martes, 10 de junio de 2014

PATADAS DE MADRUGADA



…tras libérrimo tren Mawlanyine-Yangón.

Todavía se ve la luna, porosa de azul, ese efecto crayón cuando de parvulario rayabas con la tijera una capa negra de ceras manley que habías superpuesto previamente al pantone multicolor. Es Yangón, la reina, la capital que nunca se despeina.

Calles picadas por represión y revuelta, hecatombe de bueyes tísicos, como taladros hidráulicos, no queda una baldosa sana en estas avenidas. Apesta a rabona nocturna, cola de vaca en la clandestinidad de callejones sin salida para los sueños.

Buscapachanga: Un pálpito y una suerte de carrera hasta Yangón downtown, extrarradio norte. No podía fallar, como jugar a las docenas en el Casino, antes o un poquito menos antes, que aún no es después, suena un patadón hueco a la olla.

Encuentro el pasadizo de las pachangas, sangre sudada, sudor aceitoso, pies erosionados por asfalto punzante, es noche cerrada, visores infrarrojos, si la bola sube a la acera es saque de banda con la mano, no córner, ¡jamás!, ¿me oyes?, ¡jamás! Porterías de jardín, 3 balones de ancho por 2 de alto, puramente skills, son RatónPardeza y VaqueroSabas yéndose de gin-toxics en noche de domingo, reventando el despertador con el empeine y la rosca de las predator.

La pagoda Sule en preferencia sur, suertes de Big-Ben londinense y Obelisco parisino made-in-China en tribuna oeste; el correcalles jadea, gime y sobretodo esprinta sin recular, toda la chicha de una, no dosifiques, no andes mirando, el descontrol tiene un caos lógico, ordenado cual decumano romano de norte a sur, en base a la calidad de la bola, a la habilidad de tropa casi proporcional a sus edades, y finalmente al grado de beligerancia, por supuesto, in crescento, son las 11 de la noche y el futbolín es fiebre, a 39 grados, es sentimiento.

En la primera zona de juego mucho descontrol y salto de tapia, supera la verja, recoge y recomienza. Nadie quiere saber el resultado.

La segunda es mixta, buenos y malos, cremas y mantas, poca playera y mucha chancla, más longyis[2] que pantacas. Esférico a la alcantarilla, y sacrosanto despliegue de medios, losas arriba, toda la calle al descubierto, olas de aguas grises, snorkel urbano siguiendo el rastro de la bola perdida, dicen: «¡Aparece!», y apareció. Límpiate manos en pernera y chuta con rabia, actitud farruca, defensa en zona y al hombre, y al hombro, presión en la salida del contrario, a fuego, violando cogotes, un bloque coordinado, organismo único como el primer Barça del primer Pep de la primera vuelta, no hay oxigeno, YayasTourés everywhere, piernas son pseudópodos de izquierda a derecha, no hay quien avance. Estoy en el borde y sueño con una cámara hiperbárica.

Paso al tercer bancal de maniobras, mucho robo con empeine exterior, bloqueo titoHierro-style, codo de escudo, llegas lanzado y sales rebotado haciendo un 360º.

Anciana Rangún de sus amores, mis temblores, mis tobillos salpicados por tabaco masticado, lapos de brea, buenas noches y muchas gracias.

Yangón es calle, es la calle y sus circunstancias.

SúperYangón, para mí, esta cochambre ya es una heroína. Llegué nocturno, 40 minutos de macutazo militar dejaron mi hombro en cinta de regalo para cirujano desvelado. Salí del motel en eses[1], piti traducido en vahído y en mi mente solo 3 verdades: huele agrio, no hay una puta farola, y las dos anteriores no son exageraciones, al menos hoy, ahí, y así.

FAKE-BUT-REAL: ARSENAL-MADRID[3]

Calle queriendo estar despejada. Busco a Amenabar rodando «Abre los ojos», no es para tanto, pero sí para algo. Uniformados perfectos, al salir de casa se han comprobado los granos y el flequillo en el espejo del ascensor, la mitad de rojo, gunner, Arsenal venido a menos. Enfrente, atacando portería que hace esquina con Strand Road y Shwedagon Avenue, seis del Madrid en liza, cuya camisola blanca tornose marfil pese al vis a vis con la lejía.

Por primera vez el balón es empíricamente esférico, tras el bote sale hacia donde debe, y suena melódico, fino, como la Primavera de Vivaldi, aunque aquí en Yangón es verano, y las partículas suspendidas se rompen a codazos tratando de aproximarse a los aspersores que riegan el parque aledaño, sí, aledaño tenía que ser, porque esta calle se ha convertido ya en estadio.

Mientras todos me saludan, y ríen cuando les miento que soy más de Madrid que la Virgen de la Paloma, el extremo diestro, clavadito a Reyes[4], otro que quiere ser interior pero nació ala, se indigna con mi book de fotos y videos, se siente estorbado por la bicicleta-árbitro, y me pide a malas formas que me aparte; me jode, pero respiro y le entiendo, yo en su día también lo haría.

8 años después, mismas semanas entre febrero y marzo, me encuentro un revival digno de «Mocedades Unplugged», Arsenal versus Madrid. Pachanga entre cláxones y tubos de escape, hay más tráfico que pases al hueco; freno de furgo, freno de fúrbol, y así repetidamente, a nadie parece molestarle el intercambio de golpes, tú pasas, y yo la paso.

OKUNOWO O LA EXPLÍCITA LEY DEL DESPROPÓSITO

Óvalo de rugby, a veces recto y otras curvo, así voy conquistando miserias y trazando kilómetros. Yangón acelera, abrasa su piel y sale humo de mi deltoides, pero lo vamos a conseguir. Cruzarse el mapa sin aviones tiene más tela que amortizar la organización de una Expo.

Myanmar es una celda supuesta donde todo se sospecha y nada se confirma.

Entrar por tierra, andando desde Tailandia, supuso cortocircuitos en las cabinas aduaneras, y un viaje de nueve horas non-stop a lomos de Belcebú hasta conectar con vías oficiales.

La salida se presenta a very-lot-of-hardcore. Mi opción menos ¿o más? siniestra es saltar desde la conflictiva provincia de Chin hasta el estado de Manipur en India, pero algunas embajadas dicen en sus webs que risky business, que el paso esta restringido, pues están las tribus kuki a hostias con el gobierno central, yatusabe, yo pido soberanía, tú me das palo, algunos de mis yos te dan molotov, tú me desplazas, me haces desaparecer a mí o a mi familia, violas, expropias, me espías y me haces vivir con miedo, entonces dejo de pedir soberanía; pasan los años, me olvido de cómo era el miedo, y a la vuelta de la publicidad, seguimos jugando a la ruleta del infortunio geopolítico en Chechenia, Osetia del Sur, Mindanao, Tíbet, Sahara… y otras desdichas de la gula civilizadora.

Por ende, las primeras dos agencias en las que he preguntado esta mañana, ambas con cierto tufo gubernamental, se han exaltado mientras negaban con boca, ojos, manos y peronés, cualquier opción de saltar a India sin avión.

Dame una alternativa –que decía Figo a Gaspart.
Por China sí que puedes, pero con una visa de 24 horas para visita turística.
No me jodas.
Dime dónde y cuándo.
–No puede ser.

… Y me emplazan a la embajada de China. Pero es sábado y cierra, lógico, como sus maquilas textiles en Guangzhou (no), y rebusco, encuentro «Columbus Travel», me suena bien; surcando avenidas sin semáforos, el sol biocida me lleva al idilio con el desmayo, pero algo me dice que sí, que sí, que toca y vete; llego y me confirman que el puente con India esta abierto desde hace un mes llevo días sospechando que este país se abre más rápido de lo que sus habitantes perciben, así que esperaré al lunes para consultar el asunto en la embajada india.

Me monto en la bici[5] y esprinto, me como el curry con las manos, nada pica ya, pedaleo y entro al estadio nacional, esta cerrado, no hay partido hasta dentro de 15 días, putada relativa, me dejan entrar a la tribuna, me sigue un militar con una gorra del Valencia. «No pictures!», exclama, pero tronco, «WTF! Why problem?», pregunto. «Problem, problem!», reafirma. Ok, hago un par de fotos clandestinas y rulo, llego al People´s Park (Parque Popular), y pregunto al guardia si el resto de parques no son de la gente, se ríe, contesta «ma ti bu» (no-entiendo-una-mierder). Lo recorro y llego al final, donde una fuente con elefantes de falso jade echando turbia agua por las otrora vigorosas trompas me cierra el paso. Llega una chica cuyo estilista admira a Valerio Lazarov y me pide cinco dólares sin argumento, se me saltan las lágrimas, ¿Ahora? ¿A toro pasado? ¿Solo para acercarme diez metros a ver la fuente que ya estoy viendo? Ríete vos, políticas de reactivación comercial en el aeropuerto de Castellón.

Giro, doy media vuelta, bajo del sillín, me siento en este cesped marchito entre parejas de asexual comportamiento y escribo esto. enfrente la pagoda Shwedagon, en el aire, mi próximo paso, dubitativo cual Okunowo en la salida de balón.

1. Marabunta de escobas sin recogedor dejan pagoda como chorro dorado. 2. Sección contactos de periódico local hace de vajilla Lladró, mientras desde la esquina del desamparo mi diccionario de birmano pide dosis de cariño. 3. Reciclaje infinito, sacos de tierra asfaltan aceras y otras cosas del querer.

[1] Yangón tiene la oferta hotelera de Las Hurdes, me quedo en Okinawa, ocho dólares, ¿mi cuarto?, colchón en pasillo, viajando a ras de suelo y sin perder nada de vista.
[2] Falda típica.
[3] La última vez que vi chocar a estos antagonistas fue en 2006, octavos de Champions. Henry puso el Bernabéu a veinte uñas y a Sergio Ramos mirando a Cuenca con aire lascivo y ganas de cigarrillo post-coito. En la vuelta Rulo tocó palo, pero poco que hacer ante el último Dennis, y un colosal Vieira de RodasCon dos ovarios, Wenger saco a Davor a la palestra tratando de ejemplarizar  acerca del reciclaje de dinosaurios. No fue muy injusto, aunque pudo ser de otra manera sin cambiar demasiado.
[4] Me recuerda a José Antonio, el gypsy king de Utrera, y me río medio solo recordando aquella anécdota de cuando viniendo a Santander con el Atleti, dijo que el Hotel Real era muy caro, y se quedó a dormir en el coche con toda la familia, madre, padre, la novia perfil Gandía Shore y el perro, todos en el parking de El Sardinero. Grande tú, José, que casualidad o no, también jugaste esa elimi con los cañoneros y acabaste dando la razón a Calderón, a Capello y al Hotel Real. 

[5] Leí con salero que un tiempo atrás cierto buga deluxe de cierto milico VIP fue embestido por cierta moto en Yangón; desde entonces y por berrinche cívico, están prohibidos los vehículos de dos ruedas en la ciudad –no en el resto del país. Eso, sumado a que todo kiski preguntado me ha negado la posibilidad de alquilar una bici, me hace no pensar mucho pero sí reaccionar. Le suelto:  «Oye, Su Toung U, no me irás a decir que no hay un lugar oscuro donde comprar una bici de segunda ma…». Se ríe y me lleva al susodicho búnker, negocio, tipo Orbea a 50 dólares, hago apaño, el birmano básico me esta sabiendo a gloria, útil como chancla de río, que cuesta ponerse pero protege bien los dedos, consigo alquilarla por menos-de-un-dólar/día y sin fianza, ¡viva el caos del socialismo desbordado!



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