lunes, 28 de abril de 2014

HMONG WORLD


Mu Cang Chai está en las nubes de Vietnam. El aire es helador, y los cerdos indígenas campan a sus anchas por los caminos de rocas y lodo. El rio diseña el valle con meandros imposibles entre miles de miles de terrazas de arroz. 

En Mu Cang Chai algo es distinto, en Mu Cang Chai viven los hmong.

Los hmong son una etnia, una tribu, una genética y una forma de hacer la vida. Nómadas por vocación, bajaron desde China y se esparcieron por la cordillera madre “Hoang Lien” en Vietnam, Laos, Tailandia y Myanmar. No entienden de mapas geopolíticos ni de jurisdicciones administrativas, su dirección postal es la montaña y sus referencias no son la calle principal ni la mediana a la entrada de la ciudad, sino el rio que atraviesa las nubes o el bosque que cruzar.

Sus rasgos mongoloides, sus ojos antracita, sus manos cuenco de callos, gigante el corazón.

Su fútbol es savage, ingenioso, asilvestrado, es caída y derrape, pela-rodillas, es “damalcohol-quel-aguoxigenada-noscuece”, no soples ¿pa qué?, esparadrapo como portería ante el Borussia, dura lo que tarda un grito de Ochaíta.

Aislados del porvenir, pastorean sus búfalos de agua, siembran-recogen su arroz. Su mirada es perdida, enfocada en más allá. No parece que escuchan ni comprenden, pero guardan infinito saber. Sin saber leer identifican un pájaro por su canto, y predicen con sus poros cuando va a llover[1]. Su suelo es de barro, el fuego de su hoguera nunca se puede apagar. Sus cerdos son la dote cuando el hijo se va a casar. Las mujeres hmong son todo poder. Escalan arboles con sus bebés al lomo, bajan al mercado, cosen y alimentan, buscan su espacio en la oscuridad.

A mitad de siglo XX había un rey hmong, el rey gato de los ojos rasgados. Los invasores franceses le ofrecieron un trato. Dame tu opio y yo te doy mi protección. Le construyeron un palacio en Ha Giang. Pasaron los años y el humo de las pipas al calar.


Ho Chi Minh diseñó un plan. Expulsar a los verdugos. Unir Vietnam y Laos, crear una única comuna en paz y libertad. El Vietminh comenzó a atacar. Tumbó franceses en Dien Bien Phu, y con ellos se rompió la opiácea cadena de valor. 

Pero USA pensó que antes que dejar vivir, mejor dejar matar. Amarillos desde el norte y pálidos+afroescudos en el sur, comenzó el juego de disparar. Una china en el zapato, sí, eran los hmong. Perfecto caballo de Troya para emboscar. Un plan.

Armas, todas; entrenamiento, también; y con los aviones vacíos descargados de bombas, ¡algo habrá que hacer! Inmune flow de opio hacia el oeste, la CIA bien sabe cómo hacer[2]. Los hmong cayeron en la trampa, no querían comunismo, tampoco new-deal y capital, pero sí soberanía, y pensaron que podía salir bien. Así se formo la guerrilla secreta de los hmong[3], comando yankee sin comunicado oficial.

USA abrió trocha y asfaltó un aeropuerto en la jungla laosiana, facilitando el bombardeo de la ruta Ho Chi Minh y cortando así el suministro de armas. Su líder, Vang Pao, llevó a su gente a la muerte sin querer. Exiliado en  California[4] trató durante años de promover nueva insurgencia. En 2011, 49 personas fueron tiroteadas por militares vietnamitas en la provincia de Dien Bien[5]. Su delito, levantarse y pedir soberanía para su pueblo, que no se siente vietnamita, porque nunca lo fue, aunque la ley así lo diga.

Acabada la guerra, el PPC de Vietnam guardó rencores. Los hmong son ciudadanos de segunda categoría. Empobrecidos y analfabetos. Hmong se pronuncia /mong/, que significa «culo» en vietnamí, culo provoca risas y vacile. Otras formas de discriminación.

El gobierno expropia sus tierras sin compasión. La casa y los animales son para las familias todo el valor. Mudarse supone empezar de cero, subir de nuevo la escalera, sin peldaños ni motor. Las políticas de ayuda del gobierno esconden trucos de ligera venganza y pesada opresión.

Le pregunté al jefe de la aldea si realmente habían quemado todo y no quedaba opio en la zona, tal y como habían reportado al gobierno provincial, me miro, dijo «si» y se río.

Los hmong siempre han cagado en el campo. El frío y la lluvia son soportables, pero no el contacto con la caca, que debe quedar lejos de la casa. Pavor al hedor. Los ancianos aun vinculan excrementos con espíritus malignos, con muerte y dolor. Los hombres y las mujeres no pueden hacer uso de un mismo baño, cuestión de digno amor al honor.

Le pregunté al jefe del distrito como repartían los subsidios[6] para que los hogares construyesen sus letrinas, si había más familias pobres sin letrina que dineros por entregar. Me miró y dijo: «también se aplican otros criterios, como los méritos en la comunidad». «Que tipo de méritos?», repregunté. «Los méritos hechos durante la guerra, por ejemplo», contestó. Casi ni me sorprendió.

No son comerciantes, se autoabastecen con garra y sudor. Tiran de trueque. Un vecino ayuda a construir la casa, y no ahora, sino cuando lo necesite, recibirá unos patos que comer, o la mano de la hija para asegurar compañía al envejecer. Nunca contraen deudas ni compran a crédito en las tiendas de los Kinh[7].

Lo normal es que solo el primer hijo varón vaya a la escuela. Los demás deben ayudar a cultivar, cuidar de los más pequeños y prepararse para la vida real.

Las mujeres hmong tienen menos acceso a estudiar, a hablar, a jugar, a politiquear, a beber y a reír, a cantar y a bailar. Sin embargo, el machismo patriarcal es menos acentuado que en el resto de etnias en Vietnam. Los hombres también plantan el arroz, también cargan a los bebes en sus espaldas y alimentan a los animales. Curioso revés humano, aislados y asociales, son ejemplo al repartirse las tareas del hogar. Por supuesto y por llorar, muchos maridos borrachos pegan a sus mujeres sin que polis o vecinos puedan rechistar.

Las mujeres hmong dan a luz en casa, porque no conciben que un médico Kinh las atienda los bajos pudientes.

Mi querido doctor Thanh cuenta divertido, tras más de 20 años viviendo en Mu Cang Chai, cómo explicaba allá por el 94 la necesidad de usar preservativo para controlar la población[8]. La palabra pene –imaginen nuestro «polla»– es demasiado fuerte para el oído hmong, así que tirando de metáforas, usaban plátanos demostrativos en sus charlas educativas sobre prevención. 2 años mas tarde volvió a una de las aldeas para chequear la utilidad del programa, y cuenta que según llegó le salió al paso una señora alarmada recriminándole «¡Doctor, lo que usted dice no sirve! Mire, desde entonces he tenido tres hijos más –mellizos, se entiende– a pesar de que cada noche, cuando mi marido viene a la cama, yo cojo el racimo de plátanos colgado y les pongo el condón».

Así son, fuertes, únicos, amables –de poder ser amados–, los gatos, los hmong.

Unos decimos minorías étnicas, otros dicen grupos tribales –aunque algunas autoras[9] destierren este término y sea como sea, a mi me provocan mas interés, respeto y morbo que el video secreto de PedroJota con Luis Enrique y Amunike. Tras años de choque y abrazo cultural con los hmong en el norte de Vietnam, pensé que sería bello y joder-qué-profesional seguir la pista de sus gentes a lo largo de la cordillera que les vio nacer, emigrar y sobrevivir.

Ponme more hmongs!
En Laos la comunidad es activa, parece en expansión, aislamiento cultural, resistencia espiritual. Ojos de gato, opio en rama, en pipa, en cuchara de metal, opio cortado, opio fumado, opio pesado, vendido y cobrado.

En Tailandia visito el Hill Tribes Museum de Chiang Rai buscando alguna pista, y respondiendo a mis buff-que-pesao preguntas, obtengo unas coordenadas. Manta a la cabeza y testículos en riñonera, ruedo 400km al noreste del país en busca de una aldea donde prometen estar. Phu Chee Fah es el lugar; como siempre arriba, en el altillo, donde solo llegas subiéndote a la silla y haciendo balancín sobre dos de sus patas, donde las madres esconden los scalextrics para Reyes.

Pocos quedan y Levi's Strauss hizo estragos en su fondo de armario, mandando las rugosas telas de cáñamo a la cola del INEM; Coca Cola y su fuerza huracanada, cascada OMC, nada la para, motos más caras, casas de menos barro y más cemento, ¿tó guapas? Más duras, más sosas, más trendy aseadas.

La madame hmong que me da techo esta emocionasustada, pues una barba moisesca ha llegado soltando palabrería en su lengua; caldo de pollo criollo e historias viejas al ser contadas, nuevas a la escucha.

El cristianismo hmong esta arraigado como la separación de poderes en la Guinea de Obiang. Con calzador pese a las genuflexiones ante los misioneros, la horma es animista. Confían su fe a la tierra, el aire, el agua, las plantas y los animales, representados en maderos que custodian la entrada de cada aldea, ahuyentando así malos espíritus. Misma función cumple la placenta, que es enterrada bajo la casa al encender la luz de un nuevo hijo. Al morir, las cenizas del cuerpo incinerado son enterradas junto a su placenta, conteiner del alma, y las ropa portada nada más nacer. Su suelo es su escolta, por eso los desplazamientos forzados, arbitrarios y frecuentes como un buldócer en Cisjordania, son tanta jodienda. Antes de decidir en qué lugar construir el nuevo hogar, queman billetes invocando referéndum; si no pasa nada desgraciado, es que el universo ha dado su beneplácito.

Saliendo del hmong world, en la loneliness del trashumante, encuentro una aldea de la etnia akha. A la entrada de la villa hay un arco de madera con calaveras de ganado. Trabajan el opio con frescura, rollo Altadis, y a-más-gestos-que-palabras desentiendo que cuando una familia tiene gemelos es porque esta maldita, pues de qué sino podrían engendrar tan bárbaras gotas de agua. En esos casos la familia debe abandonar la aldea, o moverse a la zona más baja, para evitar que su usada agua llegué a contaminar las acequias de los demás.

En el colegio nos mandaban escribir redacciones en inglés sobre como sería el futuro (¡el 2000, S.O.S!), y pensábamos en coches voladores del profesor Doc. Hoy vemos que lo primitivo sigue, sigue en cada aldea aislada, en cada pelea de discoteca y en cada porra antidisturbio.



[2] The Politics of Heroin: CIA Complicity in the Global Drug Trade by Alfred W. McCoy
[3] Sin palabras, documental 15 kilates “The most secret place on earth” 
[4] Gran Torino, film de Clint, refleja el exilio de los hmong en USA.
[5] No space for the new in comercial BBC, la alternativa es AsiaNews
[6] 40 por familia registrada en la lista oficial de hogares pobres, aquellos cuyos ingresos mensuales son inferiores a 12 .
[7] Etnia mayoritaria (86%) en Vietnam, también denominada Viet.
[8] Pese a la ley central que prohíbe parir más de 2 hijos, los hmong siguen concibiendo como Casa Real, entendiendo que para la supervivencia de la estirpe no basta con un par.
[9] Aplauso a Itziar Ruiz-Giménez, quien desde el departamento de estudios africanos de la UAM y las aulas del IUDC-UC, y liderando AmnistiaInternacional, nos enseñó que tribu es etnocéntrica y fea, que el imaginario la copula con canibalismo, retraso, xenófobo Tintín en el Congo y otros motivos de buah buah.



1 comentario:

  1. brillantísimo. no puedo parar de leer, de aprender, de mirar y de chutar. sigan así, jóvenes. queremos todito, hasta la prórroga.

    ResponderEliminar

Dejanos saber qué gusta-disgusta, qué cambiar-mantener. Gracias.