jueves, 24 de abril de 2014

LA TERMITERA


Vietnam, ese mear contra el viento, ese país que son dos, sus nortes fríos, cerrados, cabrones y honestos, ni piden ni quitan, acaban regalando; y el sur, tropical de palo, simpatía y descojono ¿porque-sí? Ah, y ¿por-qué-no? Un país cohete, Asterix oriental, ni japos, ni chinacos, ni gabachos, ni yankis, ni la santísima trinidad, solo el oro verde pudo con él.

Ese país donde hay wifi free en todos, que son muchos, los cafés, y donde los abuelos pescan con caña desde la ventana en los meses de lluvia porque los mil lagos se desbordan y hacen estero con el agua de las quiero-ser-pero-no-lo-consigo alcantarillas.

El paradigma vietnamita, tras la apertura Doi Moi del 86, es un pantone del no-sense, una economía liberada como el Lute en condicional, quesíperoqueno, que privatizo las grandes empresas, telecos, mineras, transporte y nosecuál, pero se las paso a mi compai CésarAlierta-o-JuanVillalonga. Vuela, corre, no llegas, que sobre mejor que falte, nunca verás un plato vacío, dictadura de la abundancia aunque sea pan con margarina. En Vietnam nadie muere de hambre. Los del sur son máximos exportadores mundiales de arroz (2011), los del norte esperan que daddy-estado les traiga sacos en época de escasez. La fórmula del crecer funciona, todo en el país escala rápido y sin arnés, el inhumano PIB, la clase mediana, y la desigualdad entre los VIP y los empobrecidos.


La pachanga, como concepto universal, y como poseedor de órbita propia sobre la que giran muchos sueños frustrados de futbolistas reconvertidos a cajeros en Caja Duero o fresadores en la Renault, se supo imponer en el barrio más cosmopolita –el único de la capital vietnamien.

En lo social es comunista, vida de aldea, de jefe de tribu Abraracurcix, de tocar el tambor para congregar, de anotar peticiones de vecinos y pasarlas de nivel, de la tierra es de todos, comodatos a 99 años, no pases penurias, invierte en tu parcela, ya veremos si te expropio el próximo mes. Hay censura, hay informantes y trazos neolíticos. Hace pocos años ingresaban a disidentes y homos en cárceles o manicomios. Si la Asamblea Nacional confirma la sospecha, Vietnam se convertirá en el primer asiático que regula la unión entre personas del mismo sex. Puto caos del amor hermoso, ying-yang hecho país, ¿cómo no quererlo, no crees?

Loquito de atar, de lo mas bajo, bombardeado, napalmeado, zarandeado, tifoneado, sequiado, todolomalo-ado, y aun así, se levanta. Llegaba el Vietminh -malamente llamado Vietcong en los rambos y las apocalypsis nows del momento- a la ciudad de Saigón tras haberse crujido a MçNamara y compañía, y ese día andaba un teniente, sin tocar chepa a jorobado, esperando en el palacio de la revolución. Al entrar con la bandera victoriosa, dijo: «¡Hey! Llevo toda la mañana esperando para entregarles el poder», a lo que sus oídos oyeron de vuelta: «No, lo siento, pero no va a poder ser; no se puede dar lo que no se tiene» (¡fuck yeah!).

Ovarios de acero, sus mujeres, si quieren, cogen el mundo y lo hacen astillas, pero no quieren, porque un poco-mucho de doctrina sí que hay (lo pongo así en bajito para que los ciegos no me escuchen). Aun así, internet dice aquí paz y después gloria, y reconfecciona todo, ahora los líos del politburó son paparazzi en túnel de París, se habla más, hasta se manifiestan, es imparable, en el mundo entero, en Vietnam también.

No lo era hasta que lo fue. Fútbol es pasión, mucha PremierLig, mucha tele-de-cable, mucha cami de Lampard y Rooney, mucha pista improvisada. Encantado de jugar allá, en playa, sintetic, tierra o barro, un no parar. No sé que dirán los que me leen, pero hoy, hoy pongamos que hablo de Hoi An.

¿Y su fútbol? Estrategia termita, efecto ladilla o formación simple en línea hormiga, he oído de todo. ¿La realidad? El fútbol en Vietnam es una jodida matriz de Gauss, todo serio, en orden, tu aquí, él allí, ni te muevas florero, ni se te ocurra improvisar, y por supuesto, ¿Dónde cojones están los determinantes? 10, 15, 25 pases secuestrando manuales técnicos de alguna biblioteca en La Masía, pero al llegar al área, stress, trastorno bipolar, pamearynoechargota, se pierde el concepto, la forma y el objeto. ¿Resultado? Tiro acelerado, sin puntería ni precisión, gol es milagro, como pausa en este texto.

Este intento fallido de pizarra germana se repite pachanga tras pachanga, evrigüer, en el estadio de My Dinh, donde la selección se comió siete del Arsenal en modo colegueo, o en el parque Lenin, donde el bolche observa con paciencia la nula definición.

La maldición del fútbol del sudeste asio, proyectando la angustia vital, el serpenteo torpe del Mekong, el hambre para hoy y tifón para mañana.

Muchas mañanas, tardes y noches en territorio vietcong, esguinces bimensuales, y algunos rayos X, mareado en su rondo, nunca vi progresos en los metros finales.

La ligera liga local. Nos juntamos mas de once, mix guiri-vieti, y formamos «The Capitals», una escuadra con más pretensiones que realismo. Liga pseudopro, sin complejos ni etnocentrismos, a ver que pasa, primera jornada a domicilio.

Llegamos al campo y pienso en John Seymour, en papas, alfalfa y centeno, perfecto huerto 70x40, homestay de vacas y gallinas; pero hoy, en estos bancales, toca rodar bola. Los tobillos se pendulean en cada paso, bache, bunker, mina, aprieta labios, y esprinta muslos. Les bailamos entre falta no pitada y carga no-sé-si-legal, y con un mapamundi de tacos en el gemelo, ponemos el 0-1 en el ni-de-coña-electrónico. Extremo alemán de reprís modo Hassler pisa un hueco y sale con un tango en el tobillo. El único cambio disponible ofrece las garantías de un programa electoral.

Nos relajamos tras el descanso y cedemos el empate. Cambiamos el ritmo y caemos en el patadón clementino, jugando nuestras cartas por alto de genética escandinava. Su portero sale plancha arriba como Barthez a Ronnie en la final post macumba. Se calientan ánimos, demasiado, empujón cristi a pep, dedo a ojo tito, y otras cosas feas de ver. Toda la aldea rodea el estadio, destacando unos comediantes disfrazados de pumuki, que contonean sus pelucas al ritmo de los timbales. Gresca y tangana. El capitán, italiano tocayo amado de Turín, pide calma y avisa que una vez crucemos el umbral, nos van a coser a palos, piedras y latas llenas de Red Bull adulterado. Capeamos el temporal con más miedo que vergüenza, y salvamos los muebles pese a la insistencia del contraataque rival. Referee pita el final en el 70', lo flipo, lo celebro, recogemos y volvemos a Hanói.

Nunca dejes de sonreír en una hostil pachanga rural.


7 comentarios:

  1. Ric, pa cuando el primer chicho?
    Chilena o pegadita al palo?

    Enhorabuena al equipo, se os sigue

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  2. Lloooooorooooooo!!!!!! Emociónnnnn!!!!!!!

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  3. Buena frase de cierre, pero saca más tu queja clásica a los árbitros ;).

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  4. Mucho Exito en este nuevo proyecto! Sobre todo disfrútalo y vete pidiendo más grano niño....NoAndesMirando8q80

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  5. Ni te muevas florero.

    Bendiciones.

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  6. Hay un poco-nomucho de doctrina, hijo, te falta el adverbio de negación :)

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  7. sería: "¿un poco? no, no, ¡mucho! (does what u mean? troi oi em oi!)

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