrió los rencores entre nativos y externos amagos de capataz. Esos indios y sus descendencias se entremezclaron con otros y otras, básicamente musulmanes de Bangladesh, gitanos de Manipur e hinduistas de Bengala.

Establecidos durante décadas en la zona, y obviando un par de hostias sueltas, podría decirse que existió una convivencia sana en esa diversidad étnica y religiosa.

Pero esa convivencia escondía suspicacias, telarañas de Bernarda Alba, como dinamita esperando su mecha.

Los musulmanes, denominados Rohingya, sentían discriminación perpetua al ser negada su identidad, pues no merecían carnet de identidad birmano; sus opciones de participación política eran menos que nulas.

Rumores o verdades, unos musulmanes raptaron-robaron-violaron a una chica budista, y la cerilla se prendió. El movimiento budista radical 969[2] liderado por el nazista monje U Wirathu, impulsó los odios, y surgieron los palos, las antorchas, las piedras y los machetes.

Religión, racismo, discriminación, soberanía, puestos de poder, acceso a la tierra, demasiadas variables juntas se tradujeron en pueblos quemados y miles de personas desplazadas de su hogar por el miedo y el no-saber-qué-hacer.

2011, 12 y 13 observaron como la comunidad, en la ciudad de Sittwe y especialmente en lo rural alrededor, se rompía y se odiaba. Como dice Aung San Suu Kyi “el poder no corrompe, es el miedo a perder el poder lo que corrompe”, lo vimos en hutus versus tutsis, sunies contra chiítas, tigres tamiles y srilankos, y otras pelis de terror etnicida.

Hoy llego a este lugar para conocer su historia, para comprender más el porqué no somos de otra manera, y sin tanta diplomacia, para jugar una pachanga en los campos de refugiados budistas y en los campos de refugiados musulmanes.

8 de enero, Reto 1: buscando Set Yone Su

La cosa esta jodida mi hermano. Para entrar en los campos hace falta una autorización emitida por el gobierno con el que primero debes haber suscrito algún tipo de acuerdo justificando tu misión y tus herramientas. Yo no tengo tiempo, y aunque soy muy nada-que-perder-ista, no me veo en la Dirección Provincial de Asuntos Exteriores explicando que 2 pachangas no es igual que 1+1.

Un periodista británico me ha dado el contacto de gentuza que se dedica a infiltrar gente en los campos a cambio de un puñado de dólares (entre 100 y 300 dependiendo de tu cara bonita, y yo no soy Robert Reford). Paso de caer en el juego, mientras se confirma el rumor: muchos reportajes del suplemento dominical surgen de trampas y sobornos para acceder a la miseria y poder mostrarla.

Mi barba es un hándicap. La gente lo asocia con la musulmanía, me miran con recelo, yo sonrío y trato de enfatizar mi sombrero trendy y mis gafas de sol western style; finalmente, muchos me sonríen cuando mi bici surca su tierra.

Unas 30.000 personas, nativas, budistas, de etnia Rakhaine, viven hacinadas en barracones chabolescos. Tienen miedo de volver a su aldea, o a lo que quede de ella. La situación parece largamente temporal. Espero que mi barba no impida jugar una eliminatoria.

Salgo de la ciudad, varias millas, que es como se miden aquí las distancias, pero las indicaciones que recibo no encajan con lo que veo. Me siento desubicado y un pelín vulnerable. ¿Cruzo el río? ¿Doy media vuelta? Distraigo la tensión recordando expresiones que me flipan: “merienda-cena, hacer-recados, criar-ponys…” y a lo lejos veo a unos chavales pateando un buen esférico, blanco con hexágonos negros, un clásico, sobrio y elegante pese al tute del tiempo y los arañazos del guijillo.

Me meto, se entusiasman, todos contra todos, un autentico gol-portero, que tras 5 minutos de casi-me-sacan-los-ojos se convierte en todos contra el extranjero; normal, se alían, me defienden en formación de águila, gladiador Décimo Meridio “¡no os separéis!”.

Me la juego a tiros de lejos para evitar los cristales que confinan los bordes del área. Me la pongo y se la ponen, trabajo las chilenas en las zonas arenosas, les encanta, están llenos de energía y corazón.

Cuando estoy de portero saco alto, altísimo, tratando de recoger asteroides con la folha seca, muchos niños y algunos mayores, y ¡al fin! una niña,  se deleitan y corean “wowwww” cuando ven la bola en lo alto, de colegueo con las nubes.

Estoy derrotado, freno, fotografío la estampa, veo los alrededores y pienso “Si esto está así, no me quiero imaginar los campos”.

Se me va el sol, saco el papel y pregunto por “Set Yone Su”, todos ríen, me señalan el piso, estamos en él, sin querer, otra casualidad bien planificada, había entrado por un lateral abandonado sin yo saberlo, jugábamos en el campo de refugiados sin reconocerlo, y Sittwe parece hoy un sitio más seguro.

(…to be continued)



[1] ¡SúperSofía! ti amo, de hecho, cardiólogos confirman que no te cabe el corazón en el pecho.
[2] 9 son los atributos de Buda, 6 los atributos de Dharma, y 9 los de Sangha. Esta explicación luce mitológica y celestial. Pero rascando en el lodo, capté esta otra versión: los locales de negocios manejados por muslims, tiendas en cualquier rincón del planeta, muestran un visible 786 en su porche, cifra basada en versos coránicos, que citan Allah, el Compasivo y el Bondadoso. Los neo-skinheads del 969 esgrimen que 7+8+6=21, indicando el siglo previsto por los rivales para ejecutar la Yihad e imponer el Islam desde Mercurio hasta Júpiter. Revisando la cosmología numérica, ¡sorpresa! ¡969 es el número opuesto al 786! ¿Coincidencia? como diría el peluquero de Ventu: que cada perro se lama su badajo.


2 comentarios:

  1. otras expresiones para futuros tirayafloja: "catarro mal curado". cómo puede ser? si es catarro, lo es, si está curado lo está, pero todo a la vez, y mal, es un desatino, es un sindios.... :-) desde el catarro mal curado del invierno en julio, que siga la pachanga!!!!!!!!!!!!!!

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