martes, 20 de mayo de 2014

ANIÑADA LA VAINA



He pasado suficientes días en una granja sin deportes de equipo –excluyo dinámicas de grupo, aunque haya sudor y competi– y mi sistema inmunológico empieza a desafiarme con reumas de rótula y esguinces neuronales. Decidido, cojo zapas y bici en busca de una pista con alimento. Esta pachanga es fruto de la ansiedad, no es ningún elixir antropológico de la diversidad balompédica por rastrear.

Aquí, al norte de Tailandia, la gente no hace turismo, se lo hacen. Se monta en un rail y cruza sus manos tras la nuca. Carteles de agencias y tours evrigüer, ¿Quieres convertirte en un autentico domador de elefantes? ¿Quieres sentirte como un mono gibón cruzando bosques en una tirolina atada a las copas de los arboles? Packs multiaventura para joneimúns “oh baby, let´s get wild!”, excepto el día pagoda-templo, la inevitable jornada cultureta de todo viaje, en la que tratas de amortizar la lonelyplanet y saborear el rato de descanso: silla, sombra, algo frío, compruebing of quemeitid shoulders y no pasa nada, mañana mas.

De ese berenjenal ando salido, aunque lo observo desde el sillín. Enfrascado en un curso de masajista que llevaba tiempo ansiando, stand-by-izo mi ruta un par de semanas, tratando de organizar, bien no pero sí mejor, todos los permisos, mapas, ideas y cargadores.

Chiang Mai es cartón piedra, es cuco, es charming, es fácil y aniñado, se deja hacer, peor aún, te hace a ti, pero finge bien y consigue que sientas sostener el mango de su sartén. Pedaleo al son del walkman, salto a Chiang Rai, me busca y me encuentra, street food e higiene pa que te quiero, ¿Te quiero? Como la histriónica black house una tarde de febrero.

Chiang Mai. Baile I.
“Le clavé los tacos porque era mío”

Era sábado y alguien debía haber. Cancha de césped sintético, c´est la classe, aquí el municipio sí cuida a sus chavales. Son cienes de miles de adolescentes y algún que otro I'm-sorry-pero-ya-no-eres-joven-cómo-para-disfrazarte-de-tu-idolo peloteando, puro calentar. Levanto el dedo índice para proponer mi inclusión en el 7 inicial, sonrisa, ¿Santander? ¿No os suena? Ok. ¡Barcelona! ¿Sí? Balón tosco, excesivamente inflado, mikasa-like pero sin el grip que le caracteriza; me meto de playmaker y hacemos tres buenas mangas, para mantenernos reyes de la pista. Van cayendo víctimas mientras impongo mi estatura en los corners –pa peinarla no más, nunca fui BamBam– y con injusta inercia rascamos un 1-0 en el cuarto partido para seguir en el trono sin justificación, lo que me recuerda a la monarquía parlamentaria, pero no tengo a quien decírselo.

Lo pasamos bien, juegan duro y aplican técnicas violador-en-subway metiendo cebolleta en cada marcaje personal. Esto no me apasiona, pero reconozco que un poco de cariño nunca le sobra al llanero solitario. Cuando un equipo va perdiendo, aquí o allá, comienzan los zambombazos, el intento sin fe, la colgada a una olla sin ingredientes que cocer y como profecía Ranieri. Nos gustamos en las contras, abriendo a banda y buscando el centro picado para volea o torpedo en plancha.

Sudo mimetizado, soy maquina de vapor, mosquitos vienen con cara seductora pidiendo cita con mis zonas más calientes, me dejan los codos interiores como la Capadocia, bebo, no pago, choco manos, y emplazo al próximo sábado. Pachanga en Chiang Mai, pasen y prueben, escapando de los tours, los daikiris y los sevenileven (7/11).


Correcalles lunático, hay fuera de banda en campo estrecho, pero no hay corners, lo que me traslada a las canchas ecuatorianas y sus relajados despejes a portería propia. Chavalada, un amor, tiran de punterazo y al muñeco, pero con tanta risa que no hay dolor.


Chiang Rai. Baile II.
“La jaula”

El sol se hace el remolón para echar un ojo a la luna que sale pronto y corta de falda creciente. Ayer vi una pista muy cruda, modelo jaula, y por lo difuso de las rayas de banda yo diría multiusos, donde el área es la zona y los penales son tiros libres. ¿Las porterías? De casi jockey, lo cual asegura gambeteo, pisa-pisa, búsqueda de caño y tuya-mía.

El país anda en parálisis craneal. Los camisas rojas se han opuesto a la celebración de elecciones, acusándolas de fraudulentas, exigen la dimisión en pleno del gobierno, argumentando que la presidenta es mero teleñeco, cuyo ventrílocuo José Luis Moreno sería su hermano, el ex-presidente, ahora exiliado tras ser imputado, juzgado y sentenciado por tejer finos negocios corruptos con empresas de aquí y de allá. La semana pasada se celebró la primera vuelta y los opositores bloquearon cientos de colegios electorales. En Bangkok las principales avenidas son un mundo de manifestantes, pacíficos y violentos; el poético dúo fratricida policía+ejército ya ha robado varias vidas en la capital, mientras Chiang Rai, camisa amarilla[1], sale a la calle cada tarde para pedir respeto por la democracia (no es un chiste –bueno sí, pero malo–) e instalar stands copados de calendarios y pegatas de la presidenta, muy LaPreysler ella.

Me río sin sonrisa imaginando a Mayor Oreja o Chaves haciendo su posado veraniego en Puerto Banús.

Acelero con la bici y no falla, 8 chavales entre los 14 y los 42 de media calientan fríamente. Saco mi performance gestual del bolsillo, y YoBusterKeaton soy aceptado pese al recelo de la heladera que nos mira escéptica desde la otra acera.

El Dennis Rodman de la clase, el abusón inevitable, el que te muerde el dedo cuando limitas la mordida al ofrecer bocata, el de precoz y obeso desarrollo, protege la bola con sus codos en mi nuez en el nombre de su alteza Don Fernando Carlos Redondo Neri, mientras los gemelos Derrick nos bailan al contraataque, me giro y compruebo que mi cancerbero se esta echando un piti, ¡ole!

Nueva modalidad, pruebo a jugar cámara en mano, grabing-while-playing, auenlahosti, suben revoluciones, me crezco a lo manco, como Beckenbauer con cabestrillo en México 70[2], y es evidente que no debí pisarla sobre gravilla porque en el reverso me tumban con zancadilla, de las de lo-siento-ha-sido-sin-querer-pero-lo-volvería-a-hacer, tailandés con camiseta falsa del Chelsea me hace un traje y me viste, la canon S110 a prueba de patadas, como el pueblo de Honduras, también resiste.

Juego con la cabeza en otro lado, Prosikito[3] en el Oviedo, así a ratitos, pienso en una cámara go-pro instalada rollo minero sobre mi latifundista frente. ¿Me la pillo? ¿Cómo y dónde? ¿Cuándo y cuanto? De momento, pared, la piso, triple bici, freno, y sale la de Robinho al Celta, acabando en chicho de bella factura.

Salgo pitando, con el marcador en contra y la frente a media altura.

Próxima estación Mae Sot-Myawaddy, jumping into Burma. ¿A pie? El futuro es una duda.




[1] El rey de Tailandia nació el 5 de diciembre del 27, un lunes, y los lunes son amarillos según el calendario-pantone de la que era Siam. Apoyar el limonero es apoyar al rey, pero no lo sistémico y parlamentario. Atomizada la mente, gobierno, oposición e insurgentes, genuflexionan abdomen por igual, nadie discute al rey, que calladito, pasivo y bastante-tengo-con-lo-mío, observa la jarana sin posicionarse, sin botswanear, sin ruido.
[2]  El káiser se cuajo “el partido del siglo” ante Italia con el brazo destroyed.
[3] ¿Debería el nombre de un muñeco, ebrio y degenerado, ir en mayúsculas?


2 comentarios:

  1. Queridos jipis,

    Ha sido llegar ustedes a Tailandia y liarse la de san quintin. ¿Casualidad? dúdolo.

    Andar con ojo y cuidarse mucho.

    Abrazos

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