martes, 29 de julio de 2014

ATRAPADOS


Moreh sereno, en calma, en discordia y sospecha.

He aparcado el macuto en el hotelucho (disculpas) Sangay. Un pasillo sin luz y un único empleado, el dueño, don Tarsim, que trata de afianzarse en la plaza mientras ahorra dinero para arrancar su sueño, el comercio de gemas preciosas entre Birmania e India.

Tarsim es manipuri, con las manos en la masa hacemos migas, y mecidos por una botella de whisky tan escasa de sabor como sus 60 céntimos de precio; abre su saco de los anhelos y nos cuenta la opresión que vive su pueblo.

Manipur no quiere India, e India lo sabe. Las milicias planean desde las colinas el siguiente paso en su lucha armada. Tarsim pagó impuesto revolucionario hasta hace ocho meses, ahora cree que es conveniente salirse de la lista negra, con la esperanza de que los indios regentes le permitan conectarse a la red de agua, obtener la licencia de alojamiento, y en un futuro poder traer a su mujer y su hijo, que aún viven en la cercana ciudad de Imphal a la espera de que las cosas se calmen.

Mañana llega un parlamentario indio desde Nueva Delhi. Con sinceridad indestructible, nos revela que viene a una reunión, no de trabajo, sino de negocios. Estamos en la zona de más movimiento de narcóticos de Asia. El opio sale del estado de Shan en Birmania, pasa por laboratorios rurales en el sur de China para ser sintetizado, y llega a tierra indica para su venta. El parlamentario copa una buena parte del mercado y debe cerrar los acuerdos. Corrupción privada, gestión drogadicta, ya sabíamos de esto cuando la CIA entro en Laos, Colombia o Nicaragua.

Las carreteras serán cortadas para evitar emboscadas de fuego cruzado. No se sabe si vendrá en helicóptero o en coche blindado, pero es seguro que nosotros, extranjeros sin permiso, no podremos salir del lugar.

Tarsim recibe mensajes y revisa constantemente su móvil. A nosotros, tan occidentales y pardillos, nos parece increíble la naturalización del conflicto. Sabe que se prepara algo, no cuenta si es una bomba, una granada o simples protestas. Su boca calla, sus ojos braman con la fuerza de un megáfono.

Años de educación social contraterrorista moldearon mi mente antiviolenta. Hoy, sumergido en el seno de la acción, pienso cómo hubiera sido mi percepción del conflicto vasco, la doctrina Parot y el Pacto de Estella, si hubiera crecido en ikastolas defensoras de la lucha armada por una independencia robada. Nunca deben morir inocentes y nunca hay suficientemente culpables, pero hoy puedo comprender la desesperación de quienes ven robada su libertad.

Para entender hay que atreverse. Dice aún Tupac Yupanqui que «para el que mira sin ver, la tierra es tierra no más».

(duermo encerrado en esta celda sin rejas)

Gritos y súpergritos me despiertan temprano. Mi ventana da a un callejón basurero. Me dicen que no salga a la calle. Espero y aplico reojo, curiosidad del que prefiere encontrar que buscar. La calle esta poblada de ruedas en llamas. Los neumáticos arden y las piras de fuego dibujan un bosque de humo intranquilizador.

El ejercito indio ha interceptado las comunicaciones de los rebeldes manipuris y han detenido a varias personas a primera hora de la mañana.

Culpables de chatear, o de planear un atentado, la gente ha salido a la calle en protesta.

Disturbios y tanques de mala hostia congelando la respiración. Uno de los detenidos es puesto en libertad, eso calma las cosas y dice poco de los cargos de los que se le acusaba.

Las paredes estaban juntándose y decidimos amenizar la espera. Ahora que la frontera se abre, se espera que el número de turistas suba gradualmente. Tarsim es un sol, pero anda jodido de ideas, brazos y rayos. Para animar la fachada, montamos un letrero que tal vez le ayude, tal vez le arruine, tal vez le dure lo que tarda un monzón.

La tarde se calma, la carretera sigue cerrada, pero mis botas se calzan fugaces para pintar el primer chut de un guiri en estos terrenos baldíos de dios. Desde la azotea del hotel he visto un pedregal con porterías, cae el sol y su efecto horno de leña. Disfrazado de futbolista corro por el mercado hasta encontrar al balón, al juego y a su peña.

Sábanas de polvo hacen de mi piel su pijama, cada inhalación de aire deja mi garganta cual pimentera, todo granos y picor. Enfermo yo, sigo y me exijo, acompañado por Vincent, cincuentón francés que se quiere morir.

Juegan duro y el campo es eterno. No hay más resultado que la epiglotis de un cormorán tras el Prestige; exhalo y suena el polvo como peta-zetas en mi boca. 8-5 creo que fue.

Mañana, si todo fluye como el Ganges, salimos para Moirang, allá hay festival, allá hay combates, allá que espero encontrar la llave de una puerta para al fin escapar.





3 comentarios:

  1. Bien bello, bien real, que cosas compañero, nos regala la vida, y cuanto aprendemos de ellas.....

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  2. ahora os sigo valientes, aventureros, un abrazo fuerte y seguir en el aquí y ahora...

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  3. photo de lovely-planet: podrías hacer de modelo, Ricardo, para alumnos de artes plásticas en sus clases de escultura griega/romana (fotos cuando estas de pie jugando (o mirando la bola) ya no) :D

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