viernes, 8 de agosto de 2014

DESCORCHING

De Vietnam a Santander jugando al fútbol
Un cooperante cántabro inicia un recorrido por medio mundo, a pata, con espíritu solidario y con un balón debajo del brazo
DAVID REMARTÍNEZ | SANTANDER


Ricardo Fernández, a la derecha, con su compañero de viaje Alberto Huertas en una portería en mitad de la selva. / R. F.

La película 'La gran belleza' arranca con esta cita del escritor francés Céline: “Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia”. El santanderino Ricardo Fernández Algora, 32 años, cooperante, lleva de viaje desde hace cuatro meses, en un trayecto fantástico que ha de llevarle desde Vietnam a Cantabria y que parte de un ensueño: jugar al balón por las calles de medio mundo como símbolo de fraternidad. “Sentí que ir con un balón bajo el brazo sería una gran excusa para construir el camino, jugando pachangas en cada pueblito que visito. De esta forma consigo mayor receptividad por parte de mis huéspedes y también de los lectores y lectoras, y además me divierto divirtiendo. Así nació distritopachanga.com”, cuenta Ricardo, antiguo estudiante del Colegio Castroverde que hoy habla inglés, francés y vietnamita.


Distritopachanga.com es la crónica seriada de ese viaje chiflado, que realiza en compañía de Alberto Huertas (segoviano y también cooperante), y donde alterna solidaridad, exploración y relato multimedia. Tras ocho años trabajando para varias ONG en Sudamérica y Asia, el santanderino decidió subir su apuesta con una aventura personal: regresar a España desde Vietnam por el camino más largo posible. “Quería mostrar un poco de mundo, contar la belleza de lo diferente y despertar inquietudes en tanta y tanta gente aislada en el etnocentrismo de lo cotidiano. También quería dar alas a mi literatura, porque me gusta escribir. Y, por último, quería hacer activismo social contando historias de opresión, de discriminación, de conflictos olvidados e historias camufladas”. Todo, hilvanado con partidos callejeros organizados en cualquier rincón, en un descampado o bajo un templo. Fútbol imaginado e improvisado.


La ruta que han planificado sobre el mapa quita el hipo: “Cruzar el sudeste asiático hacia el oeste (Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Birmania, India, Bután, Nepal), subir en escorzo hacia el norte (Tíbet, China, Corea, Mongolia, Rusia), volver a la vieja Europa (tren transiberiano, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Macedonia, Bulgaria), hacer un looping, si quedan fuerzas, balones y botas (Turquía, Irán, Turkmenistán, Kyryigistan, Kazajistán), y retornar a Cantabria con la cabeza sobre los hombros y los pies llenos de callos (Azerbaiyán, Georgia, Chipre, Rumania, Eslovenia, Austria, Alemania, Italia, Holanda, Francia)”. Partieron en abril, y llegado julio ya andan “en la estepa mongola, luchando con los rusos para que nos den un visado”.


Por si fuera poco reto, quieren recorrer semejante itinerario sin subirse a un avión. “Al viajar por tierra no me pierdo nada. Ver la transición de una zona a otra te permite entender mucho más de nuestras diferencias y similitudes como humanos”, dice el cántabro. También piensa que el avión es el medio de locomoción más contaminante que existe, y por si le faltasen argumentos para preferir la zapatilla, confiesa que “todavía me dan 'yuyu' los despegues y las turbulencias”.



Estrés y vivencias
Así que viajan “a pata”, y también a pelo, con el dinero ahorrado, buscándose la vida en cada país: “Desde fuera uno me escucha y piensa: 'Qué envidia, tantas horas para estar tranquilo y sin obligaciones'. En realidad el viaje, por defecto, es una agonía y un estrés. Al llegar a un sitio, lo primero es activar la búsqueda para salir. Esto incluye visas, transportes baratos, informarse de cuál es la mejor ruta. mantener el contacto con la familia, buscar campos de fútbol y callejones de juego, documentarse, entrevistar gente, filtrar fotos, editar vídeos...”. Básicamente, un trabajo a tiempo completo: “Realmente no son tantos los ratos para sentarse en el pico de una montaña y disfrutar de la puesta de sol. Pero es verdad que cuando eso sucede, se para el mundo y recargas fuerzas”.

Por supuesto, la lista de vivencias acumulada, esa retahíla de “hombres, animales, ciudades y cosas” que refiere Céline, convierte las fatigas en anécdotas: “En la India tuve una reacción alérgica fuerte en Arambol, un pueblo costero sin ambulatorio. Recurrí a un medico homeópata y el remedio fue peor que la enfermedad: acabé a las 4 de la mañana con el cuerpo lleno de ronchas, y conduciendo una moto hacia el hospital más cercano, mientras jaurías de perros callejeros nos perseguían y saltaban a morder. Eso es pánico real y no el hollywoodiense”.


En Birmania removieron Roma con Santiago hasta encontrar un grupo de monjes budistas dispuestos “a echar un rondo con el balón en su templo”. El ascenso al macizo del Annapurna, en el Himalaya nepalí, “fue algo extraordinario, lleno de paz, de esfuerzo, y de yaks amenazándonos con sus cuernos y su mala leche”. Sin embargo, “a nivel humano, convivir con las victimas del desastre químico de Dow Chemical en la ciudad india de Bophal fue algo muy emotivo, escalofriante y tierno a la vez, que no creo que pueda olvidar”.


Aunque Ricardo y Alberto son pareja de camino, otros amigos les respaldan desde distintos bases: “Alex Cerrudo, de la editorial Lengua de Trapo, nos ayuda con la edición de los contenidos y el diseño de la web. Alberto Martín, desde Segovia, nos ayuda en la difusión de la web por las redes sociales. También mi compadre Tuan, desde Vietnam, experto en informática. Y Carlos Vera, con sus ilustraciones desde China”.


El equipo ha cuajado tan bien, que el santanderino incluso especula con una segunda aparte: “Si despierta el interés de la gente, entonces podríamos pensar en patrocinadores serios que respeten la idea y en otras rutas”, dice. Pero, mientras imagina ese otro viaje, vive el actual: “Esta completamente prohibido pensar en el futuro, la vuelta, los currículos, los másters, el Inem o las hipotecas. Ahora Ricardo es hoy, es distrito pachanga, y ya”.

http://www.eldiariomontanes.es/sociedad/201407/25/vietnam-santander-jugando-futbol-20140725204551.html


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