viernes, 11 de julio de 2014

JUEGOS DE FUEGO Y MACHETE: RETO 2


Reto 2 Buscando Basara

Sigo en Sittwe, sigue Sittwe en mí.

He pasado un fin de semana diferente, rodeado de gente entre paredes, rodeado de miradas en el exterior. En este pueblo hay toque de queda, a las 12 debes estar a salvo de ti mismo y de los demás. Eso complica las visitas, dificulta el baile y promueve las borracheras dormidas en sofá hasta que salga el sol y puedas de nuevo saltar al asfalto.

Mi organismo anda hecho verga, siento un nudo en el estomago como Valeri Karpin al ser entrevistado por Quique Guasch, que no sabes lo que es pero quieres que se vaya.

Ese bus ha destruido mi sistema inmuno-lo-que-sea. Pero mi anfitriona es un sol y como tal hace brillar el día. Pedaleo a playa, olas y pachanga. Me inserto, y desconecto, aunque en Sittwe, ni siquiera los goles se celebran con tranquilidad.

La atmosfera está cargada, hay informantes cazando fonemas en cada suspiro, el monje U Wirathu[1] es el innombrable, rollo Harry Potter, su nombre se dice con los labios pero sin garganta.

Cuando trato de abrirme paso para llegar a un campo de desplazados musulmanes, la gente cambia su expresión, hay riesgos y peligros, pero no se pueden enumerar, están pero no los conoces, y a mí esos que-sí-pero-que-no me joden, molestan y desconciertan.

Hace unos meses vinieron unos genios de ´Payasos sin Fronteras´, se aliaron de polizones en un coche de la ONG ´Save the Children´ y lograron hacer un espectáculo en el campo. Después entraron periodistas del Washington Times y de Human Rights Watch haciéndose pasar por turistas. Sus reportajes[2] despelotaban al gobierno birmano, poniendo en evidencia los dolores y desatiendos.

En los campos de aquí, como en los de allí (Chad, Sudán, Jordania, Timor Leste…), hay mafias. Historia de tu Bronx, si pagas te cuidan, si no pagas, te liquidan. Cabecillas que entran y salen, cortan y parten, ellos ponen las pruebas para probarte, deciden si tienes cigarros o baterías para cargarte, si tienes que compartir letrina o si puedes cagar en el campo sin violarte.

Esos grupos destrozan, por norma y sin conocida excepción, los programas de ayuda, como ejemplo recurrente, distribuyendo los sacos del Programa Mundial de Alimentos según su criterio de amistades.

En los campos de Sittwe, como en todos, hay problemas de registro: ¿quién esta?, ¿quién falta y debería estar?, ¿quién sobra y se aprovecha? Si no te han crujido, enviudado, incendiado tu hogar o similar, significa que no eres damnificado y, por lo tanto, no mereces recibir la ayuda. Si han matado a tus vecinos a machetazos y tienes miedo de volver, no es suficiente, entras al campo pero comes polvo y nubes, va, dale, hazte un corte en el muslo o algo, no jodas, ni mamas ni lloras, tristonas historias del sobrevivir.

Estoy empeñado en entrar, me hablan de esconderme en un camión, y yo les hablo de ir con mi bici feliz y tonta hasta la puerta, ver que me dicen, y explicarles que solo quiero jugar un poco. Mis opciones, una entre un millón, son suficiente motivo para intentarlo. ¿Cuáles son sus opciones? ¿Qué puede pasar? ¿Pueden estar los guardias de mala hostia? ¿O esnifados de pegamento? ¿Pueden tener ordenes de detener a quien se quiera colar, lo que incluye un pack de hostias en calabozo y un avión deportador a Bangkok?

Iluso. Veo muy fino el pretexto. Quiero jugar al fútbol con la gente de Sittwe. Pero la gente de Sittwe no puede estar junta. Les/se han separado. Yo quiero jugar con todos los que quieran jugar. Estoy en su pueblo. Pero ellos no pueden salir a verme. Yo no puedo entrar a verles. Aunque queremos jugar juntos y somos supuestamente libres de hacerlo, en realidad, no lo somos. ¿Quién cometió el pecado? ¿Quién merece aquí ser privado de libertad? Ninguno, pero no se puede.

Salgo a la calle, quiero medir la temperatura, medir mis piernas[3] y dejar que el viento decida si lo intento. Suenan tambores, pasan autobuses, carromatos, tractores urbanos, suenan oraciones en los altavoces y parece que el cielo se va a caer si no sube la tierra primero.

Miro a mi alrededor, sonrío a quienes me miran sin sonreír. Asocian extranjero con ONG, y ONG con ayudar a los musulmanes, y musulmanes con cosa mala, ¿qué dirán?, y encima mi barba poblada, mi rollo Valle-Inclán; la gente se pone a gritar a mi paso, frenética, parece que me increpan, flipo, me asusto, me divierto, me vuelvo a asustar, todos llaman a alguien que no sé quién es pero está a mi espalda, sus expresiones son de “Get the fuck out of here![4]” y al girarme, ¡olé! Tengo un nuevo kalashnikov en mi cara “cauenlaleche, que manía con apuntar, chacho, baja eso que vamos a llorar”.

He pasado la línea de Mingalar U, el barrio musulmán donde aún quedan algunas familias hacinadas, con sus negocios chicos, sin poder salir, tampoco quieren, les lincharían. Lo que se llama economía de obligada base local, mucho trueque, vías comerciales de aquí a la esquina, mucho malvivir. No he visto el control, no he visto la valla, no he visto los sacos de trinchera, ni el alambre de espino enrollado alrededor de mi cuerpo. No hablan inglés, y no pretenden explicar nada. Mientras pregunto “why?” y giro la bici, se agolpa la gente para ver al extranjero que ha intentado colarse en una zona restringida. Me río por fuera, lloro por dentro.

Hoy llega el líder U Wirathu a la ciudad, y todos van al aeropuerto a recibirle. Esos son los tambores que escuchaba, llega el menos pacificador, y eso se celebra.

Hipótesis: mi barba de Jomeini y mi piel de Cantabria rondan la zona para intentar entrar en el campo musulmán, que rondaran, y me echan, que me echaran, y se acercan los curiosos, que se acercaran, mientras el monje predica la necesidad de atacar para defenderse, que predicara, y la gente está excitada y sintiéndose un solo ser que arrasa, que lo estará, que arrasará.

Hoy juego solo, doy toques enfrente de balizas, con la pena de este mundo tan poblado de niños listos y tan decidido por adultos tontos.

Mañana vuelvo al ataúd, 42 horas de autobús y controles, que me ulceran el pensamiento, voy por la zona de guerrilla y eso me hacen sentir más tonto que loco, me tentaron con aviones pero escurrí el bulto, será que ya está, será que ya me hecho un tonto adulto.




[1] Líder del movimiento budista radical 969 que promueve la expulsión de musulmanes en tierras birmanas. Más antecedentes en post previo: Juegos de fuego y machete reto 1
[2] Coincidencia o necesidad humana, semanas después de mi paso por la zona, la maravillosa sección ´Desalambre´ de Eldiario.es publicaba más de lo no-mismo.
[3] El campo de refugiados de Basara está cerca del aeropuerto y yo sigo con la tripa suelta de Lineker
[4] ¡Vete de una jodida vez!



2 comentarios:

  1. Tanta gente jugando al fútbol y a lo que sea a un lado o a otro de alambradas... Tanta gente seguramente levantando la vista del juego en algún momento para mirar lo que hay otro lado...
    Tanta gente sin saber que existen esas alambradas, porque están lejos...

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  2. Carlos Vera Burbano11 de julio de 2014, 15:27

    Poned más dibujos como esos del principio.

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